Receta contra el insomnio

11 febrero 2010 en 9:00 am | Publicado en Uncategorized | 1 comentario
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Hoy, me decido a escribir para ti. Sí, no mires a los lados: estás sól@.

¿Sábes por qué hago esto? Porque sé -no me preguntes cómo- que hay noches en que la madrugada te tiene en vela: que el sudor frío hace salir de ti el calor que por ser vivo se te supone, y quedan solos los pensamientos, sin posibilidad de cobijo ni de sueño.

Sé también que te traiciona la confianza que en sociedad muestras: que el miedo se apodera de tu cabeza, y agarrota la voz y las lágrimas.

Me han dicho también qué pensamiento te roba el sueño: despiertas pensando que no pensarás; que no despertarás. Y, curiosamente, lo que te asusta es no saber si será mañana. No puedes dormir, sospechando que no has de amanecer. Y, una simple frase, una pregunta sin respuesta, de la que acaso te reíste, tumbado en el cesped, en compañía y calor del sol, martillea ahora el cerebro hasta hacer temblar la sien: ¿Y ya está? ¿La vida sólo era eso?

Duérmete: no es mi intención de que suspendas el examen de mañana -por cierto, te deseo suerte- pero párate un minuto a pensa: si me muero AHORA, ¿Qué podran decir de mi vida?

Sobre la falsa luz

8 enero 2010 en 12:12 pm | Publicado en Uncategorized | Deja un comentario
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En mi etapa adolescente se me daba bien pasar largas noches de insomnio, y adquirí el hábito de dejarme un cuaderno y un boli cerca para poder escribir sin tener que levantarme de la cama. De esa época salieron los textos más asquerosamente barrocos que se han escrito, además de que eran bastante malos (y eso comparado con mi nivel de ahora que ya es decir). Hará unos meses que hice la oportuna quema de existencias -daban hasta grima- y sólo salvé algunas poesías… Que resulta que ya están publicadas en mi viejo blog.

Os dejo con una, tristemente melancolica, aunque de final feliz. La luna es la tentación: la luz del Sol es Dios.

Recuerdo al escaso auditorio que contaba con 16 añitos.

(Aviso: poema escrito a las 4 de la madrugada)
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Noche sin luna.
Y yo…¿A dónde voy
sin luz nocturna?
Miento. Miento.
Si que hay luna
Pero yo la he obligado
a esconderse
a punta de cuchillo.
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Y ahora no veo nada
y grito a la luna,
para que alumbre.
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Ella se ha escondido
demasiado lejos,
siempre tan sumisa.
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¿Qué hago?
Pareció divertido
por momentos.
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Busco a tientas
la salida.
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¿Por qué no vuelves
luna?
Medito algarrobo:
¿Se habrá ido
para no volver?
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La mayor pérdida
de la humanidad
se ha consumado.
A manos de un infeliz
y pueril cerdo,
negro,
como la noche
que ha traido.
Sin luna.
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No es negro de
tostado.
No. Es negro de
ceniza,
que se esparce
por la boca,
colapsa la gargante;
provoca vómito.
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¿No acudes, luna,
en mi auxilio?
¿No ves que estoy
desvalido?
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Nada. El falso
silencio es su lenguaje.
Porque, aunque luna,
sigue siendo
noche;
oscura.
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Y entonces, abandonada
ya toda esperanza,
una luz blanca
y amarilla,
dulce e intensa,
envuelve la noche.
Llega el nuevo día.
Ya puedes irte,
luna.
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Buenas noches, noche.
Buenas lunas, luna.
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Aprecie el lector las claras referencias a poetas del 27 como Miguel Hernández , por ejemplo en el falso silencio de la luna (“Nada. ¿Tu elocuencia no es más que silencio, Dios de lo creado?”) Bueno, creo que cuando la compuse le vi muchas más cosas, pero ha pasado más de un mes, y ya no se las veo….

