Alemania y el fomento de la natalidad

27 noviembre 2008 en 5:24 pm | Publicado en Uncategorized | 8 comentarios
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En Alemania se ha generado toda una campaña estatal para convencer a los ciudadanos de la maravilla que supone tener un hijo. Es un video muy bien hecho, así que por hoy me doy por publicado. Doy las gracias a la página de la organización “hazteoir”, que me ha facilitado el video. Aupa.

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Los criterios de actuación

20 noviembre 2008 en 7:39 pm | Publicado en Uncategorized | 2 comentarios
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octopus1

La inteligencia es un don, no un privilegio; y ha de usarse por el bien de la humanidad. Octopus a Spiderman.

Hay dos maneras de entender el mundo: una egoísta y otra entregada. Y conste que no digo egoísta de modo despectivo: utilizó el termino (como ya dijo el “compañero”) como objetivo: egoístamente viven los que tienen en el centro de su vivir a ellos mismos. De esta manera, el amor es un cosquilleo en el estómago, o una sensación superespecial, la diversión es reírse pero mazo, la alegría es tener mucho dinero, y la felicidad es no tener preocupaciones.

Descuide el lector, porque tengo que decir que he conocido muy pocas personas que se rijan exclusivamente por este criterio: hablamos de seres ideales.

 

Sin embargo, existe un segundo método, proscrito en los días que corren: es el criterio de la entrega. No me voy a alargar, entre otras cosas porque el tema me viene grande y espero no liarla: el caso es que, según esta manera de ver el mundo, el Amor es Don voluntario de si, La diversión es hacer que los demás se diviertan, la alegría es el estado habitual del alma, y la felicidad es el Olvido de si por Amor (obsérvese como vuelve sobre sí).

 

En el primer caso, si uno no es muy reflexivo –o, peor, si ahoga sus reflexiones en ruido (literalmente, con música a todas horas, o evitando la soledad a toda costa…) puede llegar a disfrutar la conocida como “felicidad del animal sano”, del cerdo cebado. Es una felicidad bastante superficial, y solo es asequible a unos pocos “afortunados” de los países más desarrollados. La otra está al alcance de cualquier persona, a partir de cualquier momento, y por que sí: sólo es necesario desearlo, y darse cuenta de la realidad que enviste a esta gran maravilla. Es la condición humana, mal que les pese a algunos.

La ancianidad a debate

11 noviembre 2008 en 8:00 pm | Publicado en Uncategorized | 3 comentarios
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fjb

Puerta de la comisaría de Pío XII (Madrid): son las 7:20 de la mañana, la hora a la que hay que acudir si quieres renovar tu DNI (Documento Nacional de Identidad) de inmediato, sin aguardar tu turno en una lista de espera inmensa.

Cuando llegué a la puerta ya había gente esperando: algunos habían llegado a las 7, o incluso antes. Dos ancianas estaban en primer lugar, y sólo compartían el estar ahí, y el ser ancianas. La que encabezaba la cola era una anciana simpática, de estas que eran unas pícaras de pueblo en su juventud: vestía con un especie de blusón, unas chanclas -aun era verano- y un abrigo de gomaespuma abierto.

La segunda era el ocaso de una señora respetable, con un gesto un poco retraido o contenido: quizá introvertida en sus movimientos, algo comedida.

Hablaban de las vanalidades del tiempo, de lo injusto de la espera, de lo ancianas que eran… La primera de forma chavacana y graciosa; la segunda citando a poetas. De vez en cuando nos citaban a alguno de los que estabamos allí con algunos años menos, y decían la consabida frase de “quién fuera joven”.

Por fin, entraron en el gran tema de discusión al que quiero dedicar ese post: comenzaron a hablar de lo cara que estaba saliendo la hipotéca “con eso de la crisis”. Y entonces, la anciana expansiva, la de pueblo, comentó:

-Pues en la caja donde yo trabajo, tengo una compañera que lleva viviendo en su piso sin pagar el alquiler durante dos años, y los dueños no la pueden echar porque la ley no lo permite -exhaló aire fuerte y declaró- ¡Si es que se le quitan a una las ganas de ser honrada!

Sin embargo, a la señora de alta cuna le mudó el gesto, y haciendo un mohín y midiendo mucho sus palabras, declaró:

– Pues usted perdone, pero la verdad es que su amiga a mí lo que me parece es que es una sinvergüenza. -y sobre la marcha se puso colorada, tal vez sorprendida de su atrevimiento -pero sin faltar.

– No, si no se preocupe -la expansiva era todo palabras y nada pudor- si yo he dicho compañera, pero digo, que la envidia es terrible…

– Ah, pues ahí yo no pienso como usted -la “pija” volvía al ataque, con redoblados esfuerzos por parecer al turno contundente y bien educada-: a mí no me da ninguna envidia una persona que se salta la ley…

Lo cierto es que la discusión siguió por otros derroteros, y las dos seóras siguieron constatando sus diferencias. Yo me quedé con ese debate: ¿La ley es un contrato social que todos debemos cumplir porque si no los demás sienten envidia? ¿El derecho es sólo un acuerdo de paz entre todos los individuos en base a sobrevivir? ¿No hay nada más, y por eso sentimos envidia?

La respuesta de la anciana elegante era mucho más esclarecedora: no basta con cumplir la ley, o con encontrar esquinas sin definir: lo importante en esta vida es ser honrado, aunque aparentemente no me reporte ningún beneficio (como digo, aparentemente).

Sin embargo, ese mismo debate lo propuso Sócrates hace muchos siglos: ¿Es preferible padecer o ejecutar la injusticia?

ÉL se moja: es mejor padecerla, porque -partiendo de la inmanencia del actuar humano- todo acto afecta al ser humano; y , por tanto, quien comete una injusticia se hace injusto, y no ocurre así en el lado contrario.

Ahora, os toca.

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