Filantropofobia

7 febrero 2010 en 4:20 pm | Publicado en Uncategorized | 2 comentarios
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Acabo de leer un artículo genial, de Miguel García Rodríguez:

Hace unas semanas, cuando los cancerberos del progreso saltaron a la yugular del obispo de San Sebastián, monseñor Munilla, por sus palabras sobre lo ocurrido en Haití, estuve pensando que no sólo era guapo, católico y razonable, sino también filántrofobo y solidariófobo, es decir, que me aterra el humanitarismo moderno tan de moda en las hedonistas sociedades occidentales promovido por las Organizaciones No Gubernamentales (ONG) que se pelean todos los años con uñas y dientes por limosnear las perrillas del contribuyente, con lo que sería mejor que fueran quitándose la “N” de su acrónimo  . Y no es que quiera defender al obispo, pero leyendo Hombres en tiempos de oscuridad de Hannah Arendt me dí cuenta del vacío intelectual y moral actual. La escritora decía así

“Los tiempos modernos y la antigüedad concuerdan en un punto: ambos consideran la compasión como algo totalmente natural, tan ineludible para el hombre como, por ejemplo, el miedo. (…) Al reconocer tan claramente la naturaleza afectiva de la compasión, que puede vencernos al igual que el temor sin que podamos evitarlo, los antiguos consideraban que la persona más compasiva no tenía más derecho a ser llamada mejor que la más temerosa. Ambas emociones, por ser puramente pasivas, hacen imposible la acción. (…) Nos resulta aún más sorprendente cuando oímos que los estoicos consideraban la compasión y la envidia bajo los mismo términos. Cicerón mismo se acerca bastante al núcleo de la cuestión cuando pregunta: ¿Por qué sentir pena en lugar de ayudar si se puede? En otras palabras, ¿los seres humanos serían tan viles que son incapaces de actuar humanamente a menos que sean acicateados y por lo tanto obligados por su propio dolor cuando ven sufrir a los demás?”.

El problema del humanitarismo moderno, además, no sólo se reduce a lo anterior para la escritora alemana, sino que fundamentalmente hay otros dos problemas con la compasión. El primero es que tiene un carácter igualitario, esto es, que nos hace sentir lo mismo por aquel que se muere de hambre que por un asesino, y por otro, que no es capaz de producir ningún tipo de discurso político ya que lo instintivo se caracteriza por su mutismo, es decir, que por mucha ayuda que proporcionemos todos los Estados occidentales a este devastado país, el hecho es que desde este lugar azotado por la madre “Gaia” sigue saliendo dinero para reducir la deuda externa que tiene con los demás Estados que ahora mismo le proporcionan ayuda. ¡Seremos fariseos!

Tanto la solidaridad, el humanitarismo y la filantropía son un afecto, un sentimiento que no exige transformación moral, a diferencia de la caridad, que exige un cambio personal profundo. Es decir, mientras que las primeras son sentimientos, y por lo tanto, pasajeros, la caridad conlleva acción, independientemente de tus afectos o sentimientos. La solidaridad, en palabras de Pierre Manent, es una actitud que se resume en que “al ver sufrir al otro pienso en mí, retorno a mí mismo. (…) Este sufrimiento que percibo con tanta fuerza no le experimento efectivamente, y sé bien que no lo experimento efectivamente y disfruto por eso, experimento el placer de no sufrir. Así, tanto el humanitarismo como la solidaridad son un sentimiento altruista que tiene dos motivos o dos componentes egoístas: el miedo de uno mismo a sufrir y el placer de uno mismo de no sufrir. Fundar una moral social sobre la piedad no tiene por lo tanto nada de idealista o de utópico. (…) Cultivar la piedad y la compasión no tiene nada de heroico, pues lo motivos de la piedad están el egoísmo de cada uno”.