En el Aniversario de su muerte

4 enero 2010 en 8:30 am | Publicado en Uncategorized | 3 comentarios
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Albert Camus (1913-1960), fue la honradez exiliada y el humanismo amargo. Sin haber leido directamente mas que un cuento suyo (Los mudos, que pertenece a El exilio y el reino), creo que me ha influido notablemente, tanto por su honradez intelectual como por su apasionada defensa -y protección- de las ideas que le hicieron especial.

No he llegado a leer la que se dice que es su obra genuina (la editada postumamente por su hija, El primer hombre), pero sé que cuando lo haga me gustará: y mientras me he contentado con la apasionante lectura de su perfil escrito por Charles Möeller en Literatura del siglo XX y Cristianismo. Le llamaba “la honradez desesperada”.

Abc ha publicado un espectacular texto (reflexión) sobre el autor argelino-frances (no era de ninguno de los dos sitios), que a continuación vuelco para conocimiento de mis lectores:

Al filo del cincuentenario de su muerte accidental, la sombra majestuosa de Albert Camus (7 de noviembre de 1913-4 de enero de 1960) continúa creciendo y seduciéndonos, por las mismas razones que suscitaron la hostilidad agresiva de muchos de sus contemporáneos más influyentes, insensibles a las tragedias, tan actuales, que el más argelino y español de los escritores franceses fue el primero en afrontar con serena gallardía. Seguir leyendo…

Citas

17 diciembre 2009 en 10:32 am | Publicado en Uncategorized | 7 comentarios
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Me dicen que no escribo y es cierto. Pero no tengo mucho tiempo a la semana delante de un ordenador, y por eso se me retrasan las entradas. Pero he estado pensando: y una idea que me rondaba la cabeza últimamente era que para ser coherente con el nihilismo Nietzscheano era necesario negar la capacidad del ser humano para ser algo más que sus concupiscencias más bajas. Se lo iba a comentar a mi amigo nihilista, cuando veo que ha publicado en su blog toda una declaración de intenciones. El texto, aviso, como el propio Nietzsche, no tiene ni pies ni cabeza. Es lo que tiene ser un iluminado:

<<Dada en el día de la salvación, en el día primero del año uno (-el 30 de Septiembre de 1888 de la falsa cronología)

Guerra a muerte contra el vicio: el vicio es el cristianismo

Artículo primero.- Viciosa es toda especie de contranaturaleza. La especie más viciosa de hombre es el sacerdote: él enseña la contranaturaleza. Contra el sacerdote no se tienen razones, se tiene el presidio.

Artículo segundo.- Toda participación en un servicio divino es un atentado contra la moralidad pública. Se será más duro con los protestantes que con los católicos, más duro con los protestantes liberales que con los protestantes ortodoxos. Lo que hay de criminal en el ser cristiano crece en la medida en que uno se aproxima a la ciencia. El criminal de los criminales es, por consiguiente, el filósofo.

Artículo tercero.- El lugar maldito en que el cristianismo ha encovado sus huevos de basilisco será arrasado y, como lugar infame de la tierra, constituirá el terror de toda la posteridad. En él se criarán serpientes venenosas.

Artículo cuarto.- La predicación de la castidad es una incitación pública a la contranaturaleza. Todo desprecio de la vida sexual, toda impurificación de la misma con el concepto de <<impuro>> es el auténtico pecado contra el espíritu santo de la vida.

Artículo quinto.- Comer en la misma mesa con un sacerdote le hace quedar a uno expulsado: con ello uno se excomulga a sí mismo de la sociedad honesta. El sacerdote es nuestro chandala, – se lo proscribirá, se lo hará morir de hambre, se lo echará a toda especie de desierto.

Artículo sexto.- A la historia <<sagrada>> se la llamará con el nombre que se merece, historia maldita; las palabras <<Dios>>, <<salvador>>, <<redentor>>, <<santo>>, se las empleará como insultos, como marcas para los criminales.

