Prejuicos culturales

5 enero 2010 en 12:36 pm | Publicado en Uncategorized | Deja un comentario
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Artículo poblicado en lifeandblogs:

Un argumento (por llamarlo de alguna manera) muy utilizado entre los círculos prochoice para desautorizar el mensaje prolife es el consabido prejuicio de “sois un@s hipócritas, que aquí no queréis que haya ley y luego os vais a abortar a Londres”.

Es un argumento terriblemente anacrónico, porque se origina con el trámite de la primera ley abortiva de España, en los primeros años 80. En esos años, si una mujer tenía que abortar, lo hacía en el extranjero o clandestinamente. Y por tanto podría tener su sentido el que en aquella época abortaran sólo las que tenían medios económicos. No deja de ser un reduccionismo clasista, además de pasarse la presunción de inocencia por el forro (aproximadamente), pero podía entenderse por aquellos años: ahora, decir estas tonterías en pleno siglo XXI, cuando a España vienen cada año jóvenes de países extranjeros a abortar fuera de plazo (y saltándose la ley), solo demuestra el desbarajuste en el que han caído ciertas teorías políticas y cosmológicas que ignoran el valor de la persona humana.

Por eso creo que es el momento de la esperanza: aunque sólo sea por aquello que decía Chesterton, de que lo único que le consolaba de ciertas teorías sobre control de natalidad, era que pronto serían más los buenos (porque los malos mueren sin descendencia). Nuestra misión no es ganar la batalla (la batalla está ganada), sino ganarla con el menor número de pérdidas. Por eso hay que darse prisa. Y por eso necesitamos tu colaboración.

P.D: A la imagen podríamos añadirle: “My negro was proslaves”

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Después de la sequía

11 septiembre 2009 en 12:17 pm | Publicado en Uncategorized | 4 comentarios
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Llevo más de tres semanas sin publicar, y esto empezaba a ser vergonzante: no sé si cabrearé a Anarel al escribir esto, pero como he estado en un intensivo de filosofía durante los meses de Julio y Agosto, y ahora estoy dando las últimas pinceladas por mi cuenta, voy a tratar de sintetizar una idea que he estado madurando estos días. Si no me sale, lo lamento. Y si os ofende que me disculpe, pues ánimo.

La clave es que ayer recibí una clase magistral sobre la noción de libertad. Entramos en lo más profundo del siglo XX, con todas las influencias de Nietzsche y las peculiares ideas de Sartre, del tipo “o la libertad es absoluta o no es en absoluto“, que me dejaron pensando.

Nietzsche afirma (no demuestra, que es un punto importante) que la moral es un invento judeocristiano que sirve para controlar al fuerte, negándole la libertad , a modo de instrumento de protección y control de los débiles y resentidos.

A esto se une lo que tantas veces ha dicho Anarel: la moral es una invención humana, porque ninguna otra especie animal tiene un código moral.

Y aquí viene mi afirmación controvertida: La moral nos hace libres. Es más: es lo ÚNICO que puede hacernos libres. Y es por un motivo muy sencillo: a un león hambriento que se encuentre con un hombre herido, no le puedes decir: “En la tabla de la ley pone NO MATARÁS”. ¿Por qué? Porque sus instintos le mueven a actuar de una determinada manera. No tiene una conciencia de sí, y por tanto no es capaz de saber lo que le conviene a él, ni lo que sería bueno: el cuerpo le pide carne, y no se anda con remilgos de si al que se zampa es soltero o deja viuda y  cuatro churumbeles.

Y es curioso: mi profesor de filosofía lo decía de esta manera: “Ese es el fundamento de nuestra libertad: la prohibición moral existe precisamente porque podríamos llevarla a cabo: al último hombre sobre la tierra ese precepto no le afecta en absoluto“. En último extremo, no debo matar, porque matar destruye mi naturaleza: me convierte en asesino. Pero no debo matar porque puedo hacerlo.

La filosofía moderna y una gran porción de la contemporánea ha afirmado que eso es opinable, y que la ley moral es subjetiva. Y yo diré: en parte es cierto y en parte es mentira: es cierto que la decisión moral la toma cada uno con sus cadaunadas: y que si a ti no te parece algo bien, nadie te lo va a hacer creer bueno (aquí, comentó mi profesor el famoso “brindis por la conciencia“, que hizo el próximamente beato Cardenal Newman, “por encima del Papa”, reflexión que es eminentemente católica, por cierto.). Y sin embargo, también es cierto que puedes estar haciendo algo mal pensando que actuas bien, y también es cierto que hay ciertos actos que hacemos y que sabemos que no están bien (creo que todos reprobaríamos el pegar a nuestra madre: y sin embargo, quien crea que no le puede llegar a pasar, es que no se conoce, me temo.). Contra esto, Nietzsche dice: “si tu madre no es capaz de defenderse, que no te cuente las milongas de que no debes pegarla”.

