Trump, el muro y el Juicio Final

5 septiembre 2017 en 7:00 pm | Publicado en Sociopolítica | Deja un comentario
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trump

Nadie percibió que era un oxímoron.

Por eso a nadie le hizo gracia que Donald Trump compartiera en su muro de Facebook que iba a construir un muro para dejar de compartir los Estados Unidos con los mejicanos. De hecho es una realidad compleja la de los muros: a nadie le gusta construirlos, pero tumbar los que ya están es todavía menos opinable.

Recuerdo al pequeño racionalista que todo niño de ocho años elige manifestar o reprimir en su interior, preguntándose, a escondidas y en el subconsciente, de dónde se sacaba el catequista que cuando hubiésemos resucitado podríamos atravesar paredes, e iríamos de un sitio a otro instantáneamente. Doy por sabido que los católicos no se contentan con la inmortalidad del alma, como los egipcios u otros pueblos antiguos, sino que sostienen que en el fin del mundo resucitarán nuestros mismos cuerpos, pero mejores. Y atravesarán los muros.

Aunque esas dudas infantiles fueran aplacadas razonablemente (lo fueron), no por ello sería un argumento fuerte contra Trump decir que, pague quien pague ese maldito muro, después del Armagedón cualquier mejicano podrá atravesarlo si se lo propone. Al presidente electo no le preocupa el final de los tiempos. Y a los mejicanos que quieren pasar al otro lado, tampoco.

Marx, Zuckerberg y Byung-Chul Han

marx

A Marx ese final sí que le preocupaba. Se le ocurrió mucho antes que si destruíamos los muros no habría paredes que atravesar: y confundiendo el efecto con la causa, se atrevió a predecir el día del fin del mundo. Esta práctica está denostada hoy en día, pero cuando Karl lo dijo todavía no existían los Testigos de Jehová, y vaticinar fechas concretas concedía un halo de desafío a la propuesta. Cuando destruyamos los muros del mundo será como haber resucitado, dijo. Y, como la resurrección de verdad parecía tardar en llegar, muchos le siguieron.

Volviendo al oxímoron del inicio –o lo que sea-, el problema se gesta y se concluye cuando descubrimos que hay muros que destruyen muros. Ignoro si Zuckerberg pretendía enmendarle la plana a la apocalíptica marxista, pero si es así le salió el tiro por la culata. El muro de extraversión de Facebook es, en suma, la renuncia voluntaria a la protección de los propios límites, y el sometimiento inconsciente de la propia autoestima a la interacción con los otros usuarios. Pero esa desprotección está muy lejos de ser el paraíso en la tierra.

zuckerberg

Marck Zuckerberg, pensando en atravesar los muros

Efectivamente, el problema de pretender adelantar el final de los tiempos destruyendo los muros es que ignora dos preguntas fundamentales: por qué el ser humano no puede atravesar muros; y por qué entonces se empeña en construirlos. Y al eludir las dos preguntas fracasa doblemente. Anular los muros no nos hace capaces de atravesarlos, sino incapaces de reconocerlos; y desconocer por qué el ser humano construye muros, inclina el razonamiento a considerar al ser humano (ese despreciable ser que se empeña en levantar tabiques) como el problema por resolver.

Cuando se es incapaz de reconocer un muro, desaparece también la percepción del propio y el ajeno. Si somos capaces de sobreponernos a la fuerza del jingle (¡Por fin muerte a la propiedad privada!), estaremos capacitados para ver un diagnóstico perturbador.

bc Han

Han, ha predicho muchas cosas perturbadoras en sus libros de divulgación

Byung-Chul Han sostiene que la enfermedad de la era de la comunicación es no ser capaz de decir “no”, no poder diferenciar entre mi yo y los demás: entre lo que me exijo y lo que me exigen; entre lo que quiero y lo que quieren. Como en Facebook la propia autoestima se abandona voluntariamente al juicio ajeno, el paraíso marxista se ha convertido en el paraíso del explotador, pues los asalariados se sienten responsables de la propia precariedad; rechazando la capacidad de discriminación, se hacen voluntariamente incapaces de juicio; anulan el pensamiento, y someten la propia percepción a la opinión ajena. Bienvenidos al Armagedón.

