Guerra de cifras

19 octubre 2009 en 2:31 pm | Publicado en Uncategorized | 11 comentarios
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Cartel de la manifestación del sábado 

Hoy me voy a quejar, lo lamento. Y voy a hacerlo del periódico más leido de toda España: El País.

El sábado 17 de Octubre, una masa de gente (entre los 55.000 y los 2.000.000, como siempre) asistió a una marcha a favor de la vida y contra el aborto en Madrid.

El País no sacó en su web ninguna noticia sobre como había ido la marcha (y pienso que tenía su importancia, pues iba contra un proyecto de ley que se encuentra en plena discusión): sacaron un video, y un editorial destacando las “mentiras” de la protesta, y se hizo el silencio.

Ayer, la última noticia publicada sobre el tema era que “El PP se suma por fin a la protesta“. (cosa que tampoco era cierta: algunos miembros del PP fueron a título individual… Y otros, a título individual, no fueron).

Sin embargo, la fotografía de la manifestación en San Sebastián a favor de Otegui sí estaba en las páginas de Sociedad ayer tarde, y me atrevo a figurarme que serían menos gente (a tenor de las fotos de una y de otra marcha.)

 

Página de El País 

 

Hoy, por fin aparecía una noticia en portada sobre la marcha contra el aborto. ¿Y cuál era? : “Un nuevo equipo de recuento “adelgaza” manifestaciones”, en la que se “demuestra” que hay un método revolucionario según el cual a la manifestación del sábado asistieron 55.000 personas y no 2.000.000, como afirmaron los organizadores. Aparentemente, cuentan cabezas en las fotografías que sacan.

El dato, más allá de que sea un método revolucionario, me parece bastante inconsistente porque, contando lo que son “objetividades” (más de 600 autobuses de fuera, por ejemplo), se queda muy corto.

Es decir: si calculamos que 600 autobuses (fueron más) llevaron un promedio de 45 tripulantes (también fueron más), nos sale la friolera de 27000 personas (¡casi la mitad del aforo!). Por otra parte, deberíamos contar la incontrolable cantidad de gente que vino por medios propios o públicos (ya fuera en tren, en coche o en avión, como los de canarias). De hecho, un compañero de universidad me ha dicho que de su pueblo de Toledo salieron 30 coches. Pero pongamos que esos sólo fueron 3000 (y ya digo que fueron escandalosamente más): ¿No sería lógico que, tanto por la densidad de población, como por las facilidades para asistir, los de madrid fueran mayoría? Por tanto, no puede ser que de la capital sólo viniesen 25.000: debía de haber bastante más gente.

Una última prueba: si sólo hubiesen sido 55.000, los 2.000 voluntarios sólo nos tendríamos que haber encargado de 25 personas cada uno. Fui de voluntario, y te aseguro, querido lector, que me ocupé de bastantes más.

Ya para acabar, quiero terminar mi queja contra elpais.com de un modo repelente, y sé que mis amigos gallegos me lo echarán en cara: pero, como dije, de la manifestación de Madrid sólo se dice que el PP acudirá (última noticia antes del evento, linkada en este artículo más arriba) y que según un nuevo sistema, al final fueron muchos menos (también linkada). Y a renglón seguido (sólo hace falta buscar “manifestación” en el buscador de elpais.com) aparece el siguiente titular: “Más de 50.000 personas en la mayor marcha por el gallego de la historia”, que, como ataca de pleno al PP gallego (al que no tengo intención de defender, en este artículo ni en ninguno) no necesita de métodos valorativos de capacidad y de “contar cabezas”. La presente marcha tiene tres noticias particulares y una crónica en la página que critico: la manifestación por la vida NINGUNA.

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La utopía de la reja

31 mayo 2009 en 7:50 pm | Publicado en Uncategorized | Deja un comentario
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Hace unas semanas tuvo lugar un evento en Ciudad Universitaria a favor de la 3ª República, con dos ponentes de excepción: Cayo Lara (coordinador de IU) y Julio Anguita (histórico del partido). Fue una convocatoria a la que, casi sin excepción, acudieron afiliados y simpatizantes de izquierda unida y de otros grupos aún más a la izquierda.

A la polarización del acto podríamos sacarle la misma “bipolarización” que vio un amigo mío, nacionalista y de izquierdas, en las banderas que acompañaron a los manifestantes contra el aborto, hace pocas semanas: si se pretende movilizar a la sociedad, no hay porque sacar a relucir lo que nos separa.