Y mi conclusión, es la siguiente: la ventaja de la filosofía atea de los siglos XIX y XX es que ha sido terriblemente coherente: y si sus discípulos las llevan hasta el extremo (aquí hemos visto el caso de Nietzsche y de Sartre): sólo les queda: enloquecer, suicidarse, o reconocer la verdad del cristianismo. Por tanto, la incomprensión hacia la ética cristiana desde una perspectiva nihilista es fruto siempre de una exagerada abstracción del concepto de ética: en cuanto los motivos se vuelven personales, la ética personal se convierte en exigencia universal.

Y con esto tengo polémica para un mes.

Lo que realmente dijo Benedicto XVI

20 marzo 2009 en 6:55 pm | Publicado en Uncategorized | Deja un comentario
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Este texto lo he tomado de http://www.opusprima.wordpress.com y aunque es un poco largo, merece la pena.

“Yo diría lo contrario: pienso que la realidad más eficiente, más presente en el frente de la lucha contra el Sida es precisamente la Iglesia católica, con sus movimientos, con sus diversas realidades. Pienso en la comunidad de San Egidio que hace tanto, visible e invisiblemente, en la lucha contra el Sida, en los Camilos, en todas las monjas que están a disposición de los enfermos… Diría que no se puede superar el problema del Sida sólo con eslóganes publicitarios. Si no está el alma, si no se ayuda a los africanos, no se puede solucionar este flagelo sólo distribuyendo profilácticos: al contrario, existe el riesgo de aumentar el problema. La solución puede encontrarse sólo en un doble empeño: el primero, una humanización de la sexualidad, es decir, una renovación espiritual y humano que traiga consigo una nueva forma de comportarse uno con el otro, y segundo, una verdadera amistad también y sobre todo hacia las personas que sufren, la disponibilidad incluso con sacrificios, con renuncias personales, a estar con los que sufren. Y estos son factores que ayudan y que traen progresos visibles. Por tanto, diría, esta doble fuerza nuestra de renovar al hombre interiormente, de dar fuerza espiritual y humana para un comportamiento justo hacia el propio cuerpo y hacia el prójimo, y esta capacidad de sufrir con los que sufren, de permanecer en los momentos de prueba. Me parece que ésta es la respuesta correcta, y que la Iglesia hace esto y ofrece así una contribución grandísima e importante. Agradecemos a todos los que lo hacen”.

 

 

Ciertamente si uno lee la prensa más punzante hacia la Iglesia en lugar de acudir a la fuente original puede caer en el mismo craso error, por ejemplo, que la portavoz de ICV, Laia Ortiz, que acusa a Benedicto XVI de fomentar la propagación del Sida en África. Dante Alighieri explica que hay cuatro modos de lectura de un texto por orden de importancia significativa y hermenéutica, a saber: analógica – entendimiento –, teológica, moral y literal. Si nos quedamos con esta última, quizá una lectura rápida y de exigua reflexión puede conducirnos, con exagerada precipitación, a enarbolar una inexacta interpretación. “Si no está el alma, si no se ayuda a los africanos, no se puede solucionar este flagelo – el Sida – sólo distribuyendo profilácticos: al contrario, existe el riesgo de aumentar el problema”. Estas palabras del Romano Pontífice están totalmente alejadas de lo que la prensa ha querido interpretar como palabras del Papa. En ningún momento el Santo Padre dice que tal enfermedad no pueda solucionarse con la distribución de preservativos, sino que éstos no pueden ser ni son la única solución, sino que ésta pasa por una verdadera formación sexual.

 

 

El Sumo Pontífice de la Iglesia Católica no se halla alejado de la realidad, todo lo contrario, es conocedor del padecimiento que sacude tanto en África como muchos países de Centro América y América del Sur. Benedicto XVI es muy consciente de la desenfrenada sexualidad – debido a la falta de educación y formación sexual – que se vive en muchos de estos países. Por la experiencia personal de este humilde escribano se qué Benedicto XVI bien sabe la labor que hemos hecho muchos cristianos en muchos de estos lugares, pues así consta. En las aldeas de Nicaragua, por poner sólo un ejemplo, las relaciones sexuales se viven con absoluta irresponsabilidad: en muchas familias – y lo digo por experiencia, reitero – es fácil encontrar niños y niñas de distintos padres y madres, incluso hermanos que han tenido hijos entre ellos. Por esto el Santo Padre afirma que el uso de preservativos no puede ser la única solución a muchas enfermedades como el Sida. Si consideramos que todo queda solucionado con la repartición de preservativos sí estamos cometiendo un gran error. La verdadera solución pasa por formar a las personas y explicarles las graves consecuencias que puede llevar una desordenada vida sexual. Seamos sinceros, todos tenemos, en mayor o menor medida, una vida sexual, pero sólo si somos conscientes de los peligros graves que esto comporta – mantener relaciones sexuales con distintas personas, ya sea en la puerta de una discoteca, en un burdel de carretera o en un intercambio de pareja – podemos evitar trágicas consecuencias que no se solucionan sólo con el uso de preservativo.

Por si acaso algún periódico no se enteró bien.