Ratzinger y Zagajewski

En el año 1978, mucho antes de que los periodistas empezaran a tomar sus declaraciones informales como dogmas de fe, el profesor Joseph Ratzinger había manifestado ser de la opinión de que el cuerpo funciona como mecanismo comunicador y, al mismo tiempo, limitador de la comunicación. Porque tengo cuerpo puedo comunicar mis sentimientos; porque mi cuerpo no se puede sobreponer a otro cuerpo, ejerce como límite espacial para quien está a mi lado. El hombre mismo es un oxímoron, una mezcla entre el muro de Facebook y el muro de Trump.

ratzinger

El profesor alemán, cuando sólo era profesor

Zagajewski lo expresa con el dualismo comprensión-comunicación: “Quien quiere comprender pero renuncia a la expresión, nada podrá comprender. Quien quiere expresar pero no busca la comprensión, nada podrá expresar.”

zagajewski

Zagajewski tiene en común con Ratzinger no sólo su admiración por Juan Pablo II

No podemos ser sólo comunicación. No todavía. El propio cuerpo funciona como límite porque de otro modo no sería cuerpo: la sola comunicación en nosotros es la muerte, la disgregación, la pérdida de la corporalidad. Por eso, en esa conferencia que hemos citado, Ratzinger pudo afirmar que “haber resucitado significa ser comunicable”. Que el ser humano está llamado a resucitar se puede observar en ese deseo de “hipercomunicación imposible” a la que nuestra generación es especialmente sensible.

Pero esto nos está alejando del oxímoron.

Y entonces, ¿Qué?

Después de todo, sin embargo, nuestro niño racionalista en catequesis sigue sin saber por qué cuando resucitaremos podremos vivir como fingimos hacerlo en Facebook, y Trump sigue sin saber por qué no debería construir el muro.

A Trump no le daremos respuesta: que la busque en Facebook.

El niño encontró la respuesta en el artículo de Ratzinger, pero este no es el lugar para contarlo.

Hace años un autobús ateo generó cierto revuelo diciendo que “Es probable que Dios no exista”. Desde entonces los autobuses con mensaje también se han vulgarizado mucho, pero a nosotros nos sirve para incoar nuestra perspectiva. “Es probable que no resucitemos”.

autobus

Pero el problema de la resurrección no es un problema de probabilidades, sino de experiencia. Y es la experiencia de la resurrección que ya ocurrió la que funda el deseo de atravesar los muros. Sin ella, sólo podremos aspirar a construir tabiques para siempre. Como Trump.

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Citas

17 diciembre 2009 en 10:32 am | Publicado en Uncategorized | 7 comentarios
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Me dicen que no escribo y es cierto. Pero no tengo mucho tiempo a la semana delante de un ordenador, y por eso se me retrasan las entradas. Pero he estado pensando: y una idea que me rondaba la cabeza últimamente era que para ser coherente con el nihilismo Nietzscheano era necesario negar la capacidad del ser humano para ser algo más que sus concupiscencias más bajas. Se lo iba a comentar a mi amigo nihilista, cuando veo que ha publicado en su blog toda una declaración de intenciones. El texto, aviso, como el propio Nietzsche, no tiene ni pies ni cabeza. Es lo que tiene ser un iluminado:

<<Dada en el día de la salvación, en el día primero del año uno (-el 30 de Septiembre de 1888 de la falsa cronología)

Guerra a muerte contra el vicio: el vicio es el cristianismo

Artículo primero.- Viciosa es toda especie de contranaturaleza. La especie más viciosa de hombre es el sacerdote: él enseña la contranaturaleza. Contra el sacerdote no se tienen razones, se tiene el presidio.

Artículo segundo.- Toda participación en un servicio divino es un atentado contra la moralidad pública. Se será más duro con los protestantes que con los católicos, más duro con los protestantes liberales que con los protestantes ortodoxos. Lo que hay de criminal en el ser cristiano crece en la medida en que uno se aproxima a la ciencia. El criminal de los criminales es, por consiguiente, el filósofo.

Artículo tercero.- El lugar maldito en que el cristianismo ha encovado sus huevos de basilisco será arrasado y, como lugar infame de la tierra, constituirá el terror de toda la posteridad. En él se criarán serpientes venenosas.

Artículo cuarto.- La predicación de la castidad es una incitación pública a la contranaturaleza. Todo desprecio de la vida sexual, toda impurificación de la misma con el concepto de <<impuro>> es el auténtico pecado contra el espíritu santo de la vida.