Julio Anguita, en un acto por la 3ª República

Julio Anguita, en un acto por la 3ª República

Pero no voy a hablar de eso hoy, porque Julio Anguita dijo en su intervención una frase a la que me he permitido sacarle punta, por supuesto impunemente: “No he conocido ninguna utopía irrealizable.

Pienso que la frase, que lo que venía a decir era que “si no sale es porque no le echamos c…”, también revelaba un segundo significado: todas las utopías son, en sentido estricto, realizables, porque son modos teóricos de organización social, que en el papel parecen beneficiosos para la sociedad en general, pero que precisan de cambios drásticos de configuración. Por tanto, el problema no es tanto que sea o no realizable, sino más bien, si sobre el papel se le encuentran errores que hagan desaconsejable su aplicación práctica. Y eso es, exactamente, lo que me parece que le ocurrió al marxismo en general.

Conste, antes de mi desglose, que admiro profundamente a todos los marxistas que conozco –ya sean trotskistas, leninistas, estalinistas o maoístas –porque  demuestran un compromiso con sus ideas que ha creado en ellos verdadera virtud. Virtud que ya desearíamos los cristianos muchas veces. Además, es bastante probable que mis conclusiones sean fruto de la ignorancia, pues no he leído nada marxista, ni a favor ni en contra. Convencido de que ocurrirá algo por el estilo, adelanto mis disculpas.

Cayo Lara

Cayo Lara

Pero a lo que iba. Julio Anguita habló en realidad de la utopía republicana, y contra ello no tengo nada, pues me considero republicano –aunque tengo que decir que no consta ésta entre las ideas por las que me jugaría el pellejo a día de hoy –. Yo  me quiero centrar más en la utopía comunista, porque me parece más interesante, y porque, pese a que el mundo le haya dado un poco la espalda, sigue teniendo bastante eco en la facultad de Ciencias de la Información de la Complutense, además de que aún mucha gente tiene una vinculación afectiva –aunque ya no ideológica o política –con el puño en alto y la Internacional.

Considero al marxismo como un buen diagnóstico y una mala solución. Era evidente la injusta situación del obrero industrial del siglo XIX; era necesaria una situación más justa. Y a Marx se le ocurrió la idea de la lucha.

No atacaré hoy la “lucha de clases”, porque ya ha sido combatida muchas veces. A quienes tengan interés por saber qué pienso sobre esto, recomiendo la lectura de “Rerum Novarum” del Papa León XIII, o de “Centésimus Annus”, de Juan Pablo II, del mismo modo que se puede echar mano de la teoría del “distribucionismo” inglés, creada por Robert Hugh Benson, Gilbert K. Chesterton, y otros intelectuales británicos. No deja de ser otra utopía.

Pero yo hoy quiero ceñirme –desde mi incultura –a lo que el marxismo llama problema del sistema capitalista. Los pocos videos antiglobalización que he visto en clase, o los manifiestos comunistas que he leído en mi facultad hablan siempre de la Empresa Privada y del empresario como quien habla de un corrupto sin precedentes, lo que me parece un planteamiento algo maniqueo; primero, porque ignora que es tan empresario el dueño de Mc Donnald’s como el zapatero de la esquina; y segundo, porque afirma implícitamente que frente al poder al hombre sólo le cabe corromperse.

Esta idea de la corrosión humana, propia de las culturas post luteranas como la alemana y las tierras centroeuropeas, es la que crea también la paradójica idea comunista de “naturalización” que vimos en clase de teoría de la información con motivo de un texto de Goffmann.  Pero esto es harina de otro costal. Haré una segunda parte otro día. De momento, aquí queda lo dicho.

La libertad y sus usos (II)

24 abril 2009 en 10:59 am | Publicado en Uncategorized | Deja un comentario
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Aunque esta no haya surgido de un arrebato inspirativo como su primera parte, por ser continuación de la anterior, y por llevar mucho tiempo sin escribir.

Recordad la alegoría de la libertad como cuerda: si no, os perderéis. Avisados estáis.

Sobre la libertad, hemos hablado de sus usos, no de lo que trae consigo.

