Trump, el muro y el Juicio Final

5 septiembre 2017 en 7:00 pm | Publicado en Sociopolítica | Deja un comentario
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trump

Nadie percibió que era un oxímoron.

Por eso a nadie le hizo gracia que Donald Trump compartiera en su muro de Facebook que iba a construir un muro para dejar de compartir los Estados Unidos con los mejicanos. De hecho es una realidad compleja la de los muros: a nadie le gusta construirlos, pero tumbar los que ya están es todavía menos opinable.

Recuerdo al pequeño racionalista que todo niño de ocho años elige manifestar o reprimir en su interior, preguntándose, a escondidas y en el subconsciente, de dónde se sacaba el catequista que cuando hubiésemos resucitado podríamos atravesar paredes, e iríamos de un sitio a otro instantáneamente. Doy por sabido que los católicos no se contentan con la inmortalidad del alma, como los egipcios u otros pueblos antiguos, sino que sostienen que en el fin del mundo resucitarán nuestros mismos cuerpos, pero mejores. Y atravesarán los muros.

Aunque esas dudas infantiles fueran aplacadas razonablemente (lo fueron), no por ello sería un argumento fuerte contra Trump decir que, pague quien pague ese maldito muro, después del Armagedón cualquier mejicano podrá atravesarlo si se lo propone. Al presidente electo no le preocupa el final de los tiempos. Y a los mejicanos que quieren pasar al otro lado, tampoco.

Marx, Zuckerberg y Byung-Chul Han

marx

A Marx ese final sí que le preocupaba. Se le ocurrió mucho antes que si destruíamos los muros no habría paredes que atravesar: y confundiendo el efecto con la causa, se atrevió a predecir el día del fin del mundo. Esta práctica está denostada hoy en día, pero cuando Karl lo dijo todavía no existían los Testigos de Jehová, y vaticinar fechas concretas concedía un halo de desafío a la propuesta. Cuando destruyamos los muros del mundo será como haber resucitado, dijo. Y, como la resurrección de verdad parecía tardar en llegar, muchos le siguieron.

Volviendo al oxímoron del inicio –o lo que sea-, el problema se gesta y se concluye cuando descubrimos que hay muros que destruyen muros. Ignoro si Zuckerberg pretendía enmendarle la plana a la apocalíptica marxista, pero si es así le salió el tiro por la culata. El muro de extraversión de Facebook es, en suma, la renuncia voluntaria a la protección de los propios límites, y el sometimiento inconsciente de la propia autoestima a la interacción con los otros usuarios. Pero esa desprotección está muy lejos de ser el paraíso en la tierra.

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Marck Zuckerberg, pensando en atravesar los muros

Efectivamente, el problema de pretender adelantar el final de los tiempos destruyendo los muros es que ignora dos preguntas fundamentales: por qué el ser humano no puede atravesar muros; y por qué entonces se empeña en construirlos. Y al eludir las dos preguntas fracasa doblemente. Anular los muros no nos hace capaces de atravesarlos, sino incapaces de reconocerlos; y desconocer por qué el ser humano construye muros, inclina el razonamiento a considerar al ser humano (ese despreciable ser que se empeña en levantar tabiques) como el problema por resolver.

Cuando se es incapaz de reconocer un muro, desaparece también la percepción del propio y el ajeno. Si somos capaces de sobreponernos a la fuerza del jingle (¡Por fin muerte a la propiedad privada!), estaremos capacitados para ver un diagnóstico perturbador.

bc Han

Han, ha predicho muchas cosas perturbadoras en sus libros de divulgación

Byung-Chul Han sostiene que la enfermedad de la era de la comunicación es no ser capaz de decir “no”, no poder diferenciar entre mi yo y los demás: entre lo que me exijo y lo que me exigen; entre lo que quiero y lo que quieren. Como en Facebook la propia autoestima se abandona voluntariamente al juicio ajeno, el paraíso marxista se ha convertido en el paraíso del explotador, pues los asalariados se sienten responsables de la propia precariedad; rechazando la capacidad de discriminación, se hacen voluntariamente incapaces de juicio; anulan el pensamiento, y someten la propia percepción a la opinión ajena. Bienvenidos al Armagedón.

Ratzinger y Zagajewski

En el año 1978, mucho antes de que los periodistas empezaran a tomar sus declaraciones informales como dogmas de fe, el profesor Joseph Ratzinger había manifestado ser de la opinión de que el cuerpo funciona como mecanismo comunicador y, al mismo tiempo, limitador de la comunicación. Porque tengo cuerpo puedo comunicar mis sentimientos; porque mi cuerpo no se puede sobreponer a otro cuerpo, ejerce como límite espacial para quien está a mi lado. El hombre mismo es un oxímoron, una mezcla entre el muro de Facebook y el muro de Trump.

ratzinger

El profesor alemán, cuando sólo era profesor

Zagajewski lo expresa con el dualismo comprensión-comunicación: “Quien quiere comprender pero renuncia a la expresión, nada podrá comprender. Quien quiere expresar pero no busca la comprensión, nada podrá expresar.”