Artículo quinto.- Comer en la misma mesa con un sacerdote le hace quedar a uno expulsado: con ello uno se excomulga a sí mismo de la sociedad honesta. El sacerdote es nuestro chandala, – se lo proscribirá, se lo hará morir de hambre, se lo echará a toda especie de desierto.

Artículo sexto.- A la historia <<sagrada>> se la llamará con el nombre que se merece, historia maldita; las palabras <<Dios>>, <<salvador>>, <<redentor>>, <<santo>>, se las empleará como insultos, como marcas para los criminales.

Artículo séptimo.- El resto se sigue de aquí.

El Anticristo

Friedrich Nietzsche, un tipo muy religioso.

La Historia de Ricardo

16 octubre 2009 en 3:02 pm | Publicado en Uncategorized | 1 comentario
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Espero que mis lectores hayan percibido ya que utilizo nombres falsos. Faltaría más: pero las historias son reales.

Puede llegar a tenerle un aire
Puede llegar a tenerle un aire

Ricardo era un tipo de pueblo, de esmerada educación en maneras pero no en conocimientos. Trabajaba de técnico en una nave industrial, y cuando una matriz se rompía (no me preguntéis qué es una matriz) dibujaba por su cuenta y riesgo los modelos de matriz con una precisión tal que servían para hacer el reemplazo: de tal modo que se podría decir que fabricaba sus propias matrices.

A la vez que trabajaba, estudiaba, y dormía apenas una hora por las noches, pues quería entrar en una academia europea que preparaba para ciertos conocimientos prácticos que le vendrían muy bien.

Se encerraba en el cuarto de baño con una mesa y una silla, para que no le molestaran mientras estudiaba, y se pegaba 4 ó 5 horas seguidas antes de marcharse a trabajar.

Un día, el jefe de la nave, enfadado por la falta de cualificación profesional de los peritos -que eran los que más cobraban- , bajó a la zona de los trabajadores y vio uno de los bocetos para matrices que había preparado Ricardo. Se fue hacia el jefe de máquinas y le preguntó: “¿Quién ha hecho eso?”. Le respondió el jefe: “Ese de ahí”, señalando claramente a mi protagonista. Me dijo que para disimular tuvo que pararse, pues le temblaba el pulso cuando escuchó al jefe decir: “Dile que suba a mi despacho. Y que se traiga el dibujo“.

Me reconoció con lagrimas en los ojos que había sido el día más feliz de su vida: y realmente, saber que eso había ocurido hacía más de cincuenta años, me hizo pensar que a este hombtre la sobraba media vida. Pero sigamos con la historia.

Subió al despacho con un temblor de piernas que no pudo quitarse ni con la calma de un cigarrillo. Una vez entró dentro, comprobó que todos los peritos industriales estaban sentados alrededor de una mesa. El jefe les estaba echando una buena, pero cuando entró Ricardo, le invitó amablemente a sentarse, y tomando sus planos, recriminó a los demás presentes: “¿Cómo es posible que un hombre sin estudios pueda hacer vuestro trabajo de esta manera, mientras vosotros perdeis tiempo y dinero en calculos estúpidos?”

Mientras me lo contaba volvieron a salirle lágrimas, y volvió a decir: “Me emociono de pensarlo, de verdad que me ponía de ejemplo. Ha sido el día más feliz de mi vida”.

Lo cierto es que esa es toda la historia de Ricardo. Le triplicaron el sueldo esa mañana, y se convirtió en el adjunto al director, “yo, que era una chico de pueblo sin ninguna aspiración“, y por fin pudo dedicar su tiempo libre a lo que le gustaba: pintar cuadros al óleo, sobre pueblos que lucían un gran campanario en la iglesia: pueblos castellanos de pura cepa. Como él.

Manuel y los pintores

9 octubre 2009 en 2:56 pm | Publicado en Uncategorized | Deja un comentario
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Manuel es mucho más listo de lo que me había figurado, y me lo ha demostrado hoy cuadrandose con la mano en la frente tras mi primera aparición en la residencia. Pero le tienen racionado el tabaco (uno después de cada comida), y yo he cometido el error de sugerirle que nos fumásemos un cigarro: el del otro día lo había mangoneado.