Artículo séptimo.- El resto se sigue de aquí.

El Anticristo

Friedrich Nietzsche, un tipo muy religioso.

Hipólita, el accidente, el bien y el mal

22 noviembre 2009 en 8:08 pm | Publicado en Uncategorized | 3 comentarios
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Cuando iba a aparcar la furgoneta antes de dejar a los chavales en la residencia de la tercera edad, calculé mal el giro –porque el coche que tenía en la curva estaba algo mal aparcado, todo hay que decirlo –y le levanté la pintura al tratar de pasar a su lado.

Los chavales se quedaron callados, me apoyé con las dos manos en el volante, y maldije en voz alta a varias generaciones de fabricantes de furgonetas, antes de quitar la marcha y poner el freno de mano para examinar de cerca las consecuencias del incidente: mi coche estaba bastante bien, pero el otro tenía un buen raspón, y me iba a costar una pasta pagar el arreglo. Una pasta que no tengo.

Volví al asiento del conductor,  saqué mi carpeta con un bolígrafo y comencé a escribir mis señas de identidad para que el afectado pudiese ponerse en contacto conmigo. En esto, uno de los chavales que iban dentro de la furgoneta, asomó la cabeza dentro de la  cabina del conductor y me dijo: “¿Qué haces? ¡Corre, arranca, que vas a tener que pagarlo!

Le respondí una bordería de las buenas, del tipo “no siempre lo bueno es lo que te beneficia” y mientras dejaba el papel enganchado en el limpiaparabrisas fui reconfigurando una retahíla de prejuicios hacia los “niños de Papá”, y sus similitudes con el “niño” de Nietzsche.

*                             *                             *

Llegamos a la residencia, y fui colocando a los chavales con los diferentes ancianos: unos jugaban al parchís con Ángel (aunque suele decirles al principio que se llama Demonio, supongo que por hacerse el gracioso) otros se sentaron a hablar de fútbol con Gregorio, y otros dos se sentaron con una tabla de parchís, a conversar con Amalia y Segunda.

Hipólita tiene muchos años, la mirada perdida y la nariz sucia: el pelo gris le cae hacia los lados, y por sus rasgos finos deduje desde el primer día que fue en su tiempo una chica de buen ver. Ha tenido unos cuantos nietos, pero no vienen a verle con mucha frecuencia –también porque sus reacciones han dejado de ser previsibles –y conmigo había tenido ya algún encontronazo, por no querer aceptar que yo no era Juan Carlos, y que no sabía donde estaba Lucía. El día del encontronazo me avisaron de que era muy susceptible, y que se enfadaba con facilidad, pero al cabo de unos días me paró, y me cantó, girándose hacia una imagen que hay en la residencia, un himno de laudes a la Virgen del Pilar .Cuando le dije que me gustaba mucho la canción, y la dicha advocación de la Virgen, se emocionó tanto que no volvió a preguntarme si era su nieto, y me estuvo cubriendo de besos mientras lloraba durante veinte minutos.

Como yo ya me había reconciliado con ella y, en cambio, tenía un día pesimista con los chavales, le coloqué a uno para que hiciese un juego con ella, y me coloqué cerca para poder reaccionar si algo salía mal: no está bien devolver a un chaval al colegio con un trauma fuerte. Pero el chaval estuvo cariñoso, aclarando a Hipólita que no se llamaba Fernando, ni era su nieto, y yo me distraje un poco con Manuel, hasta que empezó a formarse un pequeño tumulto: para cuando me di cuenta, el chaval estaba llorando a moco tendido, el juego tirado en el suelo. Me acerqué a él y le pregunté discretamente si Hipólita se había puesto agresiva, y que si quería cambiar de sitio. Hipólita lloraba también amargamente, creo que más por ósmosis que por sentimiento, y era mucho más escandalosa que el chaval. Éste que, pongamos que se llamaba Fernando, se giró, y me dijo entrecortadamente: “No, no, si no me ha dicho nada, pero es que me da mucha pena…” Luego vino Belén, que es la que dirige ese centro y que, además de habilidades psicológicas, es mujer, con lo que es mucho más capaz de consolar que un servidor, y le dijo un par de corazonadas que calmaron al, a fin de cuentas, niño. Hipólita no dejó de llorar y de darle besos, y yo me arrepentí bastante de haber pensado tan mal de gente con tanta humanidad.

