Hipólita, el accidente, el bien y el mal

22 noviembre 2009 en 8:08 pm | Publicado en Uncategorized | 3 comentarios
Etiquetas: , , , , , , , ,

Cuando iba a aparcar la furgoneta antes de dejar a los chavales en la residencia de la tercera edad, calculé mal el giro –porque el coche que tenía en la curva estaba algo mal aparcado, todo hay que decirlo –y le levanté la pintura al tratar de pasar a su lado.

Los chavales se quedaron callados, me apoyé con las dos manos en el volante, y maldije en voz alta a varias generaciones de fabricantes de furgonetas, antes de quitar la marcha y poner el freno de mano para examinar de cerca las consecuencias del incidente: mi coche estaba bastante bien, pero el otro tenía un buen raspón, y me iba a costar una pasta pagar el arreglo. Una pasta que no tengo.

Volví al asiento del conductor,  saqué mi carpeta con un bolígrafo y comencé a escribir mis señas de identidad para que el afectado pudiese ponerse en contacto conmigo. En esto, uno de los chavales que iban dentro de la furgoneta, asomó la cabeza dentro de la  cabina del conductor y me dijo: “¿Qué haces? ¡Corre, arranca, que vas a tener que pagarlo!

Le respondí una bordería de las buenas, del tipo “no siempre lo bueno es lo que te beneficia” y mientras dejaba el papel enganchado en el limpiaparabrisas fui reconfigurando una retahíla de prejuicios hacia los “niños de Papá”, y sus similitudes con el “niño” de Nietzsche.

*                             *                             *

Llegamos a la residencia, y fui colocando a los chavales con los diferentes ancianos: unos jugaban al parchís con Ángel (aunque suele decirles al principio que se llama Demonio, supongo que por hacerse el gracioso) otros se sentaron a hablar de fútbol con Gregorio, y otros dos se sentaron con una tabla de parchís, a conversar con Amalia y Segunda.

Hipólita tiene muchos años, la mirada perdida y la nariz sucia: el pelo gris le cae hacia los lados, y por sus rasgos finos deduje desde el primer día que fue en su tiempo una chica de buen ver. Ha tenido unos cuantos nietos, pero no vienen a verle con mucha frecuencia –también porque sus reacciones han dejado de ser previsibles –y conmigo había tenido ya algún encontronazo, por no querer aceptar que yo no era Juan Carlos, y que no sabía donde estaba Lucía. El día del encontronazo me avisaron de que era muy susceptible, y que se enfadaba con facilidad, pero al cabo de unos días me paró, y me cantó, girándose hacia una imagen que hay en la residencia, un himno de laudes a la Virgen del Pilar .Cuando le dije que me gustaba mucho la canción, y la dicha advocación de la Virgen, se emocionó tanto que no volvió a preguntarme si era su nieto, y me estuvo cubriendo de besos mientras lloraba durante veinte minutos.

Como yo ya me había reconciliado con ella y, en cambio, tenía un día pesimista con los chavales, le coloqué a uno para que hiciese un juego con ella, y me coloqué cerca para poder reaccionar si algo salía mal: no está bien devolver a un chaval al colegio con un trauma fuerte. Pero el chaval estuvo cariñoso, aclarando a Hipólita que no se llamaba Fernando, ni era su nieto, y yo me distraje un poco con Manuel, hasta que empezó a formarse un pequeño tumulto: para cuando me di cuenta, el chaval estaba llorando a moco tendido, el juego tirado en el suelo. Me acerqué a él y le pregunté discretamente si Hipólita se había puesto agresiva, y que si quería cambiar de sitio. Hipólita lloraba también amargamente, creo que más por ósmosis que por sentimiento, y era mucho más escandalosa que el chaval. Éste que, pongamos que se llamaba Fernando, se giró, y me dijo entrecortadamente: “No, no, si no me ha dicho nada, pero es que me da mucha pena…” Luego vino Belén, que es la que dirige ese centro y que, además de habilidades psicológicas, es mujer, con lo que es mucho más capaz de consolar que un servidor, y le dijo un par de corazonadas que calmaron al, a fin de cuentas, niño. Hipólita no dejó de llorar y de darle besos, y yo me arrepentí bastante de haber pensado tan mal de gente con tanta humanidad.

