Irán y los idealistas

11 octubre 2010 en 4:29 pm | Publicado en Islam, Oriente Medio | 4 comentarios
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El primer ministro Ahmadineyad

El tema de la situación de Irán en el mapa socio-político global lo he estudiado sin pausa desde que en 2º de carrera tuve que preparar una monografía sobre el tema de aproximadamente 120 páginas.

Pese a que me pusieron un sobresaliente, creo que nadie se había engañado: a los 19 años, ningún español puede redactar eso de su puño y letra: mi trabajo fue un trabajo de documentación y citas entre comillas -y otras sin comillas, para que mentir- con una conclusión personal a raíz de lo leído. Continue Reading Irán y los idealistas…

¡Atrévete a Pensar!

18 febrero 2010 en 9:00 am | Publicado en Uncategorized | Deja un comentario
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Prometo que esta foto no la preparé: iba por la calle y me la encontré. Por suerte llevaba el móvil conmigo. A la espera de acabar exámenes, os dejo para que penséis.

Citas

17 diciembre 2009 en 10:32 am | Publicado en Uncategorized | 7 comentarios
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Me dicen que no escribo y es cierto. Pero no tengo mucho tiempo a la semana delante de un ordenador, y por eso se me retrasan las entradas. Pero he estado pensando: y una idea que me rondaba la cabeza últimamente era que para ser coherente con el nihilismo Nietzscheano era necesario negar la capacidad del ser humano para ser algo más que sus concupiscencias más bajas. Se lo iba a comentar a mi amigo nihilista, cuando veo que ha publicado en su blog toda una declaración de intenciones. El texto, aviso, como el propio Nietzsche, no tiene ni pies ni cabeza. Es lo que tiene ser un iluminado:

<<Dada en el día de la salvación, en el día primero del año uno (-el 30 de Septiembre de 1888 de la falsa cronología)

Guerra a muerte contra el vicio: el vicio es el cristianismo

Artículo primero.- Viciosa es toda especie de contranaturaleza. La especie más viciosa de hombre es el sacerdote: él enseña la contranaturaleza. Contra el sacerdote no se tienen razones, se tiene el presidio.

Artículo segundo.- Toda participación en un servicio divino es un atentado contra la moralidad pública. Se será más duro con los protestantes que con los católicos, más duro con los protestantes liberales que con los protestantes ortodoxos. Lo que hay de criminal en el ser cristiano crece en la medida en que uno se aproxima a la ciencia. El criminal de los criminales es, por consiguiente, el filósofo.

Artículo tercero.- El lugar maldito en que el cristianismo ha encovado sus huevos de basilisco será arrasado y, como lugar infame de la tierra, constituirá el terror de toda la posteridad. En él se criarán serpientes venenosas.

Artículo cuarto.- La predicación de la castidad es una incitación pública a la contranaturaleza. Todo desprecio de la vida sexual, toda impurificación de la misma con el concepto de <<impuro>> es el auténtico pecado contra el espíritu santo de la vida.

Artículo quinto.- Comer en la misma mesa con un sacerdote le hace quedar a uno expulsado: con ello uno se excomulga a sí mismo de la sociedad honesta. El sacerdote es nuestro chandala, – se lo proscribirá, se lo hará morir de hambre, se lo echará a toda especie de desierto.

Artículo sexto.- A la historia <<sagrada>> se la llamará con el nombre que se merece, historia maldita; las palabras <<Dios>>, <<salvador>>, <<redentor>>, <<santo>>, se las empleará como insultos, como marcas para los criminales.

Artículo séptimo.- El resto se sigue de aquí.

El Anticristo

Friedrich Nietzsche, un tipo muy religioso.

Principios de la Propaganda de Goebbles. ¿Similitudes?

22 mayo 2009 en 5:56 pm | Publicado en Uncategorized | 7 comentarios
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  • Principio de simplificación y del enemigo único. Adoptar una única idea, un único Símbolo; Individualizar al adversario en un único enemigo.
  • Principio del método de contagio. Reunir diversos adversarios en una sola categoría o individuo; Los adversarios han de constituirse en suma individualizada.
  • Principio de la transposición. Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque. “Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan”.
  • Principio de la exageración y desfiguración. Convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza grave.
  • Principio de la vulgarización. “Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar”.
  • Principio de orquestación. “La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentadas una y otra vez desde diferentes perspectivas pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas”. De aquí viene también la famosa frase: “Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad”.
  • Principio de renovación. Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que cuando el adversario responda el público esté ya interesado en otra cosa. Las respuestas del adversario nunca han de poder contrarrestar el nivel creciente de acusaciones.
  • Principio de la verosimilitud. Construir argumentos a partir de fuentes diversas, a través de los llamados globos sondas o de informaciones fragmentarias.
  • Principio de la silenciación. Acallar sobre las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen el adversario, también contraprogramando con la ayuda de medios de comunicación afines.
  • Principio de la transfusión. Por regla general la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales; se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas.
  • Principio de la unanimidad. Llegar a convencer a mucha gente que se piensa “como todo el mundo”, creando impresión de unanimidad.
  • Quo vadis democracia? Breve compendio de la noción de libertad

