El enamoramiento según D. Enrique

11 noviembre 2009 en 10:13 am | Publicado en Uncategorized | 5 comentarios
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Voy a volver a fusilar un texto de Enrique Monasterio. Se lo dedico a tantos… Los espiritus del bosque se han aliado para que, después de 15 días de sequía, tenga que retrasar ya tres días consecutivos un anecdotón por cosas que no pueden esperar. Ya llegará…

Ayer me acordé de Julio. Han pasado tantos años que ya no importa dar su nombre auténtico. Hablo de un amigo de mis años de universidad.

Julio hacía tercero de Derecho como yo, y decía que estaba loco por Carmen. Me confesó que no podía pensar en otra cosa, que no era capaz de estudiar (nunca lo había sido, la verdad), que necesitaba estar con ella o si no…

—Si no, ¿qué?

Carmen era muy popular en el curso, sobre todo tenía poca competencia: en clase había más de cincuenta chicos para sólo cuatro o cinco chicas.

Julio era medio poeta (menos de medio, en realidad) y le hizo un soneto penoso, que describía las características anatómicas de Carmen con una mezcla aterradora de cursilería y suciedad.
Me lo leyó una mañana nada más llegar a la Facultad.

—Oye, Julio —le dije—, tú, ¿la has mirado a la cara?

—¿A Carmen? Claro; ¿no te digo que estoy enamorado?

—Ya. ¿De qué color tiene los ojos?

—¡Azules!… No, verdes. Espera, no me lo digas…

Ya digo que ayer me acordé de Julio. Hablaba con un chaval de 16 años que tampoco se ha fijado demasiado en los ojos de su presunta novia.

Le he dicho lo mismo que a Julio:

—Cuando sepas muy bien cómo son sus ojos y te importe eso más que el resto de su anatomía, creeré que empiezas a estar un poco, sólo un poco, enamorado.

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La felicidad de Tolstoi

1 mayo 2009 en 4:46 pm | Publicado en Uncategorized | 1 comentario
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León Tolstoi dijo una vez: El secreto de la felicidad no está en hacer siempre lo que se quiere, sino en querer siempre lo que se hace. Ha sido amor a primera vista cuando la he leído en un cartel de mi Colegio Mayor. Y como habla por sí sola y hoy ya he escrito, os la dejo para que la disfrutéis sin mis aditivos y estorbos. Aupa.

Mendigos y Papas

27 abril 2009 en 1:51 pm | Publicado en Uncategorized | Deja un comentario
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He seguido dando vueltas a lo largo de estos días a las palabras tan criticadas del Papa en el avión que le llevaba a Camerún. Se que pasó hace ya un mes, pero he seguido buscando nuevos significados -porque los tiene -a tamañas declaraciones.

Y me acordé de una pobre ancianita de mi barrio, con la que en ocasiones coincidía cuando iba a Misa. Era señora muy mayor y bondadosa, y daba limosnas a los pobres del barrio con una condición.

– Tome usted, buen hombre, pero no se lo gaste en drogas.

Los mendigos tenían distintas reacciones: algunos sonreían, otros agachaban la cabeza y recibían la limosna; otros, con el juicio ya perdido, renunciaban a recibir tal estipendio, o incluso montaban un cirio sin motivo.

Pero aquel día ocurrió algo distinto. Era un mendigo nuevo, ya anciano y con cara de malas pulgas a quien le toco recibir las monedas y el sermón habitual.

– No se lo gaste usted en drogas.

– No señora -respondió, entre sonriente y lloroso -, descuide que con esto me compraré una casa.

La señora se fue aquella vez a su casa sin la tradicional sonrisa de suficiencia de quien había hecho una obra buena. Y a mí me resonaban las palabras de aquel santo a quien tanto cito: La caridad no está tanto en dar como en comprender. Y ahora resuenan en mis oidos las malinterpretadas palabras del Papa:

Diría que no se puede superar este problema del sida sólo con dinero, aunque éste sea necesario; pero si no hay alma, si los africanos no ayudan (comprometiendo la responsabilidad personal), no se puede solucionar este flagelo distribuyendo preservativos; al contrario, aumentan el problema. (…) una verdadera amistad también y sobre todo con las personas que sufren; una disponibilidad, aun a costa de sacrificios, con renuncias personales, a estar con los que sufren…”

No comprendo que frase no se entiende.