Creo que hoy mucha gente no tiene cuerda, pero, cuando la consigue, descubre que no quiere asumir el peso de llevarla encima. Y entonces llegan otros, más inteligentes, que te aseguran que la llevarán por ti, que no hace falta que te preocupes, que ellos la cargarán hasta que llegue el momento de usarla.

 

Esa es la corriente propia del materialismo: negar las realidades malas, y hacerte ver que lo único necesario es aquello que no cuesta esfuerzo.

 

Y entonces llega el momento de escalar la gran colina, y debes utilizar tu cuerda. Y aquel que no llevaba la cuerda encima –pesaba demasiado, pese a ser una posesión valiosa- tendrá cuerda, pero no tendrá desarrollado el músculo necesario para escalar. Y quien nos llevaba la cuerda –que nos engañó vilmente- nos tendrá en su mano: subirá a lo alto –con nuestra cuerda- y desde allí dirigirá nuestros movimientos: no te preocupes, no precisas, de cuerda. En ese foso se está muy bien, sólo fíate de mi criterio… Y no te preocupes, si la verdad es que pesaba demasiado… Es más, sigo pensando que pesa demasiado, y que deberías darme algo a modo de alquiler por sostener tu cuerda…

 

La libertad tiene sus usos, pero también sus consecuencias. Y no es plenamente libre quién no asume las consecuencias de su actuar libre. Si no tomas la responsabilidad eres esclavo de tu personal inmadurez.

 

 

Lo que las viejas saben (y lo que no)

11 abril 2009 en 5:51 pm | Publicado en Uncategorized | Deja un comentario
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Es que no puede ser que el Papa vaya diciendo por hay que el preservativo provoca SIDA. De verdad que no hay derecho a que lo diga, porque a una le quita la fe…”

Estas eran las palabras de, por lo demás, una venerable anciana que cogía la línea C2 para volver a su casa –como yo- desde Moncloa.

No interrumpí la conversación, pues no hablaba conmigo, pero luego me arrepentí de no haberlo hecho: quizá podía haber aliviado su dolor, haberle resuelto sus dudas, o haberla sacado del error. No lo hice.

Me dio bastante que pensar: el primer juicio que emití sentenció a los medios de comunicación y su irresponsabilidad: Público no mentía en su información: si se leía a fondo todos los artículos podía llegar a saberse lo que el Papa había dicho: pero titular –como lo hicieron –a toda portada “el Papa afirma que los condones <<aumentan el problema del sida>>”, era un ejercicio de demagogia, al más puro estilo del tabloide inglés con su refrán “que la realidad no te estropee una buena historia”. Creo que es urgente que quienes nos dedicamos a los medios tomemos conciencia –para bien –del papel que jugamos en la formación cultural de los individuos; si un periódico es radical, su público lo será: pero mucha parte de ese público lo será sin razón y con vísceras. La línea editorial de un periódico debe llevar a pensar con juicio crítico, no a odiar sin sentido ético.

Pero no me voy por las ramas. En segundo lugar pensé en la ya conocida frase de un santo del siglo XX “una de los mayores problemas de la Iglesia católica es la escasa formación de sus fieles”. Como decía Alejandro Llano, es la lectura la que nos inmuniza contra los totalitarismos, -o, como rezaba también una pintada en mi facultad: “el fascismo se mata leyendo” -: una anciana que no ha leído más que el catecismo y los periódicos, cuando estos dos se contradicen, no sabe qué pensar. 

En tercer lugar, y ya cuando me había bajado del autobús, pensé en la falta de sentido común que demostraba la anciana al afirmar tal cosa. Primero, porque si un titular de periódico destruye tu fe, significa que poca fe tenías; y segundo, porque, si te reconoces católico, reconoces en la figura del Papa –sea quien sea, como decía el mismo santo al que antes cité – a un padre, a un sustituto de Cristo –tu Dios-; y el sentido que da el cariño debería llevarte a tratar de comprender o escuchar a la parte de tu padre, del mismo modo al menos que la hija de un reo escucharía y hasta creería la versión de su padre, mientras no se demostrase que mentía. Es, en el fondo, una cuestión de lealtad.

Por último, mi mente criticó duramente también a la vieja por la volatilidad de los pilares de su fe : “si mi fe me dice A, como A no me gusta, ya no creo”: en el fondo, este modo de pensar que hoy está muy extendido, lo que lleva a afirmar es que lo importante no es alcanzar la verdad de la fe, sino la “originalidad en la fe”, la auocomplacencia personal, la “autorealización”. En mi opinión, el egoísmo de toda la vida, camuflado de derecho irrenunciable.

