El tren de las tres y diez

1 febrero 2009 en 8:13 pm | Publicado en Uncategorized | Deja un comentario
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Mañana empiezo exámenes definitivamente (Teoría de la Publicidad, a las 12 en punto), y ayer me ví un peliculón (El que pone en el título), un Western, remake de uno anterior rodado en los lejanos 50. Según todos los expertos, esta mejora al original. La película es una lucha entre dos personajes, Christian Bale, como representante de la moral y la Justicia incorruptible (“Dime, los 1000 dolares, ¿Me los extenderás en un cheque, o como me pagarás?¿Qué diré a la gente?¿Que te escapaste sin que yo lo quisiera y que me encontre 1000 dolares?”), frente a la mayor maldad humana, Russell Crowe, encarnada en un asesino sin excrúpulos que recita versículos del Antiguo Testamento. Entre los dos se encadena una suerte de amistad, odio, desconfianza, miedo. Y entre medias, el hijo del hombre justo, demasiado joven y aventurero para comprender que la peor parte en las injusticias no se las lleva quien las padece, sino quien las realiza.

La lucha, con el personaje del hijo, adquiere una nueva dimensión: el padre trata de velar por que su hij no se fije en el vil delincuente, pero a cada escena que pasa el hijo parece más fascinado por la oscuridad y excentricidad de tal personaje, frente a su anodino padre, cojo de guerra, y demasiado bueno para ser interesante.

Me gustó, no voy a decir más. La recomiendo.

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Mientras no tengamos rostro

31 enero 2009 en 7:31 pm | Publicado en Uncategorized | 3 comentarios
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lewis

He roto mi juramento de no escribir nada hasta que no hubieran terminado los exámenes: he aguantado tres semanas, pero esto debo contarlo antes de que se me pase la emoción. Menudo libro.

A C. S. Lewis le admiro profundamente, pues ya he leido 10 de sus obras, pero le veía como un autor simpático, de narración fácil, evidente, cartesiana. Un apologeta como pocos. Pero esta obra a superado mucho mis espectativas: la cogí para leer en trayectos y ha sustituido -muy a pesar mío- horas y horas de tiempo de estudio.

Orual es una mujer fea, como pocas, que es reina de Orual y quiere resarcirse con los dioses presentando una querella. Y su querella es su biografía.

Es el mito de Psique y Hermes trasladado al simbolismo occidental cristiano… Y mucho más humano. no dejéis de leerlo. Cada linea es una sugerencia profundísima.

¿Existe el amor?

1 enero 2009 en 7:34 pm | Publicado en Uncategorized | 10 comentarios
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corazon

“El amor no existe”, es hoy una de las afirmaciones menos expresadas y más sabidas de la juventud española -entre la que me encuentro-. No se piense el/la lector/a que voy a hacer una americanada de este texto: quiero que lo que voy a decir -que ha dicho ya mucha gente, pero sin pensarlo- lo metas en tu interior de forma aséptica, sin influencia exterior alguna:

Mucha gente dice “no existe el amor”, porque tuvo una primera experiencia sentimental -en el sentido estricto de la palabra: sentimiento- que acabó mal -o simplemente acabó-. Y como es a eso a lo que hoy se llama amor, la conclusión lógica es afirmar: “El amor no existe. Y si existe, desde luego no es para siempre”.

Y pienso, humildemente, que ese es el problema:  la confusión de los términos. Ya me he referido en otros post al “gustirrinin” entendido como amor. Y quizás, el problema es más que buscamos fuera de nosotros lo que está dentro de nosotros: el amor existe, está en el interior de cada persona: y cada persona es libre de dárlo a quien quiera, o de quedárselo, en cuyo caso el amor se convierte en celo y búsqueda desenfrenada e irracional del placer personal. Y es una verdadera ruina.

Pero estoy pontificando más de lo que debería, y la imagen es demasiado irónica como para seguir en este tono sin herir a nadie. Quedémonos con la típica frase de película ñoña americana: “El amor está en tu interior”.

Magnanimidad

21 diciembre 2008 en 12:01 pm | Publicado en Uncategorized | 1 comentario
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alexander

La Magnanimidad es la virtud de las “ánimas grandes” de los no amilanados, de los que hacen lo que tienen que hacer, incluso se exceden: los que no son calculadores ni egoistas.

En el fondo, en el campo de las virtudes todo está interrelacionado: quien es un egoista será un pusilánime y probablemente un promiscuo -y en gran parte, la gran promiscuidad de nuestros días es fruto de que se vende el egoismo, no ya como forma vital, sino como exclusiva forma vital-.

A Hernán Cortes -el héroe, hoy proscrito- se le atribuye la frase de “Quemad las naves“: una vez llegaron a tierras americanas para conquistarlas: que nadie pudiera echarse atrás.

