Las cizañeras

18 octubre 2009 en 5:34 pm | Publicado en Uncategorized | 2 comentarios
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Desde que el mundo es mundo, ha habido marujas. Pero es que el otro día se me presentaron de un modo extraño. Llegamos, como de costumbre, al centro de día, y una señora con pinta de desenvuelta me dijo: “Está muy bien que vengáis a estos centros los jóvenes a cuidarnos, un poco, que si no nosotros nos sentimos inútiles, además de que os sirve para aprender de la vida…” Y más cosas. Y, aunque observé que su discurso estaba bastante elaborados –con varios ejemplos muy ilustrados de lo que sabían y no sabían los niños de hoy –también me di cuenta de que solía repetir las ideas, y en un orden bastante parecido de desarrollo. Pensé que sería una extraña técnica pedagógica, hasta que comenzó por tercera vez por su “Está muy bien que vengáis a estos centros…”, momento en el que me di cuenta de que, en realidad, estaba tratando de retenerme sin tener nada que contar. No se lo señalé por delicadeza, pero la señora que estaba a su lado, mientras coloreaba un castillo exclamó para sí “¡Hala!, otra vez”. En ese momento, mi conversadora compañera se indignó y exclamó:

– Qué dice usted?

– Nada, nada –respondió quien estaba a su lado

– Ah, bueno. Pensé que se estaba burlando de mí. Porque estos niños de hoy lo han tenido todo –se dijo, volviendo hacia mí- pero yo todavía recuerdo que en la guerra vivíamos al lado de un cuartel, y porque mi madre era muy amiga de la madre de un militar, a veces nos daban de cenar, ¡lo que les sobraba del rancho en el cuartel!

Puse toda la cara de asombro que pude, sin embargo, otra compañera entró en el juego, tumbando el mito del rancho:

– Al menos tenías un rancho. De qué te quejas. Casi todo el mundo se pasó la guerra comiendo piel de patatas.

– ¡Sí! Es verdad –respondió la maruja numero 3- pieles de patatas –y como era muy risueña le hizo mucha gracia. Y fue cuando descubrí que la primera de las señoras era una verdadera susceptible, porque, girándose indignada, le preguntó:

– ¿Se está riendo usted de mí?

– No, no por Dios.

– Ah, bueno, es que pensé que se estaba riendo usted de mí –dijo con cara de pocos amigos y, para mi horror, me echó una mirada cómplice, y resolvió: Si es que aquí hay mucho Séneca suelto.

Debo reconocer que me asustó, pero más me sorprendió que poco a poco, todas iban dando su versión, y todas iban pensando que yo estaba de su parte en el conflicto. Es más, empecé a pensar que yo era el trofeo que se sorteaban durante la discusión.

– Porque tú siempre cuentas la guerra y te crees que no se pueden contar otras, y yo la puedo contar y mucho mejor que tú –mirada complice de vieja 3

– Sí. Y fíjate en la educación, que antes sacabas malas notas y tu padre te daba una que no te levantabas. Ahora, saca el niño malas notas y los padres pegan a la maestra. –otra mirada cómplice.

Y la primera, a lo “qué se dice que me opongo”:

– ¡Pero si hay que ser modernos! ¿No hay que ser modernos? Hay mucho Séneca… Y mirada cómplice.

No sé muy bien como salí de aquella conversación. Pero la maruja 1 había vuelto a decir

“Está muy bien que vengáis a estos centros los jóvenes a cuidarnos, un poco, que si no nosotros nos sentimos inútiles, además de que os sirve para aprender de la vida…”

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2 comentarios »

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  1. jajaja… buenísimo, muy entretenido el relato. ajajajaja.

    • Me alegro de que te guste!


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