Y es lo que tantas veces ha criticado el actual Papa: sustituir la verdad por la originalidad.

Me ha quedado una entrada muy larga: lo lamento.

 

 

El tren de las tres y diez

1 febrero 2009 en 8:13 pm | Publicado en Uncategorized | Deja un comentario
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Mañana empiezo exámenes definitivamente (Teoría de la Publicidad, a las 12 en punto), y ayer me ví un peliculón (El que pone en el título), un Western, remake de uno anterior rodado en los lejanos 50. Según todos los expertos, esta mejora al original. La película es una lucha entre dos personajes, Christian Bale, como representante de la moral y la Justicia incorruptible (“Dime, los 1000 dolares, ¿Me los extenderás en un cheque, o como me pagarás?¿Qué diré a la gente?¿Que te escapaste sin que yo lo quisiera y que me encontre 1000 dolares?”), frente a la mayor maldad humana, Russell Crowe, encarnada en un asesino sin excrúpulos que recita versículos del Antiguo Testamento. Entre los dos se encadena una suerte de amistad, odio, desconfianza, miedo. Y entre medias, el hijo del hombre justo, demasiado joven y aventurero para comprender que la peor parte en las injusticias no se las lleva quien las padece, sino quien las realiza.

La lucha, con el personaje del hijo, adquiere una nueva dimensión: el padre trata de velar por que su hij no se fije en el vil delincuente, pero a cada escena que pasa el hijo parece más fascinado por la oscuridad y excentricidad de tal personaje, frente a su anodino padre, cojo de guerra, y demasiado bueno para ser interesante.

Me gustó, no voy a decir más. La recomiendo.

Magnanimidad

21 diciembre 2008 en 12:01 pm | Publicado en Uncategorized | 1 comentario
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alexander

La Magnanimidad es la virtud de las “ánimas grandes” de los no amilanados, de los que hacen lo que tienen que hacer, incluso se exceden: los que no son calculadores ni egoistas.

En el fondo, en el campo de las virtudes todo está interrelacionado: quien es un egoista será un pusilánime y probablemente un promiscuo -y en gran parte, la gran promiscuidad de nuestros días es fruto de que se vende el egoismo, no ya como forma vital, sino como exclusiva forma vital-.

A Hernán Cortes -el héroe, hoy proscrito- se le atribuye la frase de “Quemad las naves“: una vez llegaron a tierras americanas para conquistarlas: que nadie pudiera echarse atrás.

Y a Alejandro Magno, a quien he escogido para dar imagen a la virtud, se le atribuye la siguiente historia:

Pasaba con su cortejo por una gran avenida de su Imperio, cuando un pordiosero le gritó:

-¡Alejandro! Tú que tienes tanto, dame una limosna…

El emperador, se apeó del caballo, y acercándose al pordiosero, dijo a su segundo:

-Haz a este hombre gobernador de tres ciudades.

El pordiosero, anonadado, replicó:

-Pero, Alejandro, yo no pedía tanto.

-Lo sé -respondió el emperador- porque tú pides como quien eres; yo doy como quien soy.

Esa es una respuesta magnánima.

Los criterios de actuación

20 noviembre 2008 en 7:39 pm | Publicado en Uncategorized | 2 comentarios
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octopus1

La inteligencia es un don, no un privilegio; y ha de usarse por el bien de la humanidad. Octopus a Spiderman.

Hay dos maneras de entender el mundo: una egoísta y otra entregada. Y conste que no digo egoísta de modo despectivo: utilizó el termino (como ya dijo el “compañero”) como objetivo: egoístamente viven los que tienen en el centro de su vivir a ellos mismos. De esta manera, el amor es un cosquilleo en el estómago, o una sensación superespecial, la diversión es reírse pero mazo, la alegría es tener mucho dinero, y la felicidad es no tener preocupaciones.

Descuide el lector, porque tengo que decir que he conocido muy pocas personas que se rijan exclusivamente por este criterio: hablamos de seres ideales.

 

Sin embargo, existe un segundo método, proscrito en los días que corren: es el criterio de la entrega. No me voy a alargar, entre otras cosas porque el tema me viene grande y espero no liarla: el caso es que, según esta manera de ver el mundo, el Amor es Don voluntario de si, La diversión es hacer que los demás se diviertan, la alegría es el estado habitual del alma, y la felicidad es el Olvido de si por Amor (obsérvese como vuelve sobre sí).

