Han pasado cinco años…

2 abril 2010 en 12:03 pm | Publicado en Uncategorized | Deja un comentario
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Desde que, estando cenando con mis padres, con la televisión encendida -cosa que nunca hacíamos- salió la triste noticia y empezó a sonar el teléfono. Entre las lágrimas de mi hermana pequeña, la movilización general y el ring del teléfono a todo meter, conseguí enterarme de dos cosas: “Todos a la plaza de Colón, a rendirle al Papa el objetivo que se merece”.

Las portadas de todos los periódicos y revistas hablaban casi unánimemente: sólo un par de trasnochados criticaban a Juan Pablo II, llamado por algunos “El Grande”, para la Historia.

He oido contar muchas anécdotas que tiran por tierra todas las teorías que atacaban a Juan Pablo II desde diferentes frentes. Algunas de esas teorías se las he oído a íntimos amigos míos.

Hoy, a la espera de su próxima beatificación, os dejo un poema de Miguel d’Ors.

Entended la ironía, por favor: daos cuenta de que es intrinsecamente contradictoria:

TODA LA VERDAD SOBRE JUAN PABLO II

Qué sabrá él de la vida de la gente diaria siempre retirado allá en lo alto del Vaticano si apenas conoce nuestro mundo occidental y casi nunca está en el Vaticano qué irresponsabilidad tanto viajar de un sitio para otro porque cómo podrá comprender otras culturas si sólo conoce el mundo occidental y lo que dice interesa únicamente a cuatro viejas pero siempre se pone del lado del capital y a qué viene todo ese fanatismo masivo de los jóvenes ni que fuera los Rolling Stones qué pesado siempre con los obreros los obreros amargándonos la vida tan conservador que hasta se ha empeñado en imponer cambios en las costumbres tradicionales de la curia siempre tan débil dejándose influir por lo que le dice el Opus que viaje todo lo que le dé la gana a mí me es indiferente y es tan autoritario que nunca tiene en cuenta lo que le dicen y además no soporto que esté siempre viajando de un lado para otro

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En el Aniversario de su muerte

4 enero 2010 en 8:30 am | Publicado en Uncategorized | 3 comentarios
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Albert Camus (1913-1960), fue la honradez exiliada y el humanismo amargo. Sin haber leido directamente mas que un cuento suyo (Los mudos, que pertenece a El exilio y el reino), creo que me ha influido notablemente, tanto por su honradez intelectual como por su apasionada defensa -y protección- de las ideas que le hicieron especial.

No he llegado a leer la que se dice que es su obra genuina (la editada postumamente por su hija, El primer hombre), pero sé que cuando lo haga me gustará: y mientras me he contentado con la apasionante lectura de su perfil escrito por Charles Möeller en Literatura del siglo XX y Cristianismo. Le llamaba “la honradez desesperada”.

Abc ha publicado un espectacular texto (reflexión) sobre el autor argelino-frances (no era de ninguno de los dos sitios), que a continuación vuelco para conocimiento de mis lectores:

Al filo del cincuentenario de su muerte accidental, la sombra majestuosa de Albert Camus (7 de noviembre de 1913-4 de enero de 1960) continúa creciendo y seduciéndonos, por las mismas razones que suscitaron la hostilidad agresiva de muchos de sus contemporáneos más influyentes, insensibles a las tragedias, tan actuales, que el más argelino y español de los escritores franceses fue el primero en afrontar con serena gallardía. Seguir leyendo…

Cumpleaños y cuento

3 julio 2009 en 12:59 pm | Publicado en Uncategorized | Deja un comentario
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El 26 de Junio del año 2008 publiqué una primera entrada en este blog que ya cuenta con cerca de 17000 visitas.

No tenía tantas pretensiones cuando empecé.

Ahora, estoy aislado en verano, estudiando filosofía, como el año pasado, y no me da para publicar mucho.

Así que publico un cuento que publiqué el año pasado y no tuvo mucha repercusión: Lo titulé Una respuesta valiente, y aquí os la dejo:

            La clase acabó con un aplauso cerrado y más lágrimas. Todos nos volvimos sonrientes a casa, sin darnos cuenta de que nos había desvelado el mayor secreto de nuestra vida. Pobres adolescentes irreflexivos.

Aun recuerdo aquel momento. El anciano profesor y su última clase. Nadie se la perdía, por más que hubiese suspendido, o que no hubiera pisado el aula durante el curso. Decían que tenía una magia especial.

Y ahí estaba cuando entramos a las nueve de la mañana en el aula. Hecho un dandee, como siempre: su traje oscuro, su corbata bien puesta, peinado con raya, impoluto. Gemelos por demás, zapatos de hebilla, y un bastón con empuñadura dorada, que lucía con elegancia por un desdibujado accidente de juventud.

Fuimos entrando, cual procesión, por delante del insigne maestro, casi conteniendo el aliento. Se olía el acontecimiento en todas las caras. Y él lo sabía. Nos sonreía –como siempre- desde su silla de profesor, una pierna sobre la otra, y muy separado de la mesa.

Poco a poco, todos los que asistimos al evento fuimos tomando asiento. Y el profesor, impaciente se levantó con un brinco impropio de sus años.

            Damas y caballeros –no habría escogido yo ese apelativo para el respetable, pero, por ser quien era, se lo pasamos -, hasta aquí ha llegado mi deber. Creo que éste año he conseguido darles a conocer las nociones que considero más importantes de la disciplina que, dicen, mejor conozco. Sin embargo, permítanme discrepar en esta última apreciación – silencio, como él esperaba-. Pues sí, de esta asignatura se han examinado la mayoría con éxito, y mi ilusión durante todo el año ha sido el hacerles entender en poco tiempo lo que en mi juventud me supuso largas noches de insomnio. Pues bien, hay algo que también me ha mantenido en vela durante años, y considero que es mi deber darlo a conocer, pues he hallado una solución.

            Miren ustedes, de aquí, salen a un mundo que les va a interpretar como un número, que puede ser más valioso o menos, pero no deja de ser eso, un número. Estoy seguro de que la vida les depara a todos ustedes grandes éxitos profesionales y sociales, y es por ello que no me gustaría que se vieran abocados al abismo de no saber quienes son. Así es que, permítanme darles un consejo de anciano, que espero les sirva en su futuro camino lleno de triunfos: no olviden que lo único que da la felicidad en este mundo es conocer cosas y amar a personas. – Gema, la de la segunda fila, rompió a llorar. Ciertamente, el tono fraternal que había adoptado el venerable maestro bien merecía unas lágrimas-. No es una broma, damas y caballeros. Fíense de mí, les hablo con la voz de la experiencia. Esta disciplina es la que yo considero primordial, y es asimismo aquella en la que me siento más experto.

            Les deseo lo mejor.”

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