Por cierto, me llamaron el Lunes siguiente desde un fijo, y cuando descolgué se sucedió la siguiente conversación:

Sí, perdona, es que el otro día encontré un papel en mi coche con tu nombre y tu teléfono… Supongo que será para que no vuelva a aparcar allí, ¿Verdad?

No daba crédito, y como tal, le dije:

No… No, lo que pasa es que te di un golpe con mi coche.

Silencio. Por fin:

Ah, ¿Era eso? Vaya… Bueno, en realidad… No sé, en fin, gracias por llamar, pero… Bueno, habrás visto que el coche está un poco mal, y… En fin, que además estaba mal aparcado… Nada, no te preocupes y yo si te parece, me olvido del asunto…

No me podía creer mi suerte, porque el tipo no quería enfrentarse a semejante lío. No tenía seguro.

Anuncios

Las cizañeras

18 octubre 2009 en 5:34 pm | Publicado en Uncategorized | 2 comentarios
Etiquetas: , , , , , , , , , , , , ,

Desde que el mundo es mundo, ha habido marujas. Pero es que el otro día se me presentaron de un modo extraño. Llegamos, como de costumbre, al centro de día, y una señora con pinta de desenvuelta me dijo: “Está muy bien que vengáis a estos centros los jóvenes a cuidarnos, un poco, que si no nosotros nos sentimos inútiles, además de que os sirve para aprender de la vida…” Y más cosas. Y, aunque observé que su discurso estaba bastante elaborados –con varios ejemplos muy ilustrados de lo que sabían y no sabían los niños de hoy –también me di cuenta de que solía repetir las ideas, y en un orden bastante parecido de desarrollo. Pensé que sería una extraña técnica pedagógica, hasta que comenzó por tercera vez por su “Está muy bien que vengáis a estos centros…”, momento en el que me di cuenta de que, en realidad, estaba tratando de retenerme sin tener nada que contar. No se lo señalé por delicadeza, pero la señora que estaba a su lado, mientras coloreaba un castillo exclamó para sí “¡Hala!, otra vez”. En ese momento, mi conversadora compañera se indignó y exclamó:

– Qué dice usted?

– Nada, nada –respondió quien estaba a su lado

– Ah, bueno. Pensé que se estaba burlando de mí. Porque estos niños de hoy lo han tenido todo –se dijo, volviendo hacia mí- pero yo todavía recuerdo que en la guerra vivíamos al lado de un cuartel, y porque mi madre era muy amiga de la madre de un militar, a veces nos daban de cenar, ¡lo que les sobraba del rancho en el cuartel!

Puse toda la cara de asombro que pude, sin embargo, otra compañera entró en el juego, tumbando el mito del rancho:

– Al menos tenías un rancho. De qué te quejas. Casi todo el mundo se pasó la guerra comiendo piel de patatas.

– ¡Sí! Es verdad –respondió la maruja numero 3- pieles de patatas –y como era muy risueña le hizo mucha gracia. Y fue cuando descubrí que la primera de las señoras era una verdadera susceptible, porque, girándose indignada, le preguntó:

– ¿Se está riendo usted de mí?

– No, no por Dios.

– Ah, bueno, es que pensé que se estaba riendo usted de mí –dijo con cara de pocos amigos y, para mi horror, me echó una mirada cómplice, y resolvió: Si es que aquí hay mucho Séneca suelto.

Debo reconocer que me asustó, pero más me sorprendió que poco a poco, todas iban dando su versión, y todas iban pensando que yo estaba de su parte en el conflicto. Es más, empecé a pensar que yo era el trofeo que se sorteaban durante la discusión.

– Porque tú siempre cuentas la guerra y te crees que no se pueden contar otras, y yo la puedo contar y mucho mejor que tú –mirada complice de vieja 3

– Sí. Y fíjate en la educación, que antes sacabas malas notas y tu padre te daba una que no te levantabas. Ahora, saca el niño malas notas y los padres pegan a la maestra. –otra mirada cómplice.

Y la primera, a lo “qué se dice que me opongo”:

– ¡Pero si hay que ser modernos! ¿No hay que ser modernos? Hay mucho Séneca… Y mirada cómplice.

