los científicos discrepan sobre el aborto
4 febrero 2010 en 9:00 am | Escrito en Uncategorized | Dejar un comentarioEtiquetas: Aborto, Ciencia, Científicos, Compromiso, Cristianismo, CSIC, Democracia, El País, Honradez, Ideología, Intelectuales, Manifiesto de Madrid, Manifiestos, Opinión Pública, Periodismo, Prisa, Religión, RTVE, Veracidad, Verdad

Larraga y su equipo del CSIC
(publicado en lifeand: http://www.lifeand.net/index.php/affair)
No exactamente. En marzo del pasado año, varias personalidades de renombre se pusieron de acuerdo para redactar un manifiesto a favor de la vida, en el que se daban argumentos de todo tipo, a la hora de trasladar al gobierno la preocupación de buena parte de la sociedad española a este respecto. Los argumentos científicos eran absolutamente incontestables:
“…la vida empieza en el momento de la fecundación. Los conocimientos más actuales así lo demuestran: la Genética señala que la fecundación es el momento en que se constituye la identidad genética singular; la Biología celular explica que los seres pluricelulares se constituyen a partir de una única célula inicial, el cigoto, en cuyo núcleo se encuentra la información genética que se conserva en todas las células y es la que determina la diferenciación delular; la embriología describe el desarrollo y revela cómo se desenvuelve sin solución de continuidad.”
Y a estos seguían otros de distinto carácter humanista, sociológico, político, filosófico…
“Lejos de suponer una conquista de un derecho para la mujer, una Ley del aborto sin limitaciones fijaría a la mujer como la única responsable de un acto violento contra la vida de su propio hijo.”
Se le llamó manifiesto de Madrid, de los intelectuales, Provida, de los antiabortistas… Nadie dijo científico, porque no se reducía a ciencia, sino a pensamiento: la ciencia decía lo que el embrión era, el Derecho lo que el embrión merecía, la sociología lo que el aborto suponía, y el sentido común lo que la gente pretendía. Algo tenían en común los argumentos: no exigían mirar a quién firmaba para ver si merecía la pena –aunque luego los firmantes lo valieran con creces-: eran argumentos inteligibles, incontestables, y certeros.
Poco tiempo tardó, sin embargo en aparecer un segundo manifiesto, auspiciado, según las malas lenguas, por el imperio PRISA (en boca de una fuente bien informada, “cuando un grupo social saca adelante una iniciativa cultural contra sus intereses, PRISA, que es un lobby cultural como pocos, saca su particular manifiesto”), donde se hacía saber que varios investigadores del CSIC firmaban contra la “creciente utilización ideológica y partidista de la Ciencia y la investigación científica en relación al debate suscitado en torno al anteproyecto de ley de interrupción voluntaria del embarazo.”
Lo cierto es que, de entrada, empezaba con una frase (“los abajo firmantes, investigadores científicos…”) que no se pudo cumplir: los firmantes acabaron siendo de los más diversos rangos sociales, por supuesto –ya no fue ni de intelectuales-: y por eso no se pudo confirmar el número de firmantes investigadores (la única fuente que se moja, wikipedia, alude a “al menos 17 