Por cierto, me llamaron el Lunes siguiente desde un fijo, y cuando descolgué se sucedió la siguiente conversación:

Sí, perdona, es que el otro día encontré un papel en mi coche con tu nombre y tu teléfono… Supongo que será para que no vuelva a aparcar allí, ¿Verdad?

No daba crédito, y como tal, le dije:

No… No, lo que pasa es que te di un golpe con mi coche.

Silencio. Por fin:

Ah, ¿Era eso? Vaya… Bueno, en realidad… No sé, en fin, gracias por llamar, pero… Bueno, habrás visto que el coche está un poco mal, y… En fin, que además estaba mal aparcado… Nada, no te preocupes y yo si te parece, me olvido del asunto…

No me podía creer mi suerte, porque el tipo no quería enfrentarse a semejante lío. No tenía seguro.

Después de la sequía

11 septiembre 2009 en 12:17 pm | Publicado en Uncategorized | 4 comentarios
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Llevo más de tres semanas sin publicar, y esto empezaba a ser vergonzante: no sé si cabrearé a Anarel al escribir esto, pero como he estado en un intensivo de filosofía durante los meses de Julio y Agosto, y ahora estoy dando las últimas pinceladas por mi cuenta, voy a tratar de sintetizar una idea que he estado madurando estos días. Si no me sale, lo lamento. Y si os ofende que me disculpe, pues ánimo.

La clave es que ayer recibí una clase magistral sobre la noción de libertad. Entramos en lo más profundo del siglo XX, con todas las influencias de Nietzsche y las peculiares ideas de Sartre, del tipo “o la libertad es absoluta o no es en absoluto“, que me dejaron pensando.

Nietzsche afirma (no demuestra, que es un punto importante) que la moral es un invento judeocristiano que sirve para controlar al fuerte, negándole la libertad , a modo de instrumento de protección y control de los débiles y resentidos.

A esto se une lo que tantas veces ha dicho Anarel: la moral es una invención humana, porque ninguna otra especie animal tiene un código moral.

Y aquí viene mi afirmación controvertida: La moral nos hace libres. Es más: es lo ÚNICO que puede hacernos libres. Y es por un motivo muy sencillo: a un león hambriento que se encuentre con un hombre herido, no le puedes decir: “En la tabla de la ley pone NO MATARÁS”. ¿Por qué? Porque sus instintos le mueven a actuar de una determinada manera. No tiene una conciencia de sí, y por tanto no es capaz de saber lo que le conviene a él, ni lo que sería bueno: el cuerpo le pide carne, y no se anda con remilgos de si al que se zampa es soltero o deja viuda y  cuatro churumbeles.

Y es curioso: mi profesor de filosofía lo decía de esta manera: “Ese es el fundamento de nuestra libertad: la prohibición moral existe precisamente porque podríamos llevarla a cabo: al último hombre sobre la tierra ese precepto no le afecta en absoluto“. En último extremo, no debo matar, porque matar destruye mi naturaleza: me convierte en asesino. Pero no debo matar porque puedo hacerlo.