Se ha puesto tan nervioso de no poder fumar, que me ha pedido que intercediera por él ante la enfermera (o a lo mejor es medico) que cuida de todos ellos y que está como cabeza visible del lugar.

Cuando he vuelto con mi negativa, se ha enfadado mucho, y como ya me habían advertido de que cuando se enfada es bueno alejarse, le he dejado un rato con sus pensamientos, y me he sentado con Ricardo, que es lo que se dice un señor, y que se da un cierto aire a intelectual de izquierdas de los 70, por una perilla cana que luce muy bien cuidada. Va con pantalón de traje camisa a rayas y jersey de pico a rombos, y está completando unos ejercicios estimulativos que les facilitan en el centro. A primera vista se observa que es un tipo muy perfeccionista, pues ha borrado varias veces la primera figura antes de darse por satisfecho con el boceto. “Es que es una barbaridad la de vista que se pierde… Y el pulso“, me dice, confidente. “Porque, ¡Lo que he llegado a pintar yo! Paisajes, y figuras… Sí los paisajes se me daban muy bien: los pueblos, con el campanario y el ayuntamiento… No, no copiaba pueblos, sino que los pintaba con la imaginación, y al óleo“. Mientras trabaja no escucha las preguntas, salvo que tengan que ver con lo que está haciendo, así que tengo que esperar a que se pare a observar la obra (unas frases que tiene que copiar de un cuadernillo de rubio) para abordarle a preguntas. Sin embargo me desanimo pronto, pues sólo me recuerda lo que ha pintado, y me levanto para ver que frutos sacan los otros “conversadores”.

Dos chavales de 2º de la ESO escuchan atentamente a una charlatana andaluza, que les explica lo bien que pintaba ella de niña, “que fíjate que hasta a mi profesor cuando era una chavala se le saltaron las lágrimas una vez que vió un dibujo mío, porque decía que estaba muy, pero muy bien hecho, y sin salirse de los bordes, así como estoy haciendo ahora… Y ésta se ríe (señalando a otra anciana sentada a su lado) porque no sabe que pintar bien es importante, poruqe es tonta. Y mis nietos también pintan, no sabes. Tengo tres, uno…”, y en lo que está hablando, uno de los chavales se gira hacia mí y gesticula “es la cuarta vez que nos lo cuenta“. Sonrío. Menudo un descubrimiento el del niño.

Vuelvo con Ricardo. Está apunto de acabar, y saca a relucir sus dotes diplomáticas en una conversación genial con su compañero de pupitre.

“Mira, como sólo hay una goma para los dos, si te parece la dejamos en una distancia intermedia, porque a mi me cuesta mucho levantarme a por ella cada vez. ¿Estás de acuerdo?”

Y tras esta toma de consenso, me cuenta su historia. Pero eso para otro día.

Manuel

4 octubre 2009 en 12:39 pm | Publicado en Uncategorized | 4 comentarios
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Manuel es un anciano de edad incierta. Anteayer, que hablé con él por segunda vez, estaba muy enfadado porque le habían puesto unos pantalones que no eran suyos y que estaban rajados por abajo, como se rajan los pantalones para que entre la pierna rota envuelta en escayola. Él camina despacio, pero no tiene ninguna pierna envuelta en cal.

Quizá por eso anteayer estuvo más susceptible que el viernes pasado, cuando le conocí.

Este año estoy asistiendo todos los viernes por la mañana a una residencia de ancianos y a un centro de día, a hacer un poco de compañía a los clientes más solitarios y alocados.

Manuel responde a preguntas fáciles, por lo que he averiguado que trabajó como cámara de televisión (le pregunté que en cual y me dijo “sólo había una”, por lo que debe tener más años de los que aparenta), y que lleva viviendo allí varios años. Tiene ojos saltones, y gusta de darse “largos” paseos por los jardines de la residencia. Sobre todo si viene alguna jovencilla de buen ver de visita, aunque el se esfuerza por disimular –sin éxito- amparado en sus gustos por pasear y pararse, como ensimismado, con la vista fija.

Ayer, me reveló un secreto (y es el segundo día que hablamos): me llevó a una esquina por la que nadie nos veía y, triunfante, sacó del bolsillo un cigarrillo negro abollado. “Bueno, qué, ¿Tienes fuego?”, me preguntó como si no pasase nada, y yo se lo dí por aquello de la complicidad entre amigos.