 

En el primer caso, si uno no es muy reflexivo –o, peor, si ahoga sus reflexiones en ruido (literalmente, con música a todas horas, o evitando la soledad a toda costa…) puede llegar a disfrutar la conocida como “felicidad del animal sano”, del cerdo cebado. Es una felicidad bastante superficial, y solo es asequible a unos pocos “afortunados” de los países más desarrollados. La otra está al alcance de cualquier persona, a partir de cualquier momento, y por que sí: sólo es necesario desearlo, y darse cuenta de la realidad que enviste a esta gran maravilla. Es la condición humana, mal que les pese a algunos.

Sobre la Humanidad

16 noviembre 2008 en 5:47 pm | Publicado en Uncategorized | 3 comentarios
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john-nash-juegos

 

Elijo no verlos”. Esa es quizá una de las frases que definen el tema de la película Una mente maravillosa. Y es un fiel reflejo de lo que los filósofos llaman “diferencia de modo  y no de grado”. No es literal la cita fílmica,  pero me hizo mucha gracia.

 

Quizá no se comprenda del todo la expresión sin un contexto: John Nash, matemático, esquizofrénico e inteligentísimo Premio Nobel de Economía, consigue vencer a los efectos de su enfermedad mental, aceptando lo que es, y eludiendo racionalmente los síntomas. Lo pasa mal: sufre recaídas de unas ilusiones dolorosísimas, llega a agredir a su mujer, sospecha que es perseguido por agentes comunistas, y cree observar patrones de mensajes comunistas en clave en cualquier anuncio de tabaco.

 

¿Cómo vence? Con mucha lucha, es evidente. Pero principalmente lo que utiliza es la humanidad, mal que suene a película de azúcar. Y la frase de arriba toma todo su sentido: cuando, ya anciano, y profesor de matemáticas, a John le proponen para el Nobel, y mandan a un emisario para que compruebe su cordura, Nash es preguntado sobre su actual salud mental. “¿Se refiere a las ilusiones? Oh, siguen estando allí. Lo que pasa es que decidí ignorarlas, hasta que se cansaran de mí. Elijo no verlas”.

 

Creo que es precisamente esa frase la que resume con mayor precisión lo que representa a la condición humana: la elevación natural del hombre sobre sus condicionantes naturales –o físicos-. Superar nuestros defectos –de carácter, de enfermedad, de costumbre-, estar por encima de nuestras inclinaciones –y de los malos deseos- es lo que nos hace más humanos, más allá de lo que pensase Rosseau.

 

 El hombre no es bueno por naturaleza: se hace bueno o malo con las decisiones que libremente asume.

 

¿Cómo es de libre el hombre?

La ancianidad a debate

11 noviembre 2008 en 8:00 pm | Publicado en Uncategorized | 3 comentarios
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fjb

Puerta de la comisaría de Pío XII (Madrid): son las 7:20 de la mañana, la hora a la que hay que acudir si quieres renovar tu DNI (Documento Nacional de Identidad) de inmediato, sin aguardar tu turno en una lista de espera inmensa.

Cuando llegué a la puerta ya había gente esperando: algunos habían llegado a las 7, o incluso antes. Dos ancianas estaban en primer lugar, y sólo compartían el estar ahí, y el ser ancianas. La que encabezaba la cola era una anciana simpática, de estas que eran unas pícaras de pueblo en su juventud: vestía con un especie de blusón, unas chanclas -aun era verano- y un abrigo de gomaespuma abierto.

La segunda era el ocaso de una señora respetable, con un gesto un poco retraido o contenido: quizá introvertida en sus movimientos, algo comedida.

Hablaban de las vanalidades del tiempo, de lo injusto de la espera, de lo ancianas que eran… La primera de forma chavacana y graciosa; la segunda citando a poetas. De vez en cuando nos citaban a alguno de los que estabamos allí con algunos años menos, y decían la consabida frase de “quién fuera joven”.

Por fin, entraron en el gran tema de discusión al que quiero dedicar ese post: comenzaron a hablar de lo cara que estaba saliendo la hipotéca “con eso de la crisis”. Y entonces, la anciana expansiva, la de pueblo, comentó:

-Pues en la caja donde yo trabajo, tengo una compañera que lleva viviendo en su piso sin pagar el alquiler durante dos años, y los dueños no la pueden echar porque la ley no lo permite -exhaló aire fuerte y declaró- ¡Si es que se le quitan a una las ganas de ser honrada!

