¿Qué significa ser católico?

29 abril 2009 de 7:37 pm | Publicado en Uncategorized | 2 comentarios
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¿Qué es y qué no es propio de un católico?

¿Qué es y qué no es propio de un católico?

Esta entrada viene incitada por el último post de Catolicoyrojo, que me ha hecho pensar. Porque el autor antes citado se quejaba de que en su catequesis los niños tuvieran una concepción tan firme en materia de aborto -cuando él mismo no lo tiene muy claro- y sin embargo entre ellos hubiera quienes apoyaban la pena de muerte.

Consideraba urgente -y por la falta de urgencia criticaba a los obispos- una evangelización contra la pena de muerte, y no tanto contra el aborto -o, al menos, eso he entendido con el texto- y afirmaba que los obispos no estaban entendiendo la moda de aplicar la moral crisitana y sus valores adaptándolos a la sociedad actual.

Considero a Católicoyrojo un hombre comprometido con su ser Iglesia como no los hay hoy en día, y me admira que tenga tan claras sus ideas, pero, aunque el debate sigue abierto en su página, creo que se equivoca en lo fundamental: en que la autoridad de la Iglesia no es como la autoridad de un equipo de fútbol: la lealtad al Papa y por ende a sus representantes, a partir del dogma de la infalibilidad creo que lleva a otro tipo de conclusiones a las que él llega.

Y creo que esto es solamente una discrepancia honrada. No ha sido mi entrada más brillante ni la más preparada, pero tenía que soltarlo…

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Lo que realmente dijo Benedicto XVI

20 marzo 2009 de 6:55 pm | Publicado en Uncategorized | Deja un comentario
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Este texto lo he tomado de http://www.opusprima.wordpress.com y aunque es un poco largo, merece la pena.

“Yo diría lo contrario: pienso que la realidad más eficiente, más presente en el frente de la lucha contra el Sida es precisamente la Iglesia católica, con sus movimientos, con sus diversas realidades. Pienso en la comunidad de San Egidio que hace tanto, visible e invisiblemente, en la lucha contra el Sida, en los Camilos, en todas las monjas que están a disposición de los enfermos… Diría que no se puede superar el problema del Sida sólo con eslóganes publicitarios. Si no está el alma, si no se ayuda a los africanos, no se puede solucionar este flagelo sólo distribuyendo profilácticos: al contrario, existe el riesgo de aumentar el problema. La solución puede encontrarse sólo en un doble empeño: el primero, una humanización de la sexualidad, es decir, una renovación espiritual y humano que traiga consigo una nueva forma de comportarse uno con el otro, y segundo, una verdadera amistad también y sobre todo hacia las personas que sufren, la disponibilidad incluso con sacrificios, con renuncias personales, a estar con los que sufren. Y estos son factores que ayudan y que traen progresos visibles. Por tanto, diría, esta doble fuerza nuestra de renovar al hombre interiormente, de dar fuerza espiritual y humana para un comportamiento justo hacia el propio cuerpo y hacia el prójimo, y esta capacidad de sufrir con los que sufren, de permanecer en los momentos de prueba. Me parece que ésta es la respuesta correcta, y que la Iglesia hace esto y ofrece así una contribución grandísima e importante. Agradecemos a todos los que lo hacen”.

 

 

Ciertamente si uno lee la prensa más punzante hacia la Iglesia en lugar de acudir a la fuente original puede caer en el mismo craso error, por ejemplo, que la portavoz de ICV, Laia Ortiz, que acusa a Benedicto XVI de fomentar la propagación del Sida en África. Dante Alighieri explica que hay cuatro modos de lectura de un texto por orden de importancia significativa y hermenéutica, a saber: analógica – entendimiento –, teológica, moral y literal. Si nos quedamos con esta última, quizá una lectura rápida y de exigua reflexión puede conducirnos, con exagerada precipitación, a enarbolar una inexacta interpretación. “Si no está el alma, si no se ayuda a los africanos, no se puede solucionar este flagelo – el Sida – sólo distribuyendo profilácticos: al contrario, existe el riesgo de aumentar el problema”. Estas palabras del Romano Pontífice están totalmente alejadas de lo que la prensa ha querido interpretar como palabras del Papa. En ningún momento el Santo Padre dice que tal enfermedad no pueda solucionarse con la distribución de preservativos, sino que éstos no pueden ser ni son la única solución, sino que ésta pasa por una verdadera formación sexual.