Luego, sin embargo, se enfadó conmigo porque abusé de la confianza que me brindaba, y cuando estábamos regresando al interior de la casa pasé por delante de él y me “cuadré” al más puro estilo militar con la mano en la frente y gesto serio. Me escrutó despacio, y con cara de cabreo me espeto: ¡Me tomas el pelo!

No estaba para bromas. Yo traté de disuadirle, haciéndole ver que era una broma entre amigos, pero él sólo decía con más fuerza:

–          ¡ME TOMAS EL PELO!

Al final conseguí arreglar en entuerto, y quedamos en que nos veríamos la semana que viene.

P.D: La foto es de google, no voy a sacar las fotos auténticas.

Después de la sequía

11 septiembre 2009 en 12:17 pm | Publicado en Uncategorized | 4 comentarios
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Llevo más de tres semanas sin publicar, y esto empezaba a ser vergonzante: no sé si cabrearé a Anarel al escribir esto, pero como he estado en un intensivo de filosofía durante los meses de Julio y Agosto, y ahora estoy dando las últimas pinceladas por mi cuenta, voy a tratar de sintetizar una idea que he estado madurando estos días. Si no me sale, lo lamento. Y si os ofende que me disculpe, pues ánimo.

La clave es que ayer recibí una clase magistral sobre la noción de libertad. Entramos en lo más profundo del siglo XX, con todas las influencias de Nietzsche y las peculiares ideas de Sartre, del tipo “o la libertad es absoluta o no es en absoluto“, que me dejaron pensando.

Nietzsche afirma (no demuestra, que es un punto importante) que la moral es un invento judeocristiano que sirve para controlar al fuerte, negándole la libertad , a modo de instrumento de protección y control de los débiles y resentidos.

A esto se une lo que tantas veces ha dicho Anarel: la moral es una invención humana, porque ninguna otra especie animal tiene un código moral.

Y aquí viene mi afirmación controvertida: La moral nos hace libres. Es más: es lo ÚNICO que puede hacernos libres. Y es por un motivo muy sencillo: a un león hambriento que se encuentre con un hombre herido, no le puedes decir: “En la tabla de la ley pone NO MATARÁS”. ¿Por qué? Porque sus instintos le mueven a actuar de una determinada manera. No tiene una conciencia de sí, y por tanto no es capaz de saber lo que le conviene a él, ni lo que sería bueno: el cuerpo le pide carne, y no se anda con remilgos de si al que se zampa es soltero o deja viuda y  cuatro churumbeles.

Y es curioso: mi profesor de filosofía lo decía de esta manera: “Ese es el fundamento de nuestra libertad: la prohibición moral existe precisamente porque podríamos llevarla a cabo: al último hombre sobre la tierra ese precepto no le afecta en absoluto“. En último extremo, no debo matar, porque matar destruye mi naturaleza: me convierte en asesino. Pero no debo matar porque puedo hacerlo.

La filosofía moderna y una gran porción de la contemporánea ha afirmado que eso es opinable, y que la ley moral es subjetiva. Y yo diré: en parte es cierto y en parte es mentira: es cierto que la decisión moral la toma cada uno con sus cadaunadas: y que si a ti no te parece algo bien, nadie te lo va a hacer creer bueno (aquí, comentó mi profesor el famoso “brindis por la conciencia“, que hizo el próximamente beato Cardenal Newman, “por encima del Papa”, reflexión que es eminentemente católica, por cierto.). Y sin embargo, también es cierto que puedes estar haciendo algo mal pensando que actuas bien, y también es cierto que hay ciertos actos que hacemos y que sabemos que no están bien (creo que todos reprobaríamos el pegar a nuestra madre: y sin embargo, quien crea que no le puede llegar a pasar, es que no se conoce, me temo.). Contra esto, Nietzsche dice: “si tu madre no es capaz de defenderse, que no te cuente las milongas de que no debes pegarla”.

Y mi conclusión, es la siguiente: la ventaja de la filosofía atea de los siglos XIX y XX es que ha sido terriblemente coherente: y si sus discípulos las llevan hasta el extremo (aquí hemos visto el caso de Nietzsche y de Sartre): sólo les queda: enloquecer, suicidarse, o reconocer la verdad del cristianismo. Por tanto, la incomprensión hacia la ética cristiana desde una perspectiva nihilista es fruto siempre de una exagerada abstracción del concepto de ética: en cuanto los motivos se vuelven personales, la ética personal se convierte en exigencia universal.

