El eje marcha hacia Oriente

17 enero 2011 en 12:00 pm | Publicado en Asia, China, Economía Global, Sociopolítica | Deja un comentario
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La economía china se acerca a la norteamericana
La economía china se acerca a la norteamericana

El año 2011 se ha despertado con premoniciones apocalípticas del ya casi trending topic final de la hegemonía de los EE.UU. El poder se desplaza a China, que sigue, sin embargo, sin mostrar avances considerables en Derechos Humanos, pero cuya economía crece exponencialmente, duplicándose cada siete años aproximadamente. Si bien la economía estadounidense aún triplica a la china, The Economist ya ha ubicado el traslado de poder para el año 2019. Bien es verdad que otros la ubican más tarde, pero nadie duda ya de la fuerza del país más grande del mundo.

Así, el pasado 12 de enero NYT amanecía con Didi Kirsten Tatlow escribiendo una carta desde China: en el imperio oriental ya nadie envidia el sueño americano, donde las grandes ciudades producen productos de consumo al mismo nivel que norteamérica: desde comida basura hasta iPhones.

Ge Yang que edita Umiwi.com, una página web dirigida al público chino adinerado nacido en a partir de los 80, afirma que ni los mismos chinos sueñan ya con ser americanos, salvo quizá en la capacidad de creación cultural: en el mismo artículo arriba mencionado, afirma que: “no podemos hacer lo que hacen culturalmente: producir cosas como Tom y Jerry, ‘Transformers’, ‘Avatar’, ‘Inception’, iPhones, Barbies. Estados Unidos tiene cosas que realmente envidiamos, en el plano cultural. “

Europa, en segundo plano

Prew Research Center afirma asimismo que los datos de americanos que consideran a china como el aliado de referencia se han multiplicado en los últimos cinco años hasta alzarse con la mayoría: casi a la misma velocidad de aquellos americanos que perciben que el imperio asiatico ha desbancado ya a EEUU (el 47% de los encuestados) en el terreno económico global.

Poder económico frente a poder militar

Lo curioso es que, contra todas las premoniciones liberales, China no se ha dejado seducir por el liberalismo, y su clase media, que ha crecido como la espuma, no está pensando en luchar por la democratización. Como dice Richard McGregor en Foreign Policy, “El coste de oponerse al partido es prohibitivamente alto. De ahí que los gérmenes de la agitación en los últimos años se hayan localizado principalmente en áreas rurales, donde residen los habitantes más pobres, que están menos involucrados en el milagro económico del país. “¡Trabajadores del mundo, uníos! No tenéis nada que perder más que vuestras hipotecas” no da la talla como eslogan revolucionario.” Los Derechos humanos siguen siendo su batalla perdida.

El PCCh ha aprendido de sus errores en el pasado -Tiananmen, y demás- limando su autoritarismo para no resultar demasiado molesto a la ciudadanía de clase media, mientras les incita a la libertad de consumo -que no de pensamiento-: sencillo mecanismo de distracción que, si bien McGregor cree que puede durar siempre, yo (humildemente) considero insostenible -no nos engañemos: tanto para China como para España: el consumismo, como los analgésicos, no ofrece futuro a largo plazo-. Ha descubierto el equilibrio entre el control social y la sensación ciudadana de libertad, con una serie de mecanismos de propaganda y represión lo suficientemente disimulados como para no fatigar las conciencias de la población despreocupada.

Pero China se enfrenta a más problemas: La política del hijo único no sólo ha provocado un acelerado envejecimiento de la población, sino también un aumento desmesdurado en las promociones de varones. Como apuntaba el país en 2007, para dentro de diez años habrá 30 millones de hombres solteros en China. ¿Qué tiene que ver la política del hijo único con este drama demográfico? Pues que, por la infravaloración de la mujer en China, muchas familias preferían tener un varón antes que una mujer: de ahí que muchas niñas chinas fueran abandonadas, asesinadas o dadas en adopción.

Las crisis no son decisivas si se aprende a vencerlas: China ha demostrado en los últimos 30 años que es capaz de sortear sus propias crisis. De cómo se comproten los gobernantes dependerá el futuro del gigante rojo. Pero todos los factores los tienen de cara para ser la nueva primera potencia. Y no son democráticos. ¿Estamos volviendo hacia atrás?

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