La libertad y sus usos (II)

24 abril 2009 en 10:59 am | Publicado en Uncategorized | Deja un comentario
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Aunque esta no haya surgido de un arrebato inspirativo como su primera parte, por ser continuación de la anterior, y por llevar mucho tiempo sin escribir.

Recordad la alegoría de la libertad como cuerda: si no, os perderéis. Avisados estáis.

Sobre la libertad, hemos hablado de sus usos, no de lo que trae consigo.

Creo que hoy mucha gente no tiene cuerda, pero, cuando la consigue, descubre que no quiere asumir el peso de llevarla encima. Y entonces llegan otros, más inteligentes, que te aseguran que la llevarán por ti, que no hace falta que te preocupes, que ellos la cargarán hasta que llegue el momento de usarla.

 

Esa es la corriente propia del materialismo: negar las realidades malas, y hacerte ver que lo único necesario es aquello que no cuesta esfuerzo.

 

Y entonces llega el momento de escalar la gran colina, y debes utilizar tu cuerda. Y aquel que no llevaba la cuerda encima –pesaba demasiado, pese a ser una posesión valiosa- tendrá cuerda, pero no tendrá desarrollado el músculo necesario para escalar. Y quien nos llevaba la cuerda –que nos engañó vilmente- nos tendrá en su mano: subirá a lo alto –con nuestra cuerda- y desde allí dirigirá nuestros movimientos: no te preocupes, no precisas, de cuerda. En ese foso se está muy bien, sólo fíate de mi criterio… Y no te preocupes, si la verdad es que pesaba demasiado… Es más, sigo pensando que pesa demasiado, y que deberías darme algo a modo de alquiler por sostener tu cuerda…

 

La libertad tiene sus usos, pero también sus consecuencias. Y no es plenamente libre quién no asume las consecuencias de su actuar libre. Si no tomas la responsabilidad eres esclavo de tu personal inmadurez.

 

 

Lo que realmente dijo Benedicto XVI

20 marzo 2009 en 6:55 pm | Publicado en Uncategorized | Deja un comentario
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Este texto lo he tomado de http://www.opusprima.wordpress.com y aunque es un poco largo, merece la pena.

“Yo diría lo contrario: pienso que la realidad más eficiente, más presente en el frente de la lucha contra el Sida es precisamente la Iglesia católica, con sus movimientos, con sus diversas realidades. Pienso en la comunidad de San Egidio que hace tanto, visible e invisiblemente, en la lucha contra el Sida, en los Camilos, en todas las monjas que están a disposición de los enfermos… Diría que no se puede superar el problema del Sida sólo con eslóganes publicitarios. Si no está el alma, si no se ayuda a los africanos, no se puede solucionar este flagelo sólo distribuyendo profilácticos: al contrario, existe el riesgo de aumentar el problema. La solución puede encontrarse sólo en un doble empeño: el primero, una humanización de la sexualidad, es decir, una renovación espiritual y humano que traiga consigo una nueva forma de comportarse uno con el otro, y segundo, una verdadera amistad también y sobre todo hacia las personas que sufren, la disponibilidad incluso con sacrificios, con renuncias personales, a estar con los que sufren. Y estos son factores que ayudan y que traen progresos visibles. Por tanto, diría, esta doble fuerza nuestra de renovar al hombre interiormente, de dar fuerza espiritual y humana para un comportamiento justo hacia el propio cuerpo y hacia el prójimo, y esta capacidad de sufrir con los que sufren, de permanecer en los momentos de prueba. Me parece que ésta es la respuesta correcta, y que la Iglesia hace esto y ofrece así una contribución grandísima e importante. Agradecemos a todos los que lo hacen”.