Y con esto tengo polémica para un mes.

Encuentros de verano

16 julio 2009 en 6:51 pm | Publicado en Uncategorized | Deja un comentario
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“Hasta hace unos días eran alumnas de bachillerato. Ahora tienen 17 años y acaban de aprobar la selectividad. Van juntas por la acera de la calle Lagasca y hablan las dos a la vez sin dejar de reírse ni un solo instante. Yo estoy aparcando el coche y pasan a mi lado. Me dirijo desde la ventanilla a la que tengo más cerca:

—Hola, Patricia…

La presunta Patricia, que desde luego no se llama así, da un bote sobre el terreno.

—¡Qué susto! ¡Don Enrique!

Salgo del coche. Su acompañante —la llamaremos Cristina— sonríe vagamente y empieza a maniobrar con el vestido. La verdad es que la mini que lleva es tan mini, tan mini, tan airosa y ventilada, que la pobre chica se encuentra incómoda en presencia del cura de su cole.

Les pregunto por las notas, por lo que van a hacer en septiembre y cosas así. Se ha levantado una ligera brisa que perturba aún más a la niña en cuestión. Yo procuro fingir que no me entero y les recomiendo un par de libros para el verano. Entre tanto, Cristina estira y estira la falda sin el menor éxito. Al fin, decido afrontar el tema:

—No te esfuerces, Cristina. La falda no es de goma y si la rompes, el espectáculo será peor. Además llevas el vestido adecuado para que nadie se fije en esos ojos azules tan bonitos que tienes. Y es una pena.

Patricia se ríe. Cristina ni siquiera se pone colorada.

Sí, yo creo que se parece un poco”
 
 
 
 
 
 
****** Entrada publicada en el blog de Enrique Monasterio, el cura con más capacidad para generar anécdotas de los que yo he conocido…

La utopía de la reja

31 mayo 2009 en 7:50 pm | Publicado en Uncategorized | Deja un comentario
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Hace unas semanas tuvo lugar un evento en Ciudad Universitaria a favor de la 3ª República, con dos ponentes de excepción: Cayo Lara (coordinador de IU) y Julio Anguita (histórico del partido). Fue una convocatoria a la que, casi sin excepción, acudieron afiliados y simpatizantes de izquierda unida y de otros grupos aún más a la izquierda.

A la polarización del acto podríamos sacarle la misma “bipolarización” que vio un amigo mío, nacionalista y de izquierdas, en las banderas que acompañaron a los manifestantes contra el aborto, hace pocas semanas: si se pretende movilizar a la sociedad, no hay porque sacar a relucir lo que nos separa.

Julio Anguita, en un acto por la 3ª República

Julio Anguita, en un acto por la 3ª República

Pero no voy a hablar de eso hoy, porque Julio Anguita dijo en su intervención una frase a la que me he permitido sacarle punta, por supuesto impunemente: “No he conocido ninguna utopía irrealizable.

Pienso que la frase, que lo que venía a decir era que “si no sale es porque no le echamos c…”, también revelaba un segundo significado: todas las utopías son, en sentido estricto, realizables, porque son modos teóricos de organización social, que en el papel parecen beneficiosos para la sociedad en general, pero que precisan de cambios drásticos de configuración. Por tanto, el problema no es tanto que sea o no realizable, sino más bien, si sobre el papel se le encuentran errores que hagan desaconsejable su aplicación práctica. Y eso es, exactamente, lo que me parece que le ocurrió al marxismo en general.

Conste, antes de mi desglose, que admiro profundamente a todos los marxistas que conozco –ya sean trotskistas, leninistas, estalinistas o maoístas –porque  demuestran un compromiso con sus ideas que ha creado en ellos verdadera virtud. Virtud que ya desearíamos los cristianos muchas veces. Además, es bastante probable que mis conclusiones sean fruto de la ignorancia, pues no he leído nada marxista, ni a favor ni en contra. Convencido de que ocurrirá algo por el estilo, adelanto mis disculpas.