La filosofía moderna y una gran porción de la contemporánea ha afirmado que eso es opinable, y que la ley moral es subjetiva. Y yo diré: en parte es cierto y en parte es mentira: es cierto que la decisión moral la toma cada uno con sus cadaunadas: y que si a ti no te parece algo bien, nadie te lo va a hacer creer bueno (aquí, comentó mi profesor el famoso “brindis por la conciencia“, que hizo el próximamente beato Cardenal Newman, “por encima del Papa”, reflexión que es eminentemente católica, por cierto.). Y sin embargo, también es cierto que puedes estar haciendo algo mal pensando que actuas bien, y también es cierto que hay ciertos actos que hacemos y que sabemos que no están bien (creo que todos reprobaríamos el pegar a nuestra madre: y sin embargo, quien crea que no le puede llegar a pasar, es que no se conoce, me temo.). Contra esto, Nietzsche dice: “si tu madre no es capaz de defenderse, que no te cuente las milongas de que no debes pegarla”.

Y mi conclusión, es la siguiente: la ventaja de la filosofía atea de los siglos XIX y XX es que ha sido terriblemente coherente: y si sus discípulos las llevan hasta el extremo (aquí hemos visto el caso de Nietzsche y de Sartre): sólo les queda: enloquecer, suicidarse, o reconocer la verdad del cristianismo. Por tanto, la incomprensión hacia la ética cristiana desde una perspectiva nihilista es fruto siempre de una exagerada abstracción del concepto de ética: en cuanto los motivos se vuelven personales, la ética personal se convierte en exigencia universal.

Y con esto tengo polémica para un mes.

La comunión de los santos.

25 agosto 2009 en 12:50 pm | Publicado en Uncategorized | 9 comentarios
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Esto no es una de esas entradas subidas y místicas. Es sólo una observación. Porque D. Enrique monasterio publicaba una entrada en la que pedía oraciones por una persona. Y la respuesta es esta:

Anónimo Anónimo dijo…
Cuente con mis oraciones de hoy,va por ell@.23 de agosto de 2009 7:24

Anónimo Anónimo dijo…
Por supuesto que me acordaré. No faltaría más. A mandar.23 de agosto de 2009 7:43

Anónimo Mariano y Cristina dijo…
Ni domingo, ni agosto, cuente ud. con nuestras oraciones.23 de agosto de 2009 8:28

Anónimo Anónimo dijo…
Yo me sumo a las oraciones, cuente con ellas.
Inma23 de agosto de 2009 9:12

Anónimo cristina v dijo…
Cuente con ello ,me acordaré en Misa, ahora mismo.23 de agosto de 2009 9:35

Anónimo verificator dijo…
Yo también me sumo a esas oraciones.23 de agosto de 2009 10:38

Blogger Cristalescrito dijo…
Holasoy ateo y sigo el blog hace unos meses

pero rezare por ella

un saludo

23 de agosto de 2009 10:40

Anónimo inés dijo…
Rezaremos.23 de agosto de 2009 11:25

Anónimo Anónimo dijo…
De acuerdo, d. Enrique, cuente con ello.23 de agosto de 2009 11:37

Anónimo Una de León dijo…
Cuente también con mis oraciones D. Enrique.23 de agosto de 2009 11:46

Blogger Paco Cabrera dijo…
Rezaré por ella con mi familia y también por usted.23 de agosto de 2009 11:49

Blogger Joseph Kabamba dijo…

Lo conseguiremos.23 de agosto de 2009 12:32

Anónimo Seguir leyendo…

¿Alguien puede dudar de que la intención se vaya a cumplir?

El Mundo y la Confesión

13 julio 2009 en 6:17 pm | Publicado en Uncategorized | 24 comentarios
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La imagen es un pelín monjil, pero me pareció bonita

La imagen es un pelín monjil, pero me pareció bonita

Ayer mis ojos tuvieron la mala fortuna de posarse sobre un reportaje de el mundo bajo título “En España no se confiesa ni Dios“. Aparte de que el título me pareció bastante irrespetuoso, luego lo fui leyendo y, pese a que no decía ninguna mentira, sí me desagradó el tono con el que lo contaron. Y es que el mundo tiene una cierta capacidad para hablar como quien está por encima del bien y del mal, de modo que puede aconsejar a cualquiera sin ser llamado a consultas, y es capaz de poner voz a los deseos de la ciudadanía universal.