No sé muy bien como salí de aquella conversación. Pero la maruja 1 había vuelto a decir

“Está muy bien que vengáis a estos centros los jóvenes a cuidarnos, un poco, que si no nosotros nos sentimos inútiles, además de que os sirve para aprender de la vida…”

La Historia de Ricardo

16 octubre 2009 en 3:02 pm | Publicado en Uncategorized | 1 comentario
Etiquetas: , , , , , , , , , , , , ,

Espero que mis lectores hayan percibido ya que utilizo nombres falsos. Faltaría más: pero las historias son reales.

Puede llegar a tenerle un aire
Puede llegar a tenerle un aire

Ricardo era un tipo de pueblo, de esmerada educación en maneras pero no en conocimientos. Trabajaba de técnico en una nave industrial, y cuando una matriz se rompía (no me preguntéis qué es una matriz) dibujaba por su cuenta y riesgo los modelos de matriz con una precisión tal que servían para hacer el reemplazo: de tal modo que se podría decir que fabricaba sus propias matrices.

A la vez que trabajaba, estudiaba, y dormía apenas una hora por las noches, pues quería entrar en una academia europea que preparaba para ciertos conocimientos prácticos que le vendrían muy bien.

Se encerraba en el cuarto de baño con una mesa y una silla, para que no le molestaran mientras estudiaba, y se pegaba 4 ó 5 horas seguidas antes de marcharse a trabajar.

Un día, el jefe de la nave, enfadado por la falta de cualificación profesional de los peritos -que eran los que más cobraban- , bajó a la zona de los trabajadores y vio uno de los bocetos para matrices que había preparado Ricardo. Se fue hacia el jefe de máquinas y le preguntó: “¿Quién ha hecho eso?”. Le respondió el jefe: “Ese de ahí”, señalando claramente a mi protagonista. Me dijo que para disimular tuvo que pararse, pues le temblaba el pulso cuando escuchó al jefe decir: “Dile que suba a mi despacho. Y que se traiga el dibujo“.

Me reconoció con lagrimas en los ojos que había sido el día más feliz de su vida: y realmente, saber que eso había ocurido hacía más de cincuenta años, me hizo pensar que a este hombtre la sobraba media vida. Pero sigamos con la historia.

Subió al despacho con un temblor de piernas que no pudo quitarse ni con la calma de un cigarrillo. Una vez entró dentro, comprobó que todos los peritos industriales estaban sentados alrededor de una mesa. El jefe les estaba echando una buena, pero cuando entró Ricardo, le invitó amablemente a sentarse, y tomando sus planos, recriminó a los demás presentes: “¿Cómo es posible que un hombre sin estudios pueda hacer vuestro trabajo de esta manera, mientras vosotros perdeis tiempo y dinero en calculos estúpidos?”

Mientras me lo contaba volvieron a salirle lágrimas, y volvió a decir: “Me emociono de pensarlo, de verdad que me ponía de ejemplo. Ha sido el día más feliz de mi vida”.

Lo cierto es que esa es toda la historia de Ricardo. Le triplicaron el sueldo esa mañana, y se convirtió en el adjunto al director, “yo, que era una chico de pueblo sin ninguna aspiración“, y por fin pudo dedicar su tiempo libre a lo que le gustaba: pintar cuadros al óleo, sobre pueblos que lucían un gran campanario en la iglesia: pueblos castellanos de pura cepa. Como él.

Manuel y los pintores

9 octubre 2009 en 2:56 pm | Publicado en Uncategorized | Deja un comentario
Etiquetas: , , , , , , , , ,

Manuel es mucho más listo de lo que me había figurado, y me lo ha demostrado hoy cuadrandose con la mano en la frente tras mi primera aparición en la residencia. Pero le tienen racionado el tabaco (uno después de cada comida), y yo he cometido el error de sugerirle que nos fumásemos un cigarro: el del otro día lo había mangoneado.

Se ha puesto tan nervioso de no poder fumar, que me ha pedido que intercediera por él ante la enfermera (o a lo mejor es medico) que cuida de todos ellos y que está como cabeza visible del lugar.