Este humanitarismo, solidaridad o filantropía que se dirige únicamente al cuerpo, a la parte de sufrimiento animal que posee todo hombre, tiene algo de cómico y mucho de peligroso. “Divertido” porque produce iniciativas parlamentarias en España como los Derechos del Mono, que si bien es un hecho anecdótico, refleja la concepción terrible que tenemos sobre nosotros mismos: la rebaja de nuestra grandeza humana a una concepción animal de la persona, lo que nos lleva a pensar en la parte catastrófica que tienen estos dos conceptos: a través de la solidaridad se defienden posturas totalmente inhumanas como el aborto, si esa vida no va a tener la suficiente calidad de vida, o la eutanasia, por el motivo anterior. Ahora ya no importa el qué, sino el cómo, fruto del Estado del Bienestar y del pensamiento moderno, que no mira el significado de las cosas, sino su significante. Nos comportamos como animales, pero no como personas. Es decir, lo importante es la calidad de vida, pero no la calidad del amor. Contra esto, imitar en lo que se puede a la madre Teresa, una gran revolucionaria.”

Las cizañeras

18 octubre 2009 en 5:34 pm | Publicado en Uncategorized | 2 comentarios
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Desde que el mundo es mundo, ha habido marujas. Pero es que el otro día se me presentaron de un modo extraño. Llegamos, como de costumbre, al centro de día, y una señora con pinta de desenvuelta me dijo: “Está muy bien que vengáis a estos centros los jóvenes a cuidarnos, un poco, que si no nosotros nos sentimos inútiles, además de que os sirve para aprender de la vida…” Y más cosas. Y, aunque observé que su discurso estaba bastante elaborados –con varios ejemplos muy ilustrados de lo que sabían y no sabían los niños de hoy –también me di cuenta de que solía repetir las ideas, y en un orden bastante parecido de desarrollo. Pensé que sería una extraña técnica pedagógica, hasta que comenzó por tercera vez por su “Está muy bien que vengáis a estos centros…”, momento en el que me di cuenta de que, en realidad, estaba tratando de retenerme sin tener nada que contar. No se lo señalé por delicadeza, pero la señora que estaba a su lado, mientras coloreaba un castillo exclamó para sí “¡Hala!, otra vez”. En ese momento, mi conversadora compañera se indignó y exclamó:

– Qué dice usted?

– Nada, nada –respondió quien estaba a su lado

– Ah, bueno. Pensé que se estaba burlando de mí. Porque estos niños de hoy lo han tenido todo –se dijo, volviendo hacia mí- pero yo todavía recuerdo que en la guerra vivíamos al lado de un cuartel, y porque mi madre era muy amiga de la madre de un militar, a veces nos daban de cenar, ¡lo que les sobraba del rancho en el cuartel!

Puse toda la cara de asombro que pude, sin embargo, otra compañera entró en el juego, tumbando el mito del rancho:

– Al menos tenías un rancho. De qué te quejas. Casi todo el mundo se pasó la guerra comiendo piel de patatas.

– ¡Sí! Es verdad –respondió la maruja numero 3- pieles de patatas –y como era muy risueña le hizo mucha gracia. Y fue cuando descubrí que la primera de las señoras era una verdadera susceptible, porque, girándose indignada, le preguntó:

– ¿Se está riendo usted de mí?

– No, no por Dios.

– Ah, bueno, es que pensé que se estaba riendo usted de mí –dijo con cara de pocos amigos y, para mi horror, me echó una mirada cómplice, y resolvió: Si es que aquí hay mucho Séneca suelto.

Debo reconocer que me asustó, pero más me sorprendió que poco a poco, todas iban dando su versión, y todas iban pensando que yo estaba de su parte en el conflicto. Es más, empecé a pensar que yo era el trofeo que se sorteaban durante la discusión.

– Porque tú siempre cuentas la guerra y te crees que no se pueden contar otras, y yo la puedo contar y mucho mejor que tú –mirada complice de vieja 3

– Sí. Y fíjate en la educación, que antes sacabas malas notas y tu padre te daba una que no te levantabas. Ahora, saca el niño malas notas y los padres pegan a la maestra. –otra mirada cómplice.

Y la primera, a lo “qué se dice que me opongo”:

– ¡Pero si hay que ser modernos! ¿No hay que ser modernos? Hay mucho Séneca… Y mirada cómplice.