    1 mayo 2009 en 12:20 pm | Publicado en Uncategorized | Deja un comentario
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    Pablo Cabellos Llorente (cortesía de http://www.almudi.org)

    El hombre es libre por esencia, desde lo más profundo y constitutivo de su ser. La libertad verdadera hace que el hombre sea realmente humano. En esa libertad, como escribió Yepes, caben cuatro niveles: libertad constitutiva, de elección, de realización de esa misma libertad y la libertad social. Ahí puede verse hacia dónde va esta democracia.

    La libertad constitutiva es el nivel más radical: la libertad es el mismo ser del hombre. Esta libertad interior forma un espacio inviolable, donde uno se posee a sí mismo. Un cautivo goza esta libertad sin que nadie pueda arrebatársela. Con respecto a la libertad de elección o de arbitrio, hay defectos y excesos.

    Por defecto, se dirá que la elección viene tan determinada por causas genéticas, sociales, económicas, etc., que, a fin de cuentas, no existe o es harto débil. El exceso afirmará que la libertad es, ante todo, elección: basta elegir para ser libre, independientemente de que la elección sea buena o mala. Su más genuino representante es J. S. Mill. Naturalmente, si la postura defectuosa es determinista, esta es libertad sin finalidad, sin valores que orienten, puesto que todo se considera válido, basta elegir.

    Me refería en tercer lugar a la realización de la libertad. Su uso conduce a obtener un rendimiento, puesto que el hombre es perfectible por la utilización de su libertad, es más, no se perfecciona aquel que, tal vez por miedo al compromiso, deja intacto su albedrío. En esta tercera consideración aparece la virtud, que fortalece la voluntad y produce un rendimiento positivo.

    Dentro de esa realización de la libertad, y vistas las cosas desde una perspectiva existencial, su ejercicio consiste en el conjunto de decisiones que van diseñando la propia vida. Es el proyecto vital, la cuestión del sentido, que mide la libertad por la calidad de lo conquistado con ella. Los clásicos llamaron magnanimidad a la virtud por la que aspiramos a lo verdaderamente importante.Aristóteles afirma que la característica del magnánimo es interesarse por pocas cosas, y estas, grandes.

    He aludido en cuarto lugar, siempre siguiendo el esquema de Yepes, a la libertad social, es decir, a la posibilidad de transformar los ideales en proyectos vitales, lo que requiere, al menos, que se permitan y que sean viables. En este sentido, hay que decir que existe una gran relación entre el tipo de conducta vigente en la sociedad y las pretensiones que uno pueda tener. Si son antagónicas, el hombre es menos libre, cae en una situación de miseria, en una forma de esclavitud de la que se requiere ser liberado. Así, la conquista de las libertades corre paralela a la liberación de las miserias.

    Ahora vamos al interrogante del título. Es obvio que no hay autoridad humana que robe la libertad interior si no es reduciendo al hombre a loco o guiñapo. La libertad de elección está hoy día enormemente trastocada porque, con excesiva frecuencia, y aun sin ignorar la existencia de condicionantes, tampoco parece encontrar su ideal en el lado de la balanza ocupado por Mill.

    Sin embargo, nuestra sociedad y nuestras leyes están acogiendo progresivamente esa idea de que lo valioso es sencillamente poder elegir, sea cual sea lo elegido. Así la realización de la libertad, en cuanto a perfeccionamiento y proyecto vital, prácticamente no existe, por la sencilla razón de que esa libertad de la libertad, vacía, y sin orden ni concierto, no crea virtudes, que son fuerzas para robustecer, ni encuentra otro sentido que el placer –andando de uno en otro, porque hastía–, ni conduce a la magnanimidad.

    La libertad social será ámbito de mucha miseria, porque sólo permite realizar los dictados del pensamiento dominante. No hay grandeza, ni ideales, ni magnanimidad, ni virtudes, ni creatividad. Ya lo dicta todo el Estado.

    Por ese camino anda mal la democracia, cada vez menos participativa en aspectos esenciales, y más dada al juego de “un vale todo” que, paradójicamente, impide o incluso prohíbe lo que realmente vale. Necesitamos gente capaz de sacarnos de esa miseria, sin dejarse atrapar por las redes estériles del pensamiento único.

