Encuentros de verano

16 julio 2009 en 6:51 pm | Publicado en Uncategorized | Deja un comentario
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“Hasta hace unos días eran alumnas de bachillerato. Ahora tienen 17 años y acaban de aprobar la selectividad. Van juntas por la acera de la calle Lagasca y hablan las dos a la vez sin dejar de reírse ni un solo instante. Yo estoy aparcando el coche y pasan a mi lado. Me dirijo desde la ventanilla a la que tengo más cerca:

—Hola, Patricia…

La presunta Patricia, que desde luego no se llama así, da un bote sobre el terreno.

—¡Qué susto! ¡Don Enrique!

Salgo del coche. Su acompañante —la llamaremos Cristina— sonríe vagamente y empieza a maniobrar con el vestido. La verdad es que la mini que lleva es tan mini, tan mini, tan airosa y ventilada, que la pobre chica se encuentra incómoda en presencia del cura de su cole.

Les pregunto por las notas, por lo que van a hacer en septiembre y cosas así. Se ha levantado una ligera brisa que perturba aún más a la niña en cuestión. Yo procuro fingir que no me entero y les recomiendo un par de libros para el verano. Entre tanto, Cristina estira y estira la falda sin el menor éxito. Al fin, decido afrontar el tema:

—No te esfuerces, Cristina. La falda no es de goma y si la rompes, el espectáculo será peor. Además llevas el vestido adecuado para que nadie se fije en esos ojos azules tan bonitos que tienes. Y es una pena.

Patricia se ríe. Cristina ni siquiera se pone colorada.

Sí, yo creo que se parece un poco”
 
 
 
 
 
 
****** Entrada publicada en el blog de Enrique Monasterio, el cura con más capacidad para generar anécdotas de los que yo he conocido…
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El Mundo y la Confesión

13 julio 2009 en 6:17 pm | Publicado en Uncategorized | 24 comentarios
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La imagen es un pelín monjil, pero me pareció bonita

La imagen es un pelín monjil, pero me pareció bonita

Ayer mis ojos tuvieron la mala fortuna de posarse sobre un reportaje de el mundo bajo título “En España no se confiesa ni Dios“. Aparte de que el título me pareció bastante irrespetuoso, luego lo fui leyendo y, pese a que no decía ninguna mentira, sí me desagradó el tono con el que lo contaron. Y es que el mundo tiene una cierta capacidad para hablar como quien está por encima del bien y del mal, de modo que puede aconsejar a cualquiera sin ser llamado a consultas, y es capaz de poner voz a los deseos de la ciudadanía universal.

Me chocó sin embargo la amarga confusión sobre el concepto de dogma en la Iglesia católica, lo que llevó a afirmar al periodista que el de la confesión era un sacramento destinado a desaparecer. Esta afirmación, controvertida de primeras, no tiene en cuenta que la Iglesia no se rige por mayorías de impresiones, precisamente por algo tan elemental como el sentido objetivo -y no subjetivo- de la trascendencia y de la salvación.

Pero no está en mi mano cambiar el mundo -o “El Mundo”-, de modo que pasaré a cambiarme a mí mismo: y como mañana me toca confesarme -lo hago cada siete días- hago el firme propósito de vivir la práctica del Sacramento de mejor modo, haciendo un mejor examen de conciencia, siendo más sincero, y procurando aumentar la contricción.

Es lo que está en mi mano.

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