No sé muy bien como salí de aquella conversación. Pero la maruja 1 había vuelto a decir

“Está muy bien que vengáis a estos centros los jóvenes a cuidarnos, un poco, que si no nosotros nos sentimos inútiles, además de que os sirve para aprender de la vida…”

La Iglesia y Occidente

16 marzo 2009 en 1:42 pm | Publicado en Uncategorized | Deja un comentario
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Cuando me pregunto cuál  es la causa de que se vacíen nuestras iglesias, de que la fe vaya apagándose silenciosamente, me gustaría responder que el motivo central es el vaciado de la figura de Jesús, a la vez que la formulación deísta del concepto de Dios. El sucedáneo de Jesús, más  o menos romántico, que se ofrece no es suficiente. Le falta realidad y cercanía. El Jesús de los Evangelios, que volvemos a conocer en el Catecismo, es Contemporáneo,  porque Él es el Hijo, y es accesible porque es humano. Su historia humana nunca es puro pasado; todo esto está asumido en él y en la comunidad de sus discípulos como presente y me toca.

Ratzinger, Joseph.  Discurso alnte la Comisión Pontificia para América Latina. Febrero de 1994

Joseph Ratzinger

Joseph Ratzinger

Acabo de leer estas palabras mientras esperaba mi turno en la Universidad. Cuando me ha tocado usar el ordenador, no he podido resistirme a glosarlo. Y es en referencia a aquellos que decían que las iglesias de hoy se vaciaban porque la liturgia era poco participativa, o porqeu los curas que iban con sotana no resultaban cercanos.

Como dice el que hoy es el Papa, y yo corroboro esa opinión, es la falta de rigor en lo religioso, la “perdida de sal” de la figura de Jesucristo lo que hace perder fieles a la Iglesia (Si la sal se vuelve sosa, ¿Quién salará? Mateo 5, 13-16).

Por eso también se puede decir qeu echen una mirada a sus frutos los que así piensan (Por sus frutos los conoceréis, Mt 7, 20): Cuantas vocaciones jóvenes salen de esas parroquias “cercanas”, cuantos santos trae consigo el cura “sin sotana”…

No me considero un reaccionario de las buenas costumbres, pero creo que es muy fácil echar las culpas a otros de las omisiones ajenas.

Sobre la bondad de las personas

23 octubre 2008 en 6:52 pm | Publicado en Uncategorized | 2 comentarios
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En diversas ocasiones he escuchado a personas del ámbito de la cultura – en especial del cine y el teatro- quejarse de la actual crisis de talento que invaden a los guionistas desde hace lustros.

A muchos se les oye suspirar por tiempos pasados; la belle epoque, el glamour…

Hoy he visto un clásico. Y no un clásico cualquiera; era un film de Capra.

“Un gangster para un sueño” cuenta la historia de Dandee, un mafioso que debe su suerte a las manzanas que le vende una pordiosera alcohólica.

Any, que así se llama la vagabunda, engaña a su hija, que vive en Venecia, haciéndole creer por correspondencia que vive entre os lujos de la aristocracia americana.

Cuando la hija anuncie su visita a Nueva York para presentar a su prometido -un conde italiano-, Any no tendrá más remedio que acudir a Dandee.

Espectacular. Siento que mis reseñas cinematográficas parezcan desconocer la ponderación, pero es que el guión es agilísimo, la trama trepidante, las interpretaciones soberbias, la tensión palpable, las situaciones tragicómicas, os sentimientos humanos, la expectación creciente… Y el final feliz. Creo que eso es lo que más me gusta de Capra: es capaz de denunciar con una sonrisa; te obliga a reflexionar sin pretender hundirte. No esconde la realidad, pero tampoco la exagera ni tremendiza.

Quizá vendría bien prestar más atención a los clásicos. Quizá.

Le pongo un 10. Y porque no hay más. Por de pronto, me quedo con las ganas de ver otra más de este insigne director.

Y si algún lector ha llegado hasta aquí leyendo, me dirá ¿Y a qué ese título? En realidad obedece a dos razones: la primera, es que mis audiencias bajan rotundamente cuando mis textos tratan de crítica artística, y eso no sé como remediarlo; la segunda razón es muy simple: todos los personajes de Capra rozan la caricatura utópica, pero eso es lo que les hace fascinantes: cada cual con sus miserias, acaban siendo la representación perfecta del humanismo y el derecho cristiano, que pretende el bien social, no la muralla entre egoísmos.