Cuando he vuelto con mi negativa, se ha enfadado mucho, y como ya me habían advertido de que cuando se enfada es bueno alejarse, le he dejado un rato con sus pensamientos, y me he sentado con Ricardo, que es lo que se dice un señor, y que se da un cierto aire a intelectual de izquierdas de los 70, por una perilla cana que luce muy bien cuidada. Va con pantalón de traje camisa a rayas y jersey de pico a rombos, y está completando unos ejercicios estimulativos que les facilitan en el centro. A primera vista se observa que es un tipo muy perfeccionista, pues ha borrado varias veces la primera figura antes de darse por satisfecho con el boceto. “Es que es una barbaridad la de vista que se pierde… Y el pulso“, me dice, confidente. “Porque, ¡Lo que he llegado a pintar yo! Paisajes, y figuras… Sí los paisajes se me daban muy bien: los pueblos, con el campanario y el ayuntamiento… No, no copiaba pueblos, sino que los pintaba con la imaginación, y al óleo“. Mientras trabaja no escucha las preguntas, salvo que tengan que ver con lo que está haciendo, así que tengo que esperar a que se pare a observar la obra (unas frases que tiene que copiar de un cuadernillo de rubio) para abordarle a preguntas. Sin embargo me desanimo pronto, pues sólo me recuerda lo que ha pintado, y me levanto para ver que frutos sacan los otros “conversadores”.

Dos chavales de 2º de la ESO escuchan atentamente a una charlatana andaluza, que les explica lo bien que pintaba ella de niña, “que fíjate que hasta a mi profesor cuando era una chavala se le saltaron las lágrimas una vez que vió un dibujo mío, porque decía que estaba muy, pero muy bien hecho, y sin salirse de los bordes, así como estoy haciendo ahora… Y ésta se ríe (señalando a otra anciana sentada a su lado) porque no sabe que pintar bien es importante, poruqe es tonta. Y mis nietos también pintan, no sabes. Tengo tres, uno…”, y en lo que está hablando, uno de los chavales se gira hacia mí y gesticula “es la cuarta vez que nos lo cuenta“. Sonrío. Menudo un descubrimiento el del niño.

Vuelvo con Ricardo. Está apunto de acabar, y saca a relucir sus dotes diplomáticas en una conversación genial con su compañero de pupitre.

“Mira, como sólo hay una goma para los dos, si te parece la dejamos en una distancia intermedia, porque a mi me cuesta mucho levantarme a por ella cada vez. ¿Estás de acuerdo?”

Y tras esta toma de consenso, me cuenta su historia. Pero eso para otro día.

Manuel

4 octubre 2009 en 12:39 pm | Publicado en Uncategorized | 4 comentarios
Etiquetas: , , , , , , , ,

Manuel es un anciano de edad incierta. Anteayer, que hablé con él por segunda vez, estaba muy enfadado porque le habían puesto unos pantalones que no eran suyos y que estaban rajados por abajo, como se rajan los pantalones para que entre la pierna rota envuelta en escayola. Él camina despacio, pero no tiene ninguna pierna envuelta en cal.

Quizá por eso anteayer estuvo más susceptible que el viernes pasado, cuando le conocí.

Este año estoy asistiendo todos los viernes por la mañana a una residencia de ancianos y a un centro de día, a hacer un poco de compañía a los clientes más solitarios y alocados.

Manuel responde a preguntas fáciles, por lo que he averiguado que trabajó como cámara de televisión (le pregunté que en cual y me dijo “sólo había una”, por lo que debe tener más años de los que aparenta), y que lleva viviendo allí varios años. Tiene ojos saltones, y gusta de darse “largos” paseos por los jardines de la residencia. Sobre todo si viene alguna jovencilla de buen ver de visita, aunque el se esfuerza por disimular –sin éxito- amparado en sus gustos por pasear y pararse, como ensimismado, con la vista fija.

Ayer, me reveló un secreto (y es el segundo día que hablamos): me llevó a una esquina por la que nadie nos veía y, triunfante, sacó del bolsillo un cigarrillo negro abollado. “Bueno, qué, ¿Tienes fuego?”, me preguntó como si no pasase nada, y yo se lo dí por aquello de la complicidad entre amigos.

Luego, sin embargo, se enfadó conmigo porque abusé de la confianza que me brindaba, y cuando estábamos regresando al interior de la casa pasé por delante de él y me “cuadré” al más puro estilo militar con la mano en la frente y gesto serio. Me escrutó despacio, y con cara de cabreo me espeto: ¡Me tomas el pelo!

No estaba para bromas. Yo traté de disuadirle, haciéndole ver que era una broma entre amigos, pero él sólo decía con más fuerza:

–          ¡ME TOMAS EL PELO!