    Lo que las viejas saben (y lo que no)

    11 abril 2009 en 5:51 pm | Publicado en Uncategorized | Deja un comentario
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    Es que no puede ser que el Papa vaya diciendo por hay que el preservativo provoca SIDA. De verdad que no hay derecho a que lo diga, porque a una le quita la fe…”

    Estas eran las palabras de, por lo demás, una venerable anciana que cogía la línea C2 para volver a su casa –como yo- desde Moncloa.

    No interrumpí la conversación, pues no hablaba conmigo, pero luego me arrepentí de no haberlo hecho: quizá podía haber aliviado su dolor, haberle resuelto sus dudas, o haberla sacado del error. No lo hice.

    Me dio bastante que pensar: el primer juicio que emití sentenció a los medios de comunicación y su irresponsabilidad: Público no mentía en su información: si se leía a fondo todos los artículos podía llegar a saberse lo que el Papa había dicho: pero titular –como lo hicieron –a toda portada “el Papa afirma que los condones <<aumentan el problema del sida>>”, era un ejercicio de demagogia, al más puro estilo del tabloide inglés con su refrán “que la realidad no te estropee una buena historia”. Creo que es urgente que quienes nos dedicamos a los medios tomemos conciencia –para bien –del papel que jugamos en la formación cultural de los individuos; si un periódico es radical, su público lo será: pero mucha parte de ese público lo será sin razón y con vísceras. La línea editorial de un periódico debe llevar a pensar con juicio crítico, no a odiar sin sentido ético.

    Pero no me voy por las ramas. En segundo lugar pensé en la ya conocida frase de un santo del siglo XX “una de los mayores problemas de la Iglesia católica es la escasa formación de sus fieles”. Como decía Alejandro Llano, es la lectura la que nos inmuniza contra los totalitarismos, -o, como rezaba también una pintada en mi facultad: “el fascismo se mata leyendo” -: una anciana que no ha leído más que el catecismo y los periódicos, cuando estos dos se contradicen, no sabe qué pensar. 

    En tercer lugar, y ya cuando me había bajado del autobús, pensé en la falta de sentido común que demostraba la anciana al afirmar tal cosa. Primero, porque si un titular de periódico destruye tu fe, significa que poca fe tenías; y segundo, porque, si te reconoces católico, reconoces en la figura del Papa –sea quien sea, como decía el mismo santo al que antes cité – a un padre, a un sustituto de Cristo –tu Dios-; y el sentido que da el cariño debería llevarte a tratar de comprender o escuchar a la parte de tu padre, del mismo modo al menos que la hija de un reo escucharía y hasta creería la versión de su padre, mientras no se demostrase que mentía. Es, en el fondo, una cuestión de lealtad.

    Por último, mi mente criticó duramente también a la vieja por la volatilidad de los pilares de su fe : “si mi fe me dice A, como A no me gusta, ya no creo”: en el fondo, este modo de pensar que hoy está muy extendido, lo que lleva a afirmar es que lo importante no es alcanzar la verdad de la fe, sino la “originalidad en la fe”, la auocomplacencia personal, la “autorealización”. En mi opinión, el egoísmo de toda la vida, camuflado de derecho irrenunciable.

    Y es lo que tantas veces ha criticado el actual Papa: sustituir la verdad por la originalidad.

    Me ha quedado una entrada muy larga: lo lamento.

     

     

    La independencia intelectual (y II)

    3 abril 2009 en 5:30 pm | Publicado en Uncategorized | 9 comentarios
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    intelectual contemporáneo

    intelectual contemporáneo

    Me queda por hablar del sentido de la independencia intelectual: no se trata de absolutizar el popio criterio; sino de asumir y aprehender un determinado modod e pensar. No todos los alineados con un pensamiento son unas ovejas, ni todos los que se llaman independientes piensan realmente por sí mismos: me parece que desmitificar este tópico -desmitificado ya por muchos: no soy demasiado original – y hacer examen personal -¿No estaré yo muy influido por X o Y pensamiento sin darme cuenta?-, es muy importante. Y ya digo que no es porque estemos o no influidos, sino porque lo sepamos o no.

    Por ello, resta menos libertad pertenecer a un grupo o modelo de pensamiento (como puede ser el cristianismo) sabiéndolo, que, creyéndose uno el fabricador de su moral y su intelectualidad, ser reo de toda una reflexión que se regodea en permanecer oculta a la mente de suus miembros.

    No sé si queda claro.

    La imagen la dedico a Iago, aunque no sé si está en galego o en portugués, (no los distingo, pese a mi ascendencia) XD.

    Sobre la independencia intelectual (I)

    23 marzo 2009 en 2:05 pm | Publicado en Uncategorized | 2 comentarios
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    Mucha gente opina que la libertad intelectual consiste en componer el personal código ético y deontológico, sin obedecer a ideas no concebidas por uno; a lo sumo, breves influencias de autores reconocidos, y sólo a modo de inspiración.