 

 

El Sumo Pontífice de la Iglesia Católica no se halla alejado de la realidad, todo lo contrario, es conocedor del padecimiento que sacude tanto en África como muchos países de Centro América y América del Sur. Benedicto XVI es muy consciente de la desenfrenada sexualidad – debido a la falta de educación y formación sexual – que se vive en muchos de estos países. Por la experiencia personal de este humilde escribano se qué Benedicto XVI bien sabe la labor que hemos hecho muchos cristianos en muchos de estos lugares, pues así consta. En las aldeas de Nicaragua, por poner sólo un ejemplo, las relaciones sexuales se viven con absoluta irresponsabilidad: en muchas familias – y lo digo por experiencia, reitero – es fácil encontrar niños y niñas de distintos padres y madres, incluso hermanos que han tenido hijos entre ellos. Por esto el Santo Padre afirma que el uso de preservativos no puede ser la única solución a muchas enfermedades como el Sida. Si consideramos que todo queda solucionado con la repartición de preservativos sí estamos cometiendo un gran error. La verdadera solución pasa por formar a las personas y explicarles las graves consecuencias que puede llevar una desordenada vida sexual. Seamos sinceros, todos tenemos, en mayor o menor medida, una vida sexual, pero sólo si somos conscientes de los peligros graves que esto comporta – mantener relaciones sexuales con distintas personas, ya sea en la puerta de una discoteca, en un burdel de carretera o en un intercambio de pareja – podemos evitar trágicas consecuencias que no se solucionan sólo con el uso de preservativo.

Por si acaso algún periódico no se enteró bien.

Del dolor y la paz

15 febrero 2009 de 7:58 pm | Publicado en Uncategorized | 23 comentarios
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Hay que unir, hay que comprender, hay que disculpar.
No levantes jamás una cruz sólo para recordar que unos han matado a otros. Sería el estandarte del diablo.
La Cruz de Cristo es callar, perdonar y rezar por unos y por otros, para que todos alcancen la paz
.” (San Josemaría Escrivá. Vía Crucis. VIII Estación.) 

En este siglo XX que nosotros hemos visto terminar, se han cometido muchas injusticias. Y desde mi perspectiva, han sido burradas fruto de perder la noción de Dios. El hombre se ha autoproclamado creador de su propia moral, y ese ha sido su final.

Pero también ha sido fruto de la desidia de muchos que se dijeron cristianos y podían haberlo sido más. De ahí la cita que pongo arriba. Y no hace falta que diga nombres.

Sobre la Humanidad

16 noviembre 2008 de 5:47 pm | Publicado en Uncategorized | 3 comentarios
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john-nash-juegos

 

Elijo no verlos”. Esa es quizá una de las frases que definen el tema de la película Una mente maravillosa. Y es un fiel reflejo de lo que los filósofos llaman “diferencia de modo  y no de grado”. No es literal la cita fílmica,  pero me hizo mucha gracia.

 

Quizá no se comprenda del todo la expresión sin un contexto: John Nash, matemático, esquizofrénico e inteligentísimo Premio Nobel de Economía, consigue vencer a los efectos de su enfermedad mental, aceptando lo que es, y eludiendo racionalmente los síntomas. Lo pasa mal: sufre recaídas de unas ilusiones dolorosísimas, llega a agredir a su mujer, sospecha que es perseguido por agentes comunistas, y cree observar patrones de mensajes comunistas en clave en cualquier anuncio de tabaco.

 

¿Cómo vence? Con mucha lucha, es evidente. Pero principalmente lo que utiliza es la humanidad, mal que suene a película de azúcar. Y la frase de arriba toma todo su sentido: cuando, ya anciano, y profesor de matemáticas, a John le proponen para el Nobel, y mandan a un emisario para que compruebe su cordura, Nash es preguntado sobre su actual salud mental. “¿Se refiere a las ilusiones? Oh, siguen estando allí. Lo que pasa es que decidí ignorarlas, hasta que se cansaran de mí. Elijo no verlas”.

 

Creo que es precisamente esa frase la que resume con mayor precisión lo que representa a la condición humana: la elevación natural del hombre sobre sus condicionantes naturales –o físicos-. Superar nuestros defectos –de carácter, de enfermedad, de costumbre-, estar por encima de nuestras inclinaciones –y de los malos deseos- es lo que nos hace más humanos, más allá de lo que pensase Rosseau.

 

 El hombre no es bueno por naturaleza: se hace bueno o malo con las decisiones que libremente asume.

 

¿Cómo es de libre el hombre?

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