Sin embargo, a la señora de alta cuna le mudó el gesto, y haciendo un mohín y midiendo mucho sus palabras, declaró:

– Pues usted perdone, pero la verdad es que su amiga a mí lo que me parece es que es una sinvergüenza. -y sobre la marcha se puso colorada, tal vez sorprendida de su atrevimiento -pero sin faltar.

– No, si no se preocupe -la expansiva era todo palabras y nada pudor- si yo he dicho compañera, pero digo, que la envidia es terrible…

– Ah, pues ahí yo no pienso como usted -la “pija” volvía al ataque, con redoblados esfuerzos por parecer al turno contundente y bien educada-: a mí no me da ninguna envidia una persona que se salta la ley…

Lo cierto es que la discusión siguió por otros derroteros, y las dos seóras siguieron constatando sus diferencias. Yo me quedé con ese debate: ¿La ley es un contrato social que todos debemos cumplir porque si no los demás sienten envidia? ¿El derecho es sólo un acuerdo de paz entre todos los individuos en base a sobrevivir? ¿No hay nada más, y por eso sentimos envidia?

La respuesta de la anciana elegante era mucho más esclarecedora: no basta con cumplir la ley, o con encontrar esquinas sin definir: lo importante en esta vida es ser honrado, aunque aparentemente no me reporte ningún beneficio (como digo, aparentemente).

Sin embargo, ese mismo debate lo propuso Sócrates hace muchos siglos: ¿Es preferible padecer o ejecutar la injusticia?

ÉL se moja: es mejor padecerla, porque -partiendo de la inmanencia del actuar humano- todo acto afecta al ser humano; y , por tanto, quien comete una injusticia se hace injusto, y no ocurre así en el lado contrario.

Ahora, os toca.

De los tipos de familia y su longitud

18 octubre 2008 en 11:25 am | Publicado en Uncategorized | Deja un comentario
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Hace años discutía con varios de clase sobre las ventajas y desventajas de tener más o menos hijos. Con decir que tengo ocho hermanos hago evidente al público la que era –y es- mi postura.

 

La discusión era bastante dispersa –como casi todas las que mantuve en mi etapa escolar- y si se agotaba una perspectiva de ataque en alguno de los bandos, se solía abordar otra, sin que quedase claro quién se había llevado el gato al agua.

 

Pero, como solía pasar, al final, alguien soltó el argumento que me tocaba –y me toca-  la fibra: “Cuantos más hijos tengas, menos te dará el tiempo para darle cariño a cada uno, es decir, les quieres menos”.

 

Como ya he dicho, me calcinan, y volqué mi calcinamiento sobre el desprevenido combatiente:

 

          Mis padres tienen nueve hijos. Mi madre nos dedica casi la totalidad de la jornada –porque le da la gana, debía haber incluido por entonces-. Mi padre, por el contrario, no puede dedicarnos tanto tiempo, pues trabaja remuneradamente para sacar adelante la economía familiar; ero, a cambio, cuando llegaba a casa y yo era pequeño, se quitaba la corbata y –cansado como vendría- se tiraba al suelo para jugar, durante el tiempo que nos quedase hasta acostarnos, a las tinieblas, a los barcos, a los animales… O a lo que terciara. Y dudo que fuera lo que más le apetecía –en aquellos lejanos años, también existía el fútbol, y la cerveza de antes de cenar, y la tranquilidad de un sofá, y la compañía de su mujer…- pero él jugaba con los cinco que éramos entonces, y nos hacía sentir muy queridos… Pese a ser cinco.

          Bueno, ya –era evidente que, tras esa perorata, no daba para mucha discusión- es que tu padre será un santo.

 

En aquel momento me pareció la respuesta evasiva de quien quiere abordar otra “perspectiva” más maleable de la discusión. Y, en cierta medida, así era, y así hicimos.

 

Luego, con los años, he recordado mucho esa discusión, que se podría resumir en dos lemas, uno popular y otro de autor:

 

El problema no es la cantidad, sino la calidad”, el primero; y “Estas crisis mundiales son crisis de santos”, el segundo.

 

Os toca.

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