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Zagajewski tiene en común con Ratzinger no sólo su admiración por Juan Pablo II

No podemos ser sólo comunicación. No todavía. El propio cuerpo funciona como límite porque de otro modo no sería cuerpo: la sola comunicación en nosotros es la muerte, la disgregación, la pérdida de la corporalidad. Por eso, en esa conferencia que hemos citado, Ratzinger pudo afirmar que “haber resucitado significa ser comunicable”. Que el ser humano está llamado a resucitar se puede observar en ese deseo de “hipercomunicación imposible” a la que nuestra generación es especialmente sensible.

Pero esto nos está alejando del oxímoron.

Y entonces, ¿Qué?

Después de todo, sin embargo, nuestro niño racionalista en catequesis sigue sin saber por qué cuando resucitaremos podremos vivir como fingimos hacerlo en Facebook, y Trump sigue sin saber por qué no debería construir el muro.

A Trump no le daremos respuesta: que la busque en Facebook.

El niño encontró la respuesta en el artículo de Ratzinger, pero este no es el lugar para contarlo.

Hace años un autobús ateo generó cierto revuelo diciendo que “Es probable que Dios no exista”. Desde entonces los autobuses con mensaje también se han vulgarizado mucho, pero a nosotros nos sirve para incoar nuestra perspectiva. “Es probable que no resucitemos”.

autobus

Pero el problema de la resurrección no es un problema de probabilidades, sino de experiencia. Y es la experiencia de la resurrección que ya ocurrió la que funda el deseo de atravesar los muros. Sin ella, sólo podremos aspirar a construir tabiques para siempre. Como Trump.

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Comprender y com-padecer

29 mayo 2009 en 5:16 pm | Publicado en Uncategorized | 1 comentario
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“Ponte en sus zapatos antes de aventurar en qué parte del pie le duele”, es uno de los mejores consejos que me han dado nunca, y unido al versículo del evangelio “No juzgueis y no seréis juzgados” (Lc. 6, 37 y otros) forman una perfecta vacuna contra cualquier tipo de fundamentalismo.

pies

He soportado durante muchos años una burda y esperpéntica crítica al actual Papa, Benedicto XVI, que le tilda de nazi por haber formado parte del escuadrón antiaéreo del ejército nacional socialista. Mi mayor argumento en defensa del Santo Padre había sido que toda Alemania había sido militarizada, y que antes de ser Papa, el entonces Cardenal Ratzinger había afirmado varias veces que el nacismo le había robado la juventud.

Hace unos días vi un dvd sobre la vida del actual Papa, y me he dado cuenta de que estaba equivocado: no sabía que el padre de Joseph Ratzinger había renunciado a su cómodo puesto en la policía alemana para no ser enrolado en los camisas pardas o en las SS; tampoco sabía que todos los niños alemanes fueron obligados a formar parte de las juventudes hitlerianas; desconocía que, cuando a su grupo antiaéreo se le pidió que pasase a formar parte de las SS, el joven Joseph había respondido, ante el estupor, y luego las burlas e insultos de sus compañeros de pelotón, que él se negaba, y que su deseo era ser sacerdote.

Finalmente, desertó de las filas alemanas -aun a riesgo de ser fusilado- y fue ordenado sacerdote por el Cardenal Michael von Faulhaber, conocido por su oposición al nazismo en la alemania nacionalsocialista.

Concluyo, pues, como es obligado: CRÍTICOS, A LOS ZAPATOS.

Lo que realmente dijo Benedicto XVI

20 marzo 2009 en 6:55 pm | Publicado en Uncategorized | Deja un comentario
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Este texto lo he tomado de http://www.opusprima.wordpress.com y aunque es un poco largo, merece la pena.

“Yo diría lo contrario: pienso que la realidad más eficiente, más presente en el frente de la lucha contra el Sida es precisamente la Iglesia católica, con sus movimientos, con sus diversas realidades. Pienso en la comunidad de San Egidio que hace tanto, visible e invisiblemente, en la lucha contra el Sida, en los Camilos, en todas las monjas que están a disposición de los enfermos… Diría que no se puede superar el problema del Sida sólo con eslóganes publicitarios. Si no está el alma, si no se ayuda a los africanos, no se puede solucionar este flagelo sólo distribuyendo profilácticos: al contrario, existe el riesgo de aumentar el problema. La solución puede encontrarse sólo en un doble empeño: el primero, una humanización de la sexualidad, es decir, una renovación espiritual y humano que traiga consigo una nueva forma de comportarse uno con el otro, y segundo, una verdadera amistad también y sobre todo hacia las personas que sufren, la disponibilidad incluso con sacrificios, con renuncias personales, a estar con los que sufren. Y estos son factores que ayudan y que traen progresos visibles. Por tanto, diría, esta doble fuerza nuestra de renovar al hombre interiormente, de dar fuerza espiritual y humana para un comportamiento justo hacia el propio cuerpo y hacia el prójimo, y esta capacidad de sufrir con los que sufren, de permanecer en los momentos de prueba. Me parece que ésta es la respuesta correcta, y que la Iglesia hace esto y ofrece así una contribución grandísima e importante. Agradecemos a todos los que lo hacen”.