Al final conseguí arreglar en entuerto, y quedamos en que nos veríamos la semana que viene.

P.D: La foto es de google, no voy a sacar las fotos auténticas.

Encuentros de verano

16 julio 2009 en 6:51 pm | Publicado en Uncategorized | Deja un comentario
Etiquetas: , , , , , , , , , , , , ,

“Hasta hace unos días eran alumnas de bachillerato. Ahora tienen 17 años y acaban de aprobar la selectividad. Van juntas por la acera de la calle Lagasca y hablan las dos a la vez sin dejar de reírse ni un solo instante. Yo estoy aparcando el coche y pasan a mi lado. Me dirijo desde la ventanilla a la que tengo más cerca:

—Hola, Patricia…

La presunta Patricia, que desde luego no se llama así, da un bote sobre el terreno.

—¡Qué susto! ¡Don Enrique!

Salgo del coche. Su acompañante —la llamaremos Cristina— sonríe vagamente y empieza a maniobrar con el vestido. La verdad es que la mini que lleva es tan mini, tan mini, tan airosa y ventilada, que la pobre chica se encuentra incómoda en presencia del cura de su cole.

Les pregunto por las notas, por lo que van a hacer en septiembre y cosas así. Se ha levantado una ligera brisa que perturba aún más a la niña en cuestión. Yo procuro fingir que no me entero y les recomiendo un par de libros para el verano. Entre tanto, Cristina estira y estira la falda sin el menor éxito. Al fin, decido afrontar el tema:

—No te esfuerces, Cristina. La falda no es de goma y si la rompes, el espectáculo será peor. Además llevas el vestido adecuado para que nadie se fije en esos ojos azules tan bonitos que tienes. Y es una pena.

Patricia se ríe. Cristina ni siquiera se pone colorada.

Sí, yo creo que se parece un poco”
 
 
 
 
 
 
****** Entrada publicada en el blog de Enrique Monasterio, el cura con más capacidad para generar anécdotas de los que yo he conocido…

Cumpleaños y cuento

3 julio 2009 en 12:59 pm | Publicado en Uncategorized | Deja un comentario
Etiquetas: , , , , , , , , , ,

El 26 de Junio del año 2008 publiqué una primera entrada en este blog que ya cuenta con cerca de 17000 visitas.

No tenía tantas pretensiones cuando empecé.

Ahora, estoy aislado en verano, estudiando filosofía, como el año pasado, y no me da para publicar mucho.

Así que publico un cuento que publiqué el año pasado y no tuvo mucha repercusión: Lo titulé Una respuesta valiente, y aquí os la dejo:

            La clase acabó con un aplauso cerrado y más lágrimas. Todos nos volvimos sonrientes a casa, sin darnos cuenta de que nos había desvelado el mayor secreto de nuestra vida. Pobres adolescentes irreflexivos.

Aun recuerdo aquel momento. El anciano profesor y su última clase. Nadie se la perdía, por más que hubiese suspendido, o que no hubiera pisado el aula durante el curso. Decían que tenía una magia especial.

Y ahí estaba cuando entramos a las nueve de la mañana en el aula. Hecho un dandee, como siempre: su traje oscuro, su corbata bien puesta, peinado con raya, impoluto. Gemelos por demás, zapatos de hebilla, y un bastón con empuñadura dorada, que lucía con elegancia por un desdibujado accidente de juventud.

Fuimos entrando, cual procesión, por delante del insigne maestro, casi conteniendo el aliento. Se olía el acontecimiento en todas las caras. Y él lo sabía. Nos sonreía –como siempre- desde su silla de profesor, una pierna sobre la otra, y muy separado de la mesa.

Poco a poco, todos los que asistimos al evento fuimos tomando asiento. Y el profesor, impaciente se levantó con un brinco impropio de sus años.

            Damas y caballeros –no habría escogido yo ese apelativo para el respetable, pero, por ser quien era, se lo pasamos -, hasta aquí ha llegado mi deber. Creo que éste año he conseguido darles a conocer las nociones que considero más importantes de la disciplina que, dicen, mejor conozco. Sin embargo, permítanme discrepar en esta última apreciación – silencio, como él esperaba-. Pues sí, de esta asignatura se han examinado la mayoría con éxito, y mi ilusión durante todo el año ha sido el hacerles entender en poco tiempo lo que en mi juventud me supuso largas noches de insomnio. Pues bien, hay algo que también me ha mantenido en vela durante años, y considero que es mi deber darlo a conocer, pues he hallado una solución.

