El “Down” como síndrome

25 mayo 2009 en 7:38 pm | Publicado en Uncategorized | 2 comentarios
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Hoy hemos comentado en clase de teoría de la Comunicación una noticia de El País sobre Pablo Pineda, el famoso actor, primer licenciado down de Europa, según el texto.

Y la polémica ha surgido tras el primer testimonio: porque alguien ha llamado enfermedad al tal síndrome, y la profesora se ha acelerado a afirmar que no es tal, sino un síndrome concreto, fruto de una trisomía cromosómica en el par 21.

 Yo he pretendido aclarar el malentendido, basándome en mi experiencia: no en vano gozo del trato de un tío y un primo que padecen los efectos de este “síndrome”. He aclarado que, si bien no he consultado la OMS, las personas con síndrome de down suelen tener en común trastornos auditivos y de la vista, además de problemas de corazón, y otros tantos.

 La profesora ha añadido que desde luego que tenía razón, pero que no era apropiado llamar lo enfermedad, al igual que no debía llamar discapacitadas a las personas que sufren una discapacidad, sino que debía decirse que “tenían una discapacidad” (todo esto, según lo que entendí: no eran palabras textuales.).

Luego, comentando la noticia, ha afirmado que “el hecho de que la noticia recoja las declaraciones textuales de Pablo Pineda ayuda a que no despierte en nosotros el sentimiento reflejo de compasión”.

 Y mi conclusión es la clásica crítica a la sociedad posmoderna de nuestros días, que como no sabe muy bien lo que es el hombre, acude a lo básico: sus prestaciones. Y por tanto, establece la dignidad de la vida humana en las diferentes capacidades que cada individuo puede desarrollar. Es un planteamiento utilitarista de la vida humana que, a la larga, lleva a errores como los eternos eufemismos –de tarados, a minusválidos, pasando por discapacitados, y hasta que lleguemos a las “capacidades alternativas”- y, cuando la verdad se manifieste innegable, a la eugenesia.

 Quizá suene un poco fuerte, pero cada vez me parece más evidente. Cuando una sociedad se niega a llamar a las cosas por su nombre, algo muy malo se está cerniendo sobre ella. Y cuando la sociedad niega a sus individuos la compasión, el camino se hace más individual, pero también más arduo, y con menor posibilidad de éxito.

 Pienso que la verdad duele, pero cura. La mentira anula el sufrimiento, pero desangra.

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Hoy, sesión crítica

13 mayo 2009 en 8:00 pm | Publicado en Uncategorized | 5 comentarios
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El periódico El Mundo tiene una corresponsal que es un poquito desagradable: en particular porque se salta la verdad para defender su mensaje. Su nombre es Irene Hernández Velasco, y seguro que es una magnífica reportera, pero no es una mujer prudente ni responsable en la aplicación de informaciones. Por ejemplo, los últimos dos días ha recordado a su audiencia en tres ocasiones que el Papa “fue nazi”, sin que viniera a cuento, y sin dar a conocer más que en una tímida aclaración de hoy que en realidad el Papa fue alistado a la fuerza en las juventudes hitlerianas, que trató durante toda la guerra de desertar y que pertenecía a una familia radicalmente antinazi.

Ha sido muy gracioso que El Mundo, mediante la crónica de los acontecimientos de esta corresponsal, ha cargado más las tintas anti-papistas que el mismo “El País“, a quien se le supondría una actitud más crítica. Hasta el punto de que ayer, por fin el acontecimiento dejó de tener importancia para hablar exclusivamente de las declaraciones de Bertone sobre la no pertenencia del Papa a movimientos nazis en su juventud. 

Estoy escribiendo a lo burro, pero estoy cansado -entre Funimedias, Primeras Comuniones, Trabajos in extremis y rosarios universitarios, estoy durmiendo una media de -2 al día. Eso no es sostenible, ni para el blog, ni para el cerebro, ni para los exámenes.

Pero nadie ha entrado aquí para leerme crying. Concluyo: 

Es lo que tienen los medios. Que mienten.

Visita al Valle de los Caidos

1 septiembre 2008 en 6:55 pm | Publicado en Uncategorized | 2 comentarios
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 Hace unas dos semanas fui de excursión al Escorial, y, de paso, visitamos el Valle de los Caidos, porque yo no había ido nunca y me apetecía conocerlo.

Lo cierto es que iba co ilusión: varias veces, al pasar por la zona para ir a Segovia y otros sitios, me había emocionado al ver la gran cruz erguida sobre la montaña, imponente. Y, sí, imponente era, hasta decir basta. Todas las imágenes que vi medían más de diez metros. La estructura era impresionante.

Sin embargo, al entrar me dio un especie de escalofrío que no me abandonó hasta que no salí del templo. Durante toda la visita admiré la hermosura y el tamaño de las esculturas, los tapices y las capillas a las diferentes advocaciones de la virgen. Pero en toda la visita me sentí como en un templo pagano: la misma sensación que me habría dado al visitar una mezquita o una sinagoga. Sí, era un templo católico, posíblemente el más impresionante de los construidos en el siglo XX. Pero era un templo construido para otro dios. Hay cruces por todas partes, sí, pero son cruces españolas: cruces que exaltan la virilidad de la raza hispana, la supremacía del español católico-rancio. Era un monumento, construido por Franco y para Franco. No me cupo la menor duda en toda la visita. Y como mi Dios, ni era bajito, ni era gallego, pues no me removía a la piedad.

Esas son las conclusiones que saco de una visita que no duró ni media hora.

No se me escandalicen ni los pros ni los contras: no me he vuelto comunista: dejémoslo en que no me gustó.

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