 

 

Ciertamente si uno lee la prensa más punzante hacia la Iglesia en lugar de acudir a la fuente original puede caer en el mismo craso error, por ejemplo, que la portavoz de ICV, Laia Ortiz, que acusa a Benedicto XVI de fomentar la propagación del Sida en África. Dante Alighieri explica que hay cuatro modos de lectura de un texto por orden de importancia significativa y hermenéutica, a saber: analógica – entendimiento –, teológica, moral y literal. Si nos quedamos con esta última, quizá una lectura rápida y de exigua reflexión puede conducirnos, con exagerada precipitación, a enarbolar una inexacta interpretación. “Si no está el alma, si no se ayuda a los africanos, no se puede solucionar este flagelo – el Sida – sólo distribuyendo profilácticos: al contrario, existe el riesgo de aumentar el problema”. Estas palabras del Romano Pontífice están totalmente alejadas de lo que la prensa ha querido interpretar como palabras del Papa. En ningún momento el Santo Padre dice que tal enfermedad no pueda solucionarse con la distribución de preservativos, sino que éstos no pueden ser ni son la única solución, sino que ésta pasa por una verdadera formación sexual.

 

 

El Sumo Pontífice de la Iglesia Católica no se halla alejado de la realidad, todo lo contrario, es conocedor del padecimiento que sacude tanto en África como muchos países de Centro América y América del Sur. Benedicto XVI es muy consciente de la desenfrenada sexualidad – debido a la falta de educación y formación sexual – que se vive en muchos de estos países. Por la experiencia personal de este humilde escribano se qué Benedicto XVI bien sabe la labor que hemos hecho muchos cristianos en muchos de estos lugares, pues así consta. En las aldeas de Nicaragua, por poner sólo un ejemplo, las relaciones sexuales se viven con absoluta irresponsabilidad: en muchas familias – y lo digo por experiencia, reitero – es fácil encontrar niños y niñas de distintos padres y madres, incluso hermanos que han tenido hijos entre ellos. Por esto el Santo Padre afirma que el uso de preservativos no puede ser la única solución a muchas enfermedades como el Sida. Si consideramos que todo queda solucionado con la repartición de preservativos sí estamos cometiendo un gran error. La verdadera solución pasa por formar a las personas y explicarles las graves consecuencias que puede llevar una desordenada vida sexual. Seamos sinceros, todos tenemos, en mayor o menor medida, una vida sexual, pero sólo si somos conscientes de los peligros graves que esto comporta – mantener relaciones sexuales con distintas personas, ya sea en la puerta de una discoteca, en un burdel de carretera o en un intercambio de pareja – podemos evitar trágicas consecuencias que no se solucionan sólo con el uso de preservativo.

Por si acaso algún periódico no se enteró bien.

La Iglesia y Occidente

16 marzo 2009 en 1:42 pm | Publicado en Uncategorized | Deja un comentario
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Cuando me pregunto cuál  es la causa de que se vacíen nuestras iglesias, de que la fe vaya apagándose silenciosamente, me gustaría responder que el motivo central es el vaciado de la figura de Jesús, a la vez que la formulación deísta del concepto de Dios. El sucedáneo de Jesús, más  o menos romántico, que se ofrece no es suficiente. Le falta realidad y cercanía. El Jesús de los Evangelios, que volvemos a conocer en el Catecismo, es Contemporáneo,  porque Él es el Hijo, y es accesible porque es humano. Su historia humana nunca es puro pasado; todo esto está asumido en él y en la comunidad de sus discípulos como presente y me toca.

Ratzinger, Joseph.  Discurso alnte la Comisión Pontificia para América Latina. Febrero de 1994

Joseph Ratzinger

Joseph Ratzinger

Acabo de leer estas palabras mientras esperaba mi turno en la Universidad. Cuando me ha tocado usar el ordenador, no he podido resistirme a glosarlo. Y es en referencia a aquellos que decían que las iglesias de hoy se vaciaban porque la liturgia era poco participativa, o porqeu los curas que iban con sotana no resultaban cercanos.

Como dice el que hoy es el Papa, y yo corroboro esa opinión, es la falta de rigor en lo religioso, la “perdida de sal” de la figura de Jesucristo lo que hace perder fieles a la Iglesia (Si la sal se vuelve sosa, ¿Quién salará? Mateo 5, 13-16).

Por eso también se puede decir qeu echen una mirada a sus frutos los que así piensan (Por sus frutos los conoceréis, Mt 7, 20): Cuantas vocaciones jóvenes salen de esas parroquias “cercanas”, cuantos santos trae consigo el cura “sin sotana”…

No me considero un reaccionario de las buenas costumbres, pero creo que es muy fácil echar las culpas a otros de las omisiones ajenas.

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