            Miren ustedes, de aquí, salen a un mundo que les va a interpretar como un número, que puede ser más valioso o menos, pero no deja de ser eso, un número. Estoy seguro de que la vida les depara a todos ustedes grandes éxitos profesionales y sociales, y es por ello que no me gustaría que se vieran abocados al abismo de no saber quienes son. Así es que, permítanme darles un consejo de anciano, que espero les sirva en su futuro camino lleno de triunfos: no olviden que lo único que da la felicidad en este mundo es conocer cosas y amar a personas. – Gema, la de la segunda fila, rompió a llorar. Ciertamente, el tono fraternal que había adoptado el venerable maestro bien merecía unas lágrimas-. No es una broma, damas y caballeros. Fíense de mí, les hablo con la voz de la experiencia. Esta disciplina es la que yo considero primordial, y es asimismo aquella en la que me siento más experto.

            Les deseo lo mejor.”

El “Down” como síndrome

25 mayo 2009 en 7:38 pm | Publicado en Uncategorized | 2 comentarios
Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Hoy hemos comentado en clase de teoría de la Comunicación una noticia de El País sobre Pablo Pineda, el famoso actor, primer licenciado down de Europa, según el texto.

Y la polémica ha surgido tras el primer testimonio: porque alguien ha llamado enfermedad al tal síndrome, y la profesora se ha acelerado a afirmar que no es tal, sino un síndrome concreto, fruto de una trisomía cromosómica en el par 21.

 Yo he pretendido aclarar el malentendido, basándome en mi experiencia: no en vano gozo del trato de un tío y un primo que padecen los efectos de este “síndrome”. He aclarado que, si bien no he consultado la OMS, las personas con síndrome de down suelen tener en común trastornos auditivos y de la vista, además de problemas de corazón, y otros tantos.

 La profesora ha añadido que desde luego que tenía razón, pero que no era apropiado llamar lo enfermedad, al igual que no debía llamar discapacitadas a las personas que sufren una discapacidad, sino que debía decirse que “tenían una discapacidad” (todo esto, según lo que entendí: no eran palabras textuales.).

Luego, comentando la noticia, ha afirmado que “el hecho de que la noticia recoja las declaraciones textuales de Pablo Pineda ayuda a que no despierte en nosotros el sentimiento reflejo de compasión”.

 Y mi conclusión es la clásica crítica a la sociedad posmoderna de nuestros días, que como no sabe muy bien lo que es el hombre, acude a lo básico: sus prestaciones. Y por tanto, establece la dignidad de la vida humana en las diferentes capacidades que cada individuo puede desarrollar. Es un planteamiento utilitarista de la vida humana que, a la larga, lleva a errores como los eternos eufemismos –de tarados, a minusválidos, pasando por discapacitados, y hasta que lleguemos a las “capacidades alternativas”- y, cuando la verdad se manifieste innegable, a la eugenesia.

 Quizá suene un poco fuerte, pero cada vez me parece más evidente. Cuando una sociedad se niega a llamar a las cosas por su nombre, algo muy malo se está cerniendo sobre ella. Y cuando la sociedad niega a sus individuos la compasión, el camino se hace más individual, pero también más arduo, y con menor posibilidad de éxito.

 Pienso que la verdad duele, pero cura. La mentira anula el sufrimiento, pero desangra.

Salamanca y el Psoe

19 mayo 2009 en 6:03 pm | Publicado en Uncategorized | 2 comentarios
Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , ,

Ayer, mientras salía camino de la facultad (en torno a las 9:30, porque salía tarde,), me encontré con el ex-Ministro de Sanidad Bernat Soria por la calle Nuñez de Balboa. Paseaba a lo que me pareció un West Hiland Terrier, y vestía (el ex-Ministro, no el perro) de traje oscuro y corbata. Me miró con cara de pocos amigos (quizá porque al verle puse la cara de “quien-es-este-tipo-que-yo-creo-que-sale-en-la-tele”), y estuve lento y cobarde a la hora de sacarle una foto por el móvil.