El tren de las tres y diez

1 febrero 2009 en 8:13 pm | Publicado en Uncategorized | Deja un comentario
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3_10

Mañana empiezo exámenes definitivamente (Teoría de la Publicidad, a las 12 en punto), y ayer me ví un peliculón (El que pone en el título), un Western, remake de uno anterior rodado en los lejanos 50. Según todos los expertos, esta mejora al original. La película es una lucha entre dos personajes, Christian Bale, como representante de la moral y la Justicia incorruptible (“Dime, los 1000 dolares, ¿Me los extenderás en un cheque, o como me pagarás?¿Qué diré a la gente?¿Que te escapaste sin que yo lo quisiera y que me encontre 1000 dolares?”), frente a la mayor maldad humana, Russell Crowe, encarnada en un asesino sin excrúpulos que recita versículos del Antiguo Testamento. Entre los dos se encadena una suerte de amistad, odio, desconfianza, miedo. Y entre medias, el hijo del hombre justo, demasiado joven y aventurero para comprender que la peor parte en las injusticias no se las lleva quien las padece, sino quien las realiza.

La lucha, con el personaje del hijo, adquiere una nueva dimensión: el padre trata de velar por que su hij no se fije en el vil delincuente, pero a cada escena que pasa el hijo parece más fascinado por la oscuridad y excentricidad de tal personaje, frente a su anodino padre, cojo de guerra, y demasiado bueno para ser interesante.

Me gustó, no voy a decir más. La recomiendo.

La ancianidad a debate

11 noviembre 2008 en 8:00 pm | Publicado en Uncategorized | 3 comentarios
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fjb

Puerta de la comisaría de Pío XII (Madrid): son las 7:20 de la mañana, la hora a la que hay que acudir si quieres renovar tu DNI (Documento Nacional de Identidad) de inmediato, sin aguardar tu turno en una lista de espera inmensa.

Cuando llegué a la puerta ya había gente esperando: algunos habían llegado a las 7, o incluso antes. Dos ancianas estaban en primer lugar, y sólo compartían el estar ahí, y el ser ancianas. La que encabezaba la cola era una anciana simpática, de estas que eran unas pícaras de pueblo en su juventud: vestía con un especie de blusón, unas chanclas -aun era verano- y un abrigo de gomaespuma abierto.

La segunda era el ocaso de una señora respetable, con un gesto un poco retraido o contenido: quizá introvertida en sus movimientos, algo comedida.

Hablaban de las vanalidades del tiempo, de lo injusto de la espera, de lo ancianas que eran… La primera de forma chavacana y graciosa; la segunda citando a poetas. De vez en cuando nos citaban a alguno de los que estabamos allí con algunos años menos, y decían la consabida frase de “quién fuera joven”.

Por fin, entraron en el gran tema de discusión al que quiero dedicar ese post: comenzaron a hablar de lo cara que estaba saliendo la hipotéca “con eso de la crisis”. Y entonces, la anciana expansiva, la de pueblo, comentó:

-Pues en la caja donde yo trabajo, tengo una compañera que lleva viviendo en su piso sin pagar el alquiler durante dos años, y los dueños no la pueden echar porque la ley no lo permite -exhaló aire fuerte y declaró- ¡Si es que se le quitan a una las ganas de ser honrada!

Sin embargo, a la señora de alta cuna le mudó el gesto, y haciendo un mohín y midiendo mucho sus palabras, declaró:

– Pues usted perdone, pero la verdad es que su amiga a mí lo que me parece es que es una sinvergüenza. -y sobre la marcha se puso colorada, tal vez sorprendida de su atrevimiento -pero sin faltar.

– No, si no se preocupe -la expansiva era todo palabras y nada pudor- si yo he dicho compañera, pero digo, que la envidia es terrible…

– Ah, pues ahí yo no pienso como usted -la “pija” volvía al ataque, con redoblados esfuerzos por parecer al turno contundente y bien educada-: a mí no me da ninguna envidia una persona que se salta la ley…

Lo cierto es que la discusión siguió por otros derroteros, y las dos seóras siguieron constatando sus diferencias. Yo me quedé con ese debate: ¿La ley es un contrato social que todos debemos cumplir porque si no los demás sienten envidia? ¿El derecho es sólo un acuerdo de paz entre todos los individuos en base a sobrevivir? ¿No hay nada más, y por eso sentimos envidia?

La respuesta de la anciana elegante era mucho más esclarecedora: no basta con cumplir la ley, o con encontrar esquinas sin definir: lo importante en esta vida es ser honrado, aunque aparentemente no me reporte ningún beneficio (como digo, aparentemente).

Sin embargo, ese mismo debate lo propuso Sócrates hace muchos siglos: ¿Es preferible padecer o ejecutar la injusticia?

ÉL se moja: es mejor padecerla, porque -partiendo de la inmanencia del actuar humano- todo acto afecta al ser humano; y , por tanto, quien comete una injusticia se hace injusto, y no ocurre así en el lado contrario.

Ahora, os toca.

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