Me chocó sin embargo la amarga confusión sobre el concepto de dogma en la Iglesia católica, lo que llevó a afirmar al periodista que el de la confesión era un sacramento destinado a desaparecer. Esta afirmación, controvertida de primeras, no tiene en cuenta que la Iglesia no se rige por mayorías de impresiones, precisamente por algo tan elemental como el sentido objetivo -y no subjetivo- de la trascendencia y de la salvación.

Pero no está en mi mano cambiar el mundo -o “El Mundo”-, de modo que pasaré a cambiarme a mí mismo: y como mañana me toca confesarme -lo hago cada siete días- hago el firme propósito de vivir la práctica del Sacramento de mejor modo, haciendo un mejor examen de conciencia, siendo más sincero, y procurando aumentar la contricción.

Es lo que está en mi mano.

La utopía de la reja

31 mayo 2009 en 7:50 pm | Publicado en Uncategorized | Deja un comentario
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Hace unas semanas tuvo lugar un evento en Ciudad Universitaria a favor de la 3ª República, con dos ponentes de excepción: Cayo Lara (coordinador de IU) y Julio Anguita (histórico del partido). Fue una convocatoria a la que, casi sin excepción, acudieron afiliados y simpatizantes de izquierda unida y de otros grupos aún más a la izquierda.

A la polarización del acto podríamos sacarle la misma “bipolarización” que vio un amigo mío, nacionalista y de izquierdas, en las banderas que acompañaron a los manifestantes contra el aborto, hace pocas semanas: si se pretende movilizar a la sociedad, no hay porque sacar a relucir lo que nos separa.

Julio Anguita, en un acto por la 3ª República

Julio Anguita, en un acto por la 3ª República

Pero no voy a hablar de eso hoy, porque Julio Anguita dijo en su intervención una frase a la que me he permitido sacarle punta, por supuesto impunemente: “No he conocido ninguna utopía irrealizable.

Pienso que la frase, que lo que venía a decir era que “si no sale es porque no le echamos c…”, también revelaba un segundo significado: todas las utopías son, en sentido estricto, realizables, porque son modos teóricos de organización social, que en el papel parecen beneficiosos para la sociedad en general, pero que precisan de cambios drásticos de configuración. Por tanto, el problema no es tanto que sea o no realizable, sino más bien, si sobre el papel se le encuentran errores que hagan desaconsejable su aplicación práctica. Y eso es, exactamente, lo que me parece que le ocurrió al marxismo en general.

Conste, antes de mi desglose, que admiro profundamente a todos los marxistas que conozco –ya sean trotskistas, leninistas, estalinistas o maoístas –porque  demuestran un compromiso con sus ideas que ha creado en ellos verdadera virtud. Virtud que ya desearíamos los cristianos muchas veces. Además, es bastante probable que mis conclusiones sean fruto de la ignorancia, pues no he leído nada marxista, ni a favor ni en contra. Convencido de que ocurrirá algo por el estilo, adelanto mis disculpas.

Cayo Lara

Cayo Lara

Pero a lo que iba. Julio Anguita habló en realidad de la utopía republicana, y contra ello no tengo nada, pues me considero republicano –aunque tengo que decir que no consta ésta entre las ideas por las que me jugaría el pellejo a día de hoy –. Yo  me quiero centrar más en la utopía comunista, porque me parece más interesante, y porque, pese a que el mundo le haya dado un poco la espalda, sigue teniendo bastante eco en la facultad de Ciencias de la Información de la Complutense, además de que aún mucha gente tiene una vinculación afectiva –aunque ya no ideológica o política –con el puño en alto y la Internacional.

Considero al marxismo como un buen diagnóstico y una mala solución. Era evidente la injusta situación del obrero industrial del siglo XIX; era necesaria una situación más justa. Y a Marx se le ocurrió la idea de la lucha.