 

 

Ciertamente si uno lee la prensa más punzante hacia la Iglesia en lugar de acudir a la fuente original puede caer en el mismo craso error, por ejemplo, que la portavoz de ICV, Laia Ortiz, que acusa a Benedicto XVI de fomentar la propagación del Sida en África. Dante Alighieri explica que hay cuatro modos de lectura de un texto por orden de importancia significativa y hermenéutica, a saber: analógica – entendimiento –, teológica, moral y literal. Si nos quedamos con esta última, quizá una lectura rápida y de exigua reflexión puede conducirnos, con exagerada precipitación, a enarbolar una inexacta interpretación. “Si no está el alma, si no se ayuda a los africanos, no se puede solucionar este flagelo – el Sida – sólo distribuyendo profilácticos: al contrario, existe el riesgo de aumentar el problema”. Estas palabras del Romano Pontífice están totalmente alejadas de lo que la prensa ha querido interpretar como palabras del Papa. En ningún momento el Santo Padre dice que tal enfermedad no pueda solucionarse con la distribución de preservativos, sino que éstos no pueden ser ni son la única solución, sino que ésta pasa por una verdadera formación sexual.

 

 

El Sumo Pontífice de la Iglesia Católica no se halla alejado de la realidad, todo lo contrario, es conocedor del padecimiento que sacude tanto en África como muchos países de Centro América y América del Sur. Benedicto XVI es muy consciente de la desenfrenada sexualidad – debido a la falta de educación y formación sexual – que se vive en muchos de estos países. Por la experiencia personal de este humilde escribano se qué Benedicto XVI bien sabe la labor que hemos hecho muchos cristianos en muchos de estos lugares, pues así consta. En las aldeas de Nicaragua, por poner sólo un ejemplo, las relaciones sexuales se viven con absoluta irresponsabilidad: en muchas familias – y lo digo por experiencia, reitero – es fácil encontrar niños y niñas de distintos padres y madres, incluso hermanos que han tenido hijos entre ellos. Por esto el Santo Padre afirma que el uso de preservativos no puede ser la única solución a muchas enfermedades como el Sida. Si consideramos que todo queda solucionado con la repartición de preservativos sí estamos cometiendo un gran error. La verdadera solución pasa por formar a las personas y explicarles las graves consecuencias que puede llevar una desordenada vida sexual. Seamos sinceros, todos tenemos, en mayor o menor medida, una vida sexual, pero sólo si somos conscientes de los peligros graves que esto comporta – mantener relaciones sexuales con distintas personas, ya sea en la puerta de una discoteca, en un burdel de carretera o en un intercambio de pareja – podemos evitar trágicas consecuencias que no se solucionan sólo con el uso de preservativo.

Por si acaso algún periódico no se enteró bien.

Del dolor y la paz

15 febrero 2009 en 7:58 pm | Publicado en Uncategorized | 23 comentarios
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Hay que unir, hay que comprender, hay que disculpar.
No levantes jamás una cruz sólo para recordar que unos han matado a otros. Sería el estandarte del diablo.
La Cruz de Cristo es callar, perdonar y rezar por unos y por otros, para que todos alcancen la paz
.” (San Josemaría Escrivá. Vía Crucis. VIII Estación.) 

En este siglo XX que nosotros hemos visto terminar, se han cometido muchas injusticias. Y desde mi perspectiva, han sido burradas fruto de perder la noción de Dios. El hombre se ha autoproclamado creador de su propia moral, y ese ha sido su final.

Pero también ha sido fruto de la desidia de muchos que se dijeron cristianos y podían haberlo sido más. De ahí la cita que pongo arriba. Y no hace falta que diga nombres.

Mientras no tengamos rostro

31 enero 2009 en 7:31 pm | Publicado en Uncategorized | 3 comentarios
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lewis

He roto mi juramento de no escribir nada hasta que no hubieran terminado los exámenes: he aguantado tres semanas, pero esto debo contarlo antes de que se me pase la emoción. Menudo libro.

