Si vais por la carrera del arrabal

8 febrero 2010 en 9:00 am | Publicado en Uncategorized | Deja un comentario
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Un poema procedente de Hijos de la ira, de 1944, libro que supuso un revulsivo en el panorama cultural de la posguerra española y que condicionó gran parte de la literatura posterior. Su autor: un inconfundible Dámaso Alonso.

Si vais por la carrera del arrabal, apartaos, no os inficione mi pestilencia.

El dedo de mi Dios me ha señalado: odre de putrefacción quiso que fuera este mi cuerpo,

y una ramera de solicitaciones mi alma,

no una ramera fastuosa de las que hacen languidecer de amor al príncipe,

sobre el cabezo del valle, en el palacete de verano,

sino una loba del arrabal, acoceada por los trajinantes,

que ya ha olvidado las palabras de amor,

y sólo puede pedir unas monedas de cobre en la cantonada.

Yo soy la piltrafa que el tablejero arroja al perro del mendigo,

y el perro del mendigo arroja al muladar.

Pero desde la mina de las maldades, desde el pozo de la miseria,

mi corazón se ha levantado hasta mi Dios,

y le ha dicho: Oh Señor, tú que has hecho también la podredumbre,

mírame,

yo soy el orujo exprimido en el año de la mala cosecha,

yo soy el excremento del can sarnoso,

el zapato sin suela en el carnero del camposanto,

yo soy el montoncito de estiércol a medio hacer, que nadie compra,

y donde casi ni escarban las gallinas.

Pero te amo,

pero te amo frenéticamente.

¡Déjame, déjame fermentar en tu amor,

deja que me pudra hasta la entraña,

que se me aniquilen hasta las últimas briznas de mi ser,

para que un día sea mantillo de tus huertos!

Hoy tengo Introducción a las ciencias Jurídicas, con el ilustrísimo Manuel Núñez Encabo , Mañana Opinión Pública, y pasado Producción en Nuevas Tecnologías.

El Mundo y la Confesión

13 julio 2009 en 6:17 pm | Publicado en Uncategorized | 24 comentarios
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La imagen es un pelín monjil, pero me pareció bonita

La imagen es un pelín monjil, pero me pareció bonita

Ayer mis ojos tuvieron la mala fortuna de posarse sobre un reportaje de el mundo bajo título “En España no se confiesa ni Dios“. Aparte de que el título me pareció bastante irrespetuoso, luego lo fui leyendo y, pese a que no decía ninguna mentira, sí me desagradó el tono con el que lo contaron. Y es que el mundo tiene una cierta capacidad para hablar como quien está por encima del bien y del mal, de modo que puede aconsejar a cualquiera sin ser llamado a consultas, y es capaz de poner voz a los deseos de la ciudadanía universal.

Me chocó sin embargo la amarga confusión sobre el concepto de dogma en la Iglesia católica, lo que llevó a afirmar al periodista que el de la confesión era un sacramento destinado a desaparecer. Esta afirmación, controvertida de primeras, no tiene en cuenta que la Iglesia no se rige por mayorías de impresiones, precisamente por algo tan elemental como el sentido objetivo -y no subjetivo- de la trascendencia y de la salvación.

Pero no está en mi mano cambiar el mundo -o “El Mundo”-, de modo que pasaré a cambiarme a mí mismo: y como mañana me toca confesarme -lo hago cada siete días- hago el firme propósito de vivir la práctica del Sacramento de mejor modo, haciendo un mejor examen de conciencia, siendo más sincero, y procurando aumentar la contricción.

Es lo que está en mi mano.

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