No atacaré hoy la “lucha de clases”, porque ya ha sido combatida muchas veces. A quienes tengan interés por saber qué pienso sobre esto, recomiendo la lectura de “Rerum Novarum” del Papa León XIII, o de “Centésimus Annus”, de Juan Pablo II, del mismo modo que se puede echar mano de la teoría del “distribucionismo” inglés, creada por Robert Hugh Benson, Gilbert K. Chesterton, y otros intelectuales británicos. No deja de ser otra utopía.

Pero yo hoy quiero ceñirme –desde mi incultura –a lo que el marxismo llama problema del sistema capitalista. Los pocos videos antiglobalización que he visto en clase, o los manifiestos comunistas que he leído en mi facultad hablan siempre de la Empresa Privada y del empresario como quien habla de un corrupto sin precedentes, lo que me parece un planteamiento algo maniqueo; primero, porque ignora que es tan empresario el dueño de Mc Donnald’s como el zapatero de la esquina; y segundo, porque afirma implícitamente que frente al poder al hombre sólo le cabe corromperse.

Esta idea de la corrosión humana, propia de las culturas post luteranas como la alemana y las tierras centroeuropeas, es la que crea también la paradójica idea comunista de “naturalización” que vimos en clase de teoría de la información con motivo de un texto de Goffmann.  Pero esto es harina de otro costal. Haré una segunda parte otro día. De momento, aquí queda lo dicho.

El “Down” como síndrome

25 mayo 2009 en 7:38 pm | Publicado en Uncategorized | 2 comentarios
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Hoy hemos comentado en clase de teoría de la Comunicación una noticia de El País sobre Pablo Pineda, el famoso actor, primer licenciado down de Europa, según el texto.

Y la polémica ha surgido tras el primer testimonio: porque alguien ha llamado enfermedad al tal síndrome, y la profesora se ha acelerado a afirmar que no es tal, sino un síndrome concreto, fruto de una trisomía cromosómica en el par 21.

 Yo he pretendido aclarar el malentendido, basándome en mi experiencia: no en vano gozo del trato de un tío y un primo que padecen los efectos de este “síndrome”. He aclarado que, si bien no he consultado la OMS, las personas con síndrome de down suelen tener en común trastornos auditivos y de la vista, además de problemas de corazón, y otros tantos.

 La profesora ha añadido que desde luego que tenía razón, pero que no era apropiado llamar lo enfermedad, al igual que no debía llamar discapacitadas a las personas que sufren una discapacidad, sino que debía decirse que “tenían una discapacidad” (todo esto, según lo que entendí: no eran palabras textuales.).

Luego, comentando la noticia, ha afirmado que “el hecho de que la noticia recoja las declaraciones textuales de Pablo Pineda ayuda a que no despierte en nosotros el sentimiento reflejo de compasión”.

 Y mi conclusión es la clásica crítica a la sociedad posmoderna de nuestros días, que como no sabe muy bien lo que es el hombre, acude a lo básico: sus prestaciones. Y por tanto, establece la dignidad de la vida humana en las diferentes capacidades que cada individuo puede desarrollar. Es un planteamiento utilitarista de la vida humana que, a la larga, lleva a errores como los eternos eufemismos –de tarados, a minusválidos, pasando por discapacitados, y hasta que lleguemos a las “capacidades alternativas”- y, cuando la verdad se manifieste innegable, a la eugenesia.

 Quizá suene un poco fuerte, pero cada vez me parece más evidente. Cuando una sociedad se niega a llamar a las cosas por su nombre, algo muy malo se está cerniendo sobre ella. Y cuando la sociedad niega a sus individuos la compasión, el camino se hace más individual, pero también más arduo, y con menor posibilidad de éxito.

 Pienso que la verdad duele, pero cura. La mentira anula el sufrimiento, pero desangra.

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