A C. S. Lewis le admiro profundamente, pues ya he leido 10 de sus obras, pero le veía como un autor simpático, de narración fácil, evidente, cartesiana. Un apologeta como pocos. Pero esta obra a superado mucho mis espectativas: la cogí para leer en trayectos y ha sustituido -muy a pesar mío- horas y horas de tiempo de estudio.

Orual es una mujer fea, como pocas, que es reina de Orual y quiere resarcirse con los dioses presentando una querella. Y su querella es su biografía.

Es el mito de Psique y Hermes trasladado al simbolismo occidental cristiano… Y mucho más humano. no dejéis de leerlo. Cada linea es una sugerencia profundísima.

¿Existe el amor?

1 enero 2009 en 7:34 pm | Publicado en Uncategorized | 10 comentarios
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corazon

“El amor no existe”, es hoy una de las afirmaciones menos expresadas y más sabidas de la juventud española -entre la que me encuentro-. No se piense el/la lector/a que voy a hacer una americanada de este texto: quiero que lo que voy a decir -que ha dicho ya mucha gente, pero sin pensarlo- lo metas en tu interior de forma aséptica, sin influencia exterior alguna:

Mucha gente dice “no existe el amor”, porque tuvo una primera experiencia sentimental -en el sentido estricto de la palabra: sentimiento- que acabó mal -o simplemente acabó-. Y como es a eso a lo que hoy se llama amor, la conclusión lógica es afirmar: “El amor no existe. Y si existe, desde luego no es para siempre”.

Y pienso, humildemente, que ese es el problema:  la confusión de los términos. Ya me he referido en otros post al “gustirrinin” entendido como amor. Y quizás, el problema es más que buscamos fuera de nosotros lo que está dentro de nosotros: el amor existe, está en el interior de cada persona: y cada persona es libre de dárlo a quien quiera, o de quedárselo, en cuyo caso el amor se convierte en celo y búsqueda desenfrenada e irracional del placer personal. Y es una verdadera ruina.

Pero estoy pontificando más de lo que debería, y la imagen es demasiado irónica como para seguir en este tono sin herir a nadie. Quedémonos con la típica frase de película ñoña americana: “El amor está en tu interior”.

La libertad y sus usos

9 diciembre 2008 en 10:20 am | Publicado en Uncategorized | 2 comentarios
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Este texto ya lo publique en mi anterior blog, pero por mi entonces -y actual- desdén a la distribución mediática -me he curado en humildad- no tuvo demasiada difusión. Lo reedito, tal como lo parí aquella tarde. Tiene un par de añitos: quizás aflore mi adolescencia en algún pasaje, pero asíe s más bonito:

Recurramos al símbolo: La libertad –al contrario de lo que muchos piensan- es una cuerda. Una cuerda muy especial: Si quieres subir una distancia, puedes engancharla y usarla de apoyo. Hasta aquí todo normal. Pero es que sin cuerda, es muy difícil subir a ningún sitio. Y mucha gente no tiene cuerda. Y pelea tanto por alcanzarla que al final, cuando la consigue, se olvida de la cuesta que tenía que subir, y se dedica a presumir de que tiene cuerda, y de que podría subir a cualquier lado si quisiese. Pero no la utiliza.

Eso le pasa a mucha gente hoy en día.

La cuerda, sirve para salvar obstáculos, pero también tiene muchos otros usos. Por ejemplo: Tiene una peculiaridad esta cuerda: no se le pueden hacer nudos, salvo que sea en torno a algo, es decir: puede atarse, no anudarse.

Y hoy en día, mucha gente se anuda la cuerda en torno a sí misma, sin darse cuenta de que en la cuerda cabe mucha más gente.