Creo que desarrollaré en otro texto esta última idea. Un saludo.

 

Los perros ladran – Truman Capote

19 octubre 2008 en 11:59 am | Publicado en Uncategorized | Deja un comentario
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La editorial anagrama publicó hace pocos años una recopilación de artículos descriptivos y relatos breves ue conforman la que podría ser una biografía no-oficial del autor.

Yo he tenido el gusto amargo e irascible de dedicarle mis horas durante el último mes. Lo he leído despacio, admirando y compadeciendo a un tiempo su maestría con la pluma, y su desdicha vital, fruto de no tener ninguna idea clara.

Con todo, el libro contiene relatos verdaderamente memorables. Capote muestra en cada página lo que quiere enseñar: te emboba con un pisapapeles, o te tiene en vilo con las peripecias de un cuervo italiano sin alas, o con la compañia de teatro Porgy & Bess, formada en su totalidad por negros, recurriendo Rusia en una gira cuanto menos pintoresca…

Truman es en esta obra el descriptor de lo intrascendente. Te cuenta miles de detalles que en reañidad no tienen ninguna importancia.

Pero acabas de leerlo, y te das cuenta de que has viajado en el mismo barco: has visto la misma España depauperadad e lso años cuarenta; la misma miseria moral de la Rusia comunista; has sentido una angustia vital sin motivo; no has dormido por la noche, porque la cama del tren era incómoda y porque has estado reflexionando sobre la muerte…

Un libro de estética sin ética. Como su autor. Un espectácular dominio del lenguaje, al servicio de una causa insuficiente.

Un ególatra, un genio.

De los tipos de familia y su longitud

18 octubre 2008 en 11:25 am | Publicado en Uncategorized | Deja un comentario
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Hace años discutía con varios de clase sobre las ventajas y desventajas de tener más o menos hijos. Con decir que tengo ocho hermanos hago evidente al público la que era –y es- mi postura.

 

La discusión era bastante dispersa –como casi todas las que mantuve en mi etapa escolar- y si se agotaba una perspectiva de ataque en alguno de los bandos, se solía abordar otra, sin que quedase claro quién se había llevado el gato al agua.

 

Pero, como solía pasar, al final, alguien soltó el argumento que me tocaba –y me toca-  la fibra: “Cuantos más hijos tengas, menos te dará el tiempo para darle cariño a cada uno, es decir, les quieres menos”.

 

Como ya he dicho, me calcinan, y volqué mi calcinamiento sobre el desprevenido combatiente:

 

          Mis padres tienen nueve hijos. Mi madre nos dedica casi la totalidad de la jornada –porque le da la gana, debía haber incluido por entonces-. Mi padre, por el contrario, no puede dedicarnos tanto tiempo, pues trabaja remuneradamente para sacar adelante la economía familiar; ero, a cambio, cuando llegaba a casa y yo era pequeño, se quitaba la corbata y –cansado como vendría- se tiraba al suelo para jugar, durante el tiempo que nos quedase hasta acostarnos, a las tinieblas, a los barcos, a los animales… O a lo que terciara. Y dudo que fuera lo que más le apetecía –en aquellos lejanos años, también existía el fútbol, y la cerveza de antes de cenar, y la tranquilidad de un sofá, y la compañía de su mujer…- pero él jugaba con los cinco que éramos entonces, y nos hacía sentir muy queridos… Pese a ser cinco.

          Bueno, ya –era evidente que, tras esa perorata, no daba para mucha discusión- es que tu padre será un santo.

 

En aquel momento me pareció la respuesta evasiva de quien quiere abordar otra “perspectiva” más maleable de la discusión. Y, en cierta medida, así era, y así hicimos.

 

Luego, con los años, he recordado mucho esa discusión, que se podría resumir en dos lemas, uno popular y otro de autor:

 

El problema no es la cantidad, sino la calidad”, el primero; y “Estas crisis mundiales son crisis de santos”, el segundo.

 

Os toca.