Bernat Soria

Bernat Soria

El incidente quedó en la anécdota, pero es que hoy, al volver de la universidad, a eso de las 14:35  -tarde también, porque la profesora de Movimientos Literarios se ha alargado en el análisis de “La carretera”- he visto, en la misma acera, y también trajeado -aunque esta vez, sin perro- a Diego López Garrido, portavoz del PSOE en el Congreso. Tampoco le he sacado una foto, pero como tengo que actualizar el blog, y los exámenes no me dan para elaborar grandes teorías pseudoteofilosóficas (la reflexión típica del periodísta que cree conocerlo todo, si queréis mi opinión), me he decidido a colgar esto. Además, si a mi grupo de Pepinonews le gusta, tal vez lo cuelgue ahí también. Y así cumplo el cupo.

Diego López Garrido

Diego López Garrido

Me ha hecho mucha gracia.

Lo que las viejas saben (y lo que no)

11 abril 2009 en 5:51 pm | Publicado en Uncategorized | Deja un comentario
Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Es que no puede ser que el Papa vaya diciendo por hay que el preservativo provoca SIDA. De verdad que no hay derecho a que lo diga, porque a una le quita la fe…”

Estas eran las palabras de, por lo demás, una venerable anciana que cogía la línea C2 para volver a su casa –como yo- desde Moncloa.

No interrumpí la conversación, pues no hablaba conmigo, pero luego me arrepentí de no haberlo hecho: quizá podía haber aliviado su dolor, haberle resuelto sus dudas, o haberla sacado del error. No lo hice.

Me dio bastante que pensar: el primer juicio que emití sentenció a los medios de comunicación y su irresponsabilidad: Público no mentía en su información: si se leía a fondo todos los artículos podía llegar a saberse lo que el Papa había dicho: pero titular –como lo hicieron –a toda portada “el Papa afirma que los condones <<aumentan el problema del sida>>”, era un ejercicio de demagogia, al más puro estilo del tabloide inglés con su refrán “que la realidad no te estropee una buena historia”. Creo que es urgente que quienes nos dedicamos a los medios tomemos conciencia –para bien –del papel que jugamos en la formación cultural de los individuos; si un periódico es radical, su público lo será: pero mucha parte de ese público lo será sin razón y con vísceras. La línea editorial de un periódico debe llevar a pensar con juicio crítico, no a odiar sin sentido ético.

Pero no me voy por las ramas. En segundo lugar pensé en la ya conocida frase de un santo del siglo XX “una de los mayores problemas de la Iglesia católica es la escasa formación de sus fieles”. Como decía Alejandro Llano, es la lectura la que nos inmuniza contra los totalitarismos, -o, como rezaba también una pintada en mi facultad: “el fascismo se mata leyendo” -: una anciana que no ha leído más que el catecismo y los periódicos, cuando estos dos se contradicen, no sabe qué pensar. 

En tercer lugar, y ya cuando me había bajado del autobús, pensé en la falta de sentido común que demostraba la anciana al afirmar tal cosa. Primero, porque si un titular de periódico destruye tu fe, significa que poca fe tenías; y segundo, porque, si te reconoces católico, reconoces en la figura del Papa –sea quien sea, como decía el mismo santo al que antes cité – a un padre, a un sustituto de Cristo –tu Dios-; y el sentido que da el cariño debería llevarte a tratar de comprender o escuchar a la parte de tu padre, del mismo modo al menos que la hija de un reo escucharía y hasta creería la versión de su padre, mientras no se demostrase que mentía. Es, en el fondo, una cuestión de lealtad.

Por último, mi mente criticó duramente también a la vieja por la volatilidad de los pilares de su fe : “si mi fe me dice A, como A no me gusta, ya no creo”: en el fondo, este modo de pensar que hoy está muy extendido, lo que lleva a afirmar es que lo importante no es alcanzar la verdad de la fe, sino la “originalidad en la fe”, la auocomplacencia personal, la “autorealización”. En mi opinión, el egoísmo de toda la vida, camuflado de derecho irrenunciable.

Y es lo que tantas veces ha criticado el actual Papa: sustituir la verdad por la originalidad.

Me ha quedado una entrada muy larga: lo lamento.

 

 

Página siguiente »

Blog de WordPress.com.
Entries y comentarios feeds.