Muchas veces, los que la ondean al viento, sin intención de utilizarla, son los que, de tanto moverla, acaban enganchados por los pies sin saberlo, y suelen caer de bruces al suelo, liados ellos solos con su cuerda, que se convierte en un estorbo, por mal usarla. ¿Puedes utilizarla para eso? Sí, sin duda. ¿Resulta –seamos pragmático por una vez- útil en algún caso? No. A nadie le sirve de nada estar atado por los pies.

Sin embargo, otros, empeñados en la magnitud de su empresa, son capaces de escalar grandes distancias, y de subir a otros con esa misma cuerda: o de utilizar varias cuerdas a la vez para subir, entre varios, distancias más altas… E incluso, si no triunfan, por haber subido con otros –o haberlo intentado- si en un momento de la escalada se rompe la cuerda, y en la caída quedan enredados , pongamos- que coincidencia- por los pies, estarán enganchados, estarán liados, pero estarán en compañía.

La libertad, como las cuerdas, de ejercerla se gasta: Es inevitable: cuanto más libre eres, es que más comprometido estás: más cuesta arriba se hace la colina cuanto más alto escalas. Y sin embargo, por tu voluntad, estas gastando la cuerda en cumplir su fin. Quizá algún día se rompa –quizá no- pero los que la ondean al viento, la tendrán estupendamente cuidada sin que les haya servido para nada.

Un consejo, y un juego de palabras: guárdate de mimar tanto tu cuerda, y de ondearla tanto al viento, que quedes enganchado de por vida tu solo, en tu cuerda –por muy magnífica que esté-.

Ahora el juego de palabras: Siguiendo la lógica elemental de la regla de tres, si libertad es cuerda, el más libre es más cuerdo, que encaja perfectamente con el “la verdad os hará libres” que derivando de cuerda a cuerdo, y de cuerdo a cordura, podríamos decir que la cordura es el conocimiento de la verdad. El loco es el que desconoce hasta quien es. Cuanto menos conozcas, más loco eres. Y también, por regla de tres, cuanto más loco, menos libre.

Sobre la Humanidad

16 noviembre 2008 en 5:47 pm | Publicado en Uncategorized | 3 comentarios
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john-nash-juegos

 

Elijo no verlos”. Esa es quizá una de las frases que definen el tema de la película Una mente maravillosa. Y es un fiel reflejo de lo que los filósofos llaman “diferencia de modo  y no de grado”. No es literal la cita fílmica,  pero me hizo mucha gracia.

 

Quizá no se comprenda del todo la expresión sin un contexto: John Nash, matemático, esquizofrénico e inteligentísimo Premio Nobel de Economía, consigue vencer a los efectos de su enfermedad mental, aceptando lo que es, y eludiendo racionalmente los síntomas. Lo pasa mal: sufre recaídas de unas ilusiones dolorosísimas, llega a agredir a su mujer, sospecha que es perseguido por agentes comunistas, y cree observar patrones de mensajes comunistas en clave en cualquier anuncio de tabaco.

 

¿Cómo vence? Con mucha lucha, es evidente. Pero principalmente lo que utiliza es la humanidad, mal que suene a película de azúcar. Y la frase de arriba toma todo su sentido: cuando, ya anciano, y profesor de matemáticas, a John le proponen para el Nobel, y mandan a un emisario para que compruebe su cordura, Nash es preguntado sobre su actual salud mental. “¿Se refiere a las ilusiones? Oh, siguen estando allí. Lo que pasa es que decidí ignorarlas, hasta que se cansaran de mí. Elijo no verlas”.

 

Creo que es precisamente esa frase la que resume con mayor precisión lo que representa a la condición humana: la elevación natural del hombre sobre sus condicionantes naturales –o físicos-. Superar nuestros defectos –de carácter, de enfermedad, de costumbre-, estar por encima de nuestras inclinaciones –y de los malos deseos- es lo que nos hace más humanos, más allá de lo que pensase Rosseau.

 

 El hombre no es bueno por naturaleza: se hace bueno o malo con las decisiones que libremente asume.

 

¿Cómo es de libre el hombre?

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