El aborto, el lince y la economía

18 marzo 2009 en 2:46 pm | Escrito en Uncategorized | 40 comentarios
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Tenía otra entrada preparada para hoy, pero como ha salido esta campaña:

me ha parecido más entretenido comentar un pasaje que ha ocurrido recientemente. Fue ayer, en la tercera clase con la nueva profesora de Economía. La estoy cogiendo cariño: ningún profesor ha ocupado hasta ahora dos entradas de mi blog.

El caso es que, no sé muy bien a cuento de qué, ha comentado:

¿Qué os ha parecido la campaña de la Conferencia Episcopal de los linces? ¿No sabeis de qué hablo? De una campaña superagresiva contra el aborto que han lanzado los obispos, que consideran que la vida del embrión debería estar más protegida que la de los linces ibéricos. Esque de verdad…”

La cita no es textual, porque no tenía grabadora. Y se me ocurrían varias pegas: me gustaría habérselas dicho a ella, pero la verdad es que sigo siendo igual de cobarde que siempre:

1. Me parece mal que exprese, sobre un tema tan visceral -literalmente- una opinión tan abierta, y, aunque sé que no lo hizo a propósito, podría haber pensado que igual no todo el alumnado pensaba como ella.

2. No se puede criticar a la Iglesia porque quiera defender la vida del embrión: es una iniciativa con mucho respaldo social, y un cada vez mayor respaldo de las autoridades científicas (ya no hay médicos en la sanidad pública dispuestos a abortar, yen lugares como Navarra, ni siquiera los privados: debería darnos qué pensar).

3. Esa no es una campaña agresiva. si quieres di que es demagógica, proque no se mata a bebes de una año. Tu mismo. Pero agresivo es esto:

Y ES MUCHO MÁS REAL.:

Un último enlace:
http://images.google.es/images?hl=es&um=1&q=aborto

Por cierto, comentar lo que queráis, pero probablemente no responda, porque en este tema no sé controlarme.

La ancianidad a debate

11 noviembre 2008 en 8:00 pm | Escrito en Uncategorized | 3 comentarios
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fjb

Puerta de la comisaría de Pío XII (Madrid): son las 7:20 de la mañana, la hora a la que hay que acudir si quieres renovar tu DNI (Documento Nacional de Identidad) de inmediato, sin aguardar tu turno en una lista de espera inmensa.

Cuando llegué a la puerta ya había gente esperando: algunos habían llegado a las 7, o incluso antes. Dos ancianas estaban en primer lugar, y sólo compartían el estar ahí, y el ser ancianas. La que encabezaba la cola era una anciana simpática, de estas que eran unas pícaras de pueblo en su juventud: vestía con un especie de blusón, unas chanclas -aun era verano- y un abrigo de gomaespuma abierto.

La segunda era el ocaso de una señora respetable, con un gesto un poco retraido o contenido: quizá introvertida en sus movimientos, algo comedida.

Hablaban de las vanalidades del tiempo, de lo injusto de la espera, de lo ancianas que eran… La primera de forma chavacana y graciosa; la segunda citando a poetas. De vez en cuando nos citaban a alguno de los que estabamos allí con algunos años menos, y decían la consabida frase de “quién fuera joven”.

Por fin, entraron en el gran tema de discusión al que quiero dedicar ese post: comenzaron a hablar de lo cara que estaba saliendo la hipotéca “con eso de la crisis”. Y entonces, la anciana expansiva, la de pueblo, comentó:

-Pues en la caja donde yo trabajo, tengo una compañera que lleva viviendo en su piso sin pagar el alquiler durante dos años, y los dueños no la pueden echar porque la ley no lo permite -exhaló aire fuerte y declaró- ¡Si es que se le quitan a una las ganas de ser honrada!

Sin embargo, a la señora de alta cuna le mudó el gesto, y haciendo un mohín y midiendo mucho sus palabras, declaró:

- Pues usted perdone, pero la verdad es que su amiga a mí lo que me parece es que es una sinvergüenza. -y sobre la marcha se puso colorada, tal vez sorprendida de su atrevimiento -pero sin faltar.

- No, si no se preocupe -la expansiva era todo palabras y nada pudor- si yo he dicho compañera, pero digo, que la envidia es terrible…

- Ah, pues ahí yo no pienso como usted -la “pija” volvía al ataque, con redoblados esfuerzos por parecer al turno contundente y bien educada-: a mí no me da ninguna envidia una persona que se salta la ley…

Lo cierto es que la discusión siguió por otros derroteros, y las dos seóras siguieron constatando sus diferencias. Yo me quedé con ese debate: ¿La ley es un contrato social que todos debemos cumplir porque si no los demás sienten envidia? ¿El derecho es sólo un acuerdo de paz entre todos los individuos en base a sobrevivir? ¿No hay nada más, y por eso sentimos envidia?

La respuesta de la anciana elegante era mucho más esclarecedora: no basta con cumplir la ley, o con encontrar esquinas sin definir: lo importante en esta vida es ser honrado, aunque aparentemente no me reporte ningún beneficio (como digo, aparentemente).

Sin embargo, ese mismo debate lo propuso Sócrates hace muchos siglos: ¿Es preferible padecer o ejecutar la injusticia?

ÉL se moja: es mejor padecerla, porque -partiendo de la inmanencia del actuar humano- todo acto afecta al ser humano; y , por tanto, quien comete una injusticia se hace injusto, y no ocurre así en el lado contrario.

Ahora, os toca.

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