    No perciben estas personas qeu no es más libre el que más cruces tiene en el camino, sino el que antes y con mayor seguridad escoge; y que tampoco es más independiente aquel que pone a su coche mermelada en el depósito, porque no le gusta el olor a gasolina.

    Otros, para apoyar su “independencia”, afirman: “el bien y el mal son creaciones humanas, porqeu los animales no las tienen: y por tanto es el individuo quien debe crearlas, y no someterse al modelo que le venga impuesto socialmente”. No es, desde mi punto de vista, un razonamiento lógico; quizá, sería más acertada la conclusión “la moral hace al hombre”, en lugar de la tan aclamada “el hombre hace la moral”.

    Aunque puedo estar equivocado.

    La Iglesia y Occidente

    16 marzo 2009 en 1:42 pm | Publicado en Uncategorized | Deja un comentario
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    Cuando me pregunto cuál  es la causa de que se vacíen nuestras iglesias, de que la fe vaya apagándose silenciosamente, me gustaría responder que el motivo central es el vaciado de la figura de Jesús, a la vez que la formulación deísta del concepto de Dios. El sucedáneo de Jesús, más  o menos romántico, que se ofrece no es suficiente. Le falta realidad y cercanía. El Jesús de los Evangelios, que volvemos a conocer en el Catecismo, es Contemporáneo,  porque Él es el Hijo, y es accesible porque es humano. Su historia humana nunca es puro pasado; todo esto está asumido en él y en la comunidad de sus discípulos como presente y me toca.

    Ratzinger, Joseph.  Discurso alnte la Comisión Pontificia para América Latina. Febrero de 1994

    Joseph Ratzinger

    Joseph Ratzinger

    Acabo de leer estas palabras mientras esperaba mi turno en la Universidad. Cuando me ha tocado usar el ordenador, no he podido resistirme a glosarlo. Y es en referencia a aquellos que decían que las iglesias de hoy se vaciaban porque la liturgia era poco participativa, o porqeu los curas que iban con sotana no resultaban cercanos.

    Como dice el que hoy es el Papa, y yo corroboro esa opinión, es la falta de rigor en lo religioso, la “perdida de sal” de la figura de Jesucristo lo que hace perder fieles a la Iglesia (Si la sal se vuelve sosa, ¿Quién salará? Mateo 5, 13-16).

    Por eso también se puede decir qeu echen una mirada a sus frutos los que así piensan (Por sus frutos los conoceréis, Mt 7, 20): Cuantas vocaciones jóvenes salen de esas parroquias “cercanas”, cuantos santos trae consigo el cura “sin sotana”…

    No me considero un reaccionario de las buenas costumbres, pero creo que es muy fácil echar las culpas a otros de las omisiones ajenas.

    El Rosario de Pasteur

    2 febrero 2009 en 8:58 pm | Publicado en Uncategorized | 7 comentarios
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    Hoy iba a escribir sobre mi opinión acerca del comunismo, pero me he encontrado un comentario en un blog del “típico tío que” confunde ciencia y religión, como disciplinas antagónicas. Me he subido por las paredes de mi escaner, y, más sereno, he decidido darle una oportunidad.

    Vaya por delante que el examen de publicidad me ha salido bien.

    Os voy a contar un cuento.

    Un joven estaba agarrado a un barrote del tranvía de Lille, Francia, el día en que aquel anciano racionalista le vio por primera vez. El pobre ingenuo pasaba cuentas del rosario. Compadecido por la ignorancia del muchacho, el anciano señor, se le acercó, y en tono amable le preguntó:

    – ¿Qué hace joven? -el chaval, aturdido, le miró, pero no supo que responder. En anciano, comprensivo, dirigió su mirada al rosario.

    – Ah -exclamó el muchacho-, rezo el rosario.

    – Pero joven -el tono paternal rayaba la grima- ¿No sabe usted que todas esas cosas están pasadas de moda? ¿No se da cuenta de que la ciencia ya ha resuelto todos o casi todos los problemas que remitían a Dios?

    Un ligero “¿Ah, sí?” fue la respuesta del joven interpelado.

    – Sí, hijo, sí. Si quieres ven a mi casa y te dejo unos libros muy buenos que te pueden servir de ayuda…

    -Oh -el tranvía se había parado- usted disculpe, señor, es muy amable, pero me bajo aquí. ¿Sería mucha molestia para usted hacérmelos llegar a mi dirección? Aquí tiene mi tarjeta. Le estoy muy agradecido.

    Cuando el tranvía reanudó la marcha el joven racionalista no sabía donde esconder su cara del nombre. En la cartulina ponía claramente: Louis Pasteur.

    Y este joven químico dejó también para la posteridad una frase enigmática, que yo traduzco a mi manera: Basta un poco de ciencia para alejarte de Dios… Y mucha ciencia para devolverte a él.

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