Cayo Lara

Cayo Lara

Pero a lo que iba. Julio Anguita habló en realidad de la utopía republicana, y contra ello no tengo nada, pues me considero republicano –aunque tengo que decir que no consta ésta entre las ideas por las que me jugaría el pellejo a día de hoy –. Yo  me quiero centrar más en la utopía comunista, porque me parece más interesante, y porque, pese a que el mundo le haya dado un poco la espalda, sigue teniendo bastante eco en la facultad de Ciencias de la Información de la Complutense, además de que aún mucha gente tiene una vinculación afectiva –aunque ya no ideológica o política –con el puño en alto y la Internacional.

Considero al marxismo como un buen diagnóstico y una mala solución. Era evidente la injusta situación del obrero industrial del siglo XIX; era necesaria una situación más justa. Y a Marx se le ocurrió la idea de la lucha.

No atacaré hoy la “lucha de clases”, porque ya ha sido combatida muchas veces. A quienes tengan interés por saber qué pienso sobre esto, recomiendo la lectura de “Rerum Novarum” del Papa León XIII, o de “Centésimus Annus”, de Juan Pablo II, del mismo modo que se puede echar mano de la teoría del “distribucionismo” inglés, creada por Robert Hugh Benson, Gilbert K. Chesterton, y otros intelectuales británicos. No deja de ser otra utopía.

Pero yo hoy quiero ceñirme –desde mi incultura –a lo que el marxismo llama problema del sistema capitalista. Los pocos videos antiglobalización que he visto en clase, o los manifiestos comunistas que he leído en mi facultad hablan siempre de la Empresa Privada y del empresario como quien habla de un corrupto sin precedentes, lo que me parece un planteamiento algo maniqueo; primero, porque ignora que es tan empresario el dueño de Mc Donnald’s como el zapatero de la esquina; y segundo, porque afirma implícitamente que frente al poder al hombre sólo le cabe corromperse.

Esta idea de la corrosión humana, propia de las culturas post luteranas como la alemana y las tierras centroeuropeas, es la que crea también la paradójica idea comunista de “naturalización” que vimos en clase de teoría de la información con motivo de un texto de Goffmann.  Pero esto es harina de otro costal. Haré una segunda parte otro día. De momento, aquí queda lo dicho.

Mayfeelings

3 mayo 2009 en 11:43 am | Publicado en Uncategorized | Deja un comentario
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De nuevo debo a Opusprima este video-entrada que publico. Es un video francamente bueno. Los mismos que han hecho este video (mayfeelings) hicieron uno similar el año pasado, y yo lo publiqué también en el blog.

 Creo que si siguen haciendo más videos harán grandes cosas. Si eres católico te arranca una sonrisa. Y si no, también.

 

Espero que la disfruteis todos/as los/as que haceis el esfuerzo de aguantarme. Como puede verse, no funciona el arroba en mi teclado.

¿Qué significa ser católico?

29 abril 2009 en 7:37 pm | Publicado en Uncategorized | 2 comentarios
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¿Qué es y qué no es propio de un católico?

¿Qué es y qué no es propio de un católico?

Esta entrada viene incitada por el último post de Catolicoyrojo, que me ha hecho pensar. Porque el autor antes citado se quejaba de que en su catequesis los niños tuvieran una concepción tan firme en materia de aborto -cuando él mismo no lo tiene muy claro- y sin embargo entre ellos hubiera quienes apoyaban la pena de muerte.

Consideraba urgente -y por la falta de urgencia criticaba a los obispos- una evangelización contra la pena de muerte, y no tanto contra el aborto -o, al menos, eso he entendido con el texto- y afirmaba que los obispos no estaban entendiendo la moda de aplicar la moral crisitana y sus valores adaptándolos a la sociedad actual.

Considero a Católicoyrojo un hombre comprometido con su ser Iglesia como no los hay hoy en día, y me admira que tenga tan claras sus ideas, pero, aunque el debate sigue abierto en su página, creo que se equivoca en lo fundamental: en que la autoridad de la Iglesia no es como la autoridad de un equipo de fútbol: la lealtad al Papa y por ende a sus representantes, a partir del dogma de la infalibilidad creo que lleva a otro tipo de conclusiones a las que él llega.

Y creo que esto es solamente una discrepancia honrada. No ha sido mi entrada más brillante ni la más preparada, pero tenía que soltarlo…

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