Sexo, fe y Matrimonio

2 octubre 2008 en 11:43 am | Publicado en Uncategorized | Deja un comentario
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Recuerdo una discusión el año pasado con varios de clase, sobre el tema que da título a esta entrada. Una de las chicas que participaba en la discusión argumentaba que “lo de mantenese virgen hasta el matrimonio era porque no se conocían los métodos anticonceptivos, y, por tanto, era muy peligroso tener un niño sin un padre que le mantuviese.” No recuerdo que respondí, pero pensando fríamente se me ocurren unas cuantas respuestas:

1º Métodos naturales anticonceptivos han existido toda la vida. Y amantes también.

2º Viene a decir que ANTES sexo y fecundidad venían juntos, y ahora se pueden separar. Lo cual no deja de ser estúpido, porque si iban juntos no es por casualidad: es evidente que la función de la sexualidad es la perpetuación de la especie, y la atracción sexual por ambos polos, el mecanismo del que se sirve la Naturaleza para alcanzar ese fin. Por tanto, quien asegure haber logrado “separarlas”, lo que tiene que decir es que ha conseguido destruir un mecanismo natural.

3º LA libertad humana ha existido siempre. Pero la libertad se desarrolla por virtudes, no por impulsos. Y las virtudes son hábitos operativos buenos.

4º Si no se distingue cual es el límite para tener una posible relación sexual, (¿noviazgo? ¿Qué es noviazgo?), lo que se consigue es una dilapidación del orden natural de la sexaulidad.

 

Creo que se me entiende.

Actos inmanentes y eutanasia

26 septiembre 2008 en 5:25 pm | Publicado en Uncategorized | 1 comentario
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Aristóteles definió en su antropología las acciones del hombre como siempre inmanentes (esto es: todo lo que hace el sujeto le acaba afectando a él personalmente) y algunas de estas, com transeuntes (el fin de la acción está fuera del ejecutor.)

Yo le veo su aplicación con la eutanasia. Para los que pensamos que esto es un delito, y que además no sería regulable, y que podría incurrir en un fraude poco legislable y que costaría vidas humanas (lo peor que se puede perder), se puede decir también una cosa: más allá de que el afectao en cuestión pida ser asesinado (no iba a poner “eutanasiado” porque es mentir), no es un acto moralmente bueno, por más que él lo pida: entre otras cosas porque el que se aplique en cumplir con los deseos del enfermo, por la inmanencia del actuar humano, podría decirse sobre la marcha que se ha convertido en asesino.

Y es fuerte, pero no deja de ser cierto.

El magistrado, la justicia y la constitución

25 septiembre 2008 en 7:37 pm | Publicado en Uncategorized | Deja un comentario
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Me han sorprendido estos dos artículos, y os los linkeo hoy como post.

http://www.elconfidencialdigital.com/Blog.aspx?IdBlog=5&IdSeccionesBlogs=12

y

http://www.elconfidencialdigital.com/Blog.aspx?IdBlog=1&IdSeccionesBlogs=4

 

Os los dejo para vuestra reflexión.

El aborto y la vida (II)

24 septiembre 2008 en 11:08 am | Publicado en Uncategorized | Deja un comentario
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Ayer, leyéndo en no sé que blog, escuché -o más bien, leí- la siguiente afirmación: “son sólo células”.

Qué duda cabe que tenía razón. Igual que yo. Biológicamente, soy un conjunto de células que interaccionan entre sí, y que, separadas del conjunto, mueren.

El problema está en que, si legislamos en base a la biología, la liamos.

Los derechos no se dan por el número de células de que se goce-si no, pobres mutilados-; los derechos humanos se dan a los seres humanos (que, sí, también son malditas células).

Y, ¿Qué es un ser humano?

Brillante pregunta. No pretendo resolver aquí por mis narices un debate de más de tres mil años. Pero sí puedo decir que distingue a una persona de otra,( aparte de que no puedan estar ubicadas en el mismo punto): en términos biológicos, su código genético, único, intransferible, y común a todas las células de un “organismo”.

Y, ¿Cuándo se crea el código genético de un ser humano?

RESPUESTA: En la concepción. En el momento de el apareamiento de gametos, los ADN de ambos se mezclan, por un mecanismo que escapa a mi corta mente de periodistas. Ya hay un nuevo ADN, distinto al de todas las demás células de la madre que le rodéan, y distinto también al del padre.

Curioso, ¿Verdad?

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