Y a Alejandro Magno, a quien he escogido para dar imagen a la virtud, se le atribuye la siguiente historia:

Pasaba con su cortejo por una gran avenida de su Imperio, cuando un pordiosero le gritó:

-¡Alejandro! Tú que tienes tanto, dame una limosna…

El emperador, se apeó del caballo, y acercándose al pordiosero, dijo a su segundo:

-Haz a este hombre gobernador de tres ciudades.

El pordiosero, anonadado, replicó:

-Pero, Alejandro, yo no pedía tanto.

-Lo sé -respondió el emperador- porque tú pides como quien eres; yo doy como quien soy.

Esa es una respuesta magnánima.

Los criterios de actuación

20 noviembre 2008 en 7:39 pm | Publicado en Uncategorized | 2 comentarios
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octopus1

La inteligencia es un don, no un privilegio; y ha de usarse por el bien de la humanidad. Octopus a Spiderman.

Hay dos maneras de entender el mundo: una egoísta y otra entregada. Y conste que no digo egoísta de modo despectivo: utilizó el termino (como ya dijo el “compañero”) como objetivo: egoístamente viven los que tienen en el centro de su vivir a ellos mismos. De esta manera, el amor es un cosquilleo en el estómago, o una sensación superespecial, la diversión es reírse pero mazo, la alegría es tener mucho dinero, y la felicidad es no tener preocupaciones.

Descuide el lector, porque tengo que decir que he conocido muy pocas personas que se rijan exclusivamente por este criterio: hablamos de seres ideales.

 

Sin embargo, existe un segundo método, proscrito en los días que corren: es el criterio de la entrega. No me voy a alargar, entre otras cosas porque el tema me viene grande y espero no liarla: el caso es que, según esta manera de ver el mundo, el Amor es Don voluntario de si, La diversión es hacer que los demás se diviertan, la alegría es el estado habitual del alma, y la felicidad es el Olvido de si por Amor (obsérvese como vuelve sobre sí).

 

En el primer caso, si uno no es muy reflexivo –o, peor, si ahoga sus reflexiones en ruido (literalmente, con música a todas horas, o evitando la soledad a toda costa…) puede llegar a disfrutar la conocida como “felicidad del animal sano”, del cerdo cebado. Es una felicidad bastante superficial, y solo es asequible a unos pocos “afortunados” de los países más desarrollados. La otra está al alcance de cualquier persona, a partir de cualquier momento, y por que sí: sólo es necesario desearlo, y darse cuenta de la realidad que enviste a esta gran maravilla. Es la condición humana, mal que les pese a algunos.

Sobre la Humanidad

16 noviembre 2008 en 5:47 pm | Publicado en Uncategorized | 3 comentarios
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john-nash-juegos

 

Elijo no verlos”. Esa es quizá una de las frases que definen el tema de la película Una mente maravillosa. Y es un fiel reflejo de lo que los filósofos llaman “diferencia de modo  y no de grado”. No es literal la cita fílmica,  pero me hizo mucha gracia.

 

Quizá no se comprenda del todo la expresión sin un contexto: John Nash, matemático, esquizofrénico e inteligentísimo Premio Nobel de Economía, consigue vencer a los efectos de su enfermedad mental, aceptando lo que es, y eludiendo racionalmente los síntomas. Lo pasa mal: sufre recaídas de unas ilusiones dolorosísimas, llega a agredir a su mujer, sospecha que es perseguido por agentes comunistas, y cree observar patrones de mensajes comunistas en clave en cualquier anuncio de tabaco.

 

¿Cómo vence? Con mucha lucha, es evidente. Pero principalmente lo que utiliza es la humanidad, mal que suene a película de azúcar. Y la frase de arriba toma todo su sentido: cuando, ya anciano, y profesor de matemáticas, a John le proponen para el Nobel, y mandan a un emisario para que compruebe su cordura, Nash es preguntado sobre su actual salud mental. “¿Se refiere a las ilusiones? Oh, siguen estando allí. Lo que pasa es que decidí ignorarlas, hasta que se cansaran de mí. Elijo no verlas”.

 

Creo que es precisamente esa frase la que resume con mayor precisión lo que representa a la condición humana: la elevación natural del hombre sobre sus condicionantes naturales –o físicos-. Superar nuestros defectos –de carácter, de enfermedad, de costumbre-, estar por encima de nuestras inclinaciones –y de los malos deseos- es lo que nos hace más humanos, más allá de lo que pensase Rosseau.

 

 El hombre no es bueno por naturaleza: se hace bueno o malo con las decisiones que libremente asume.

 

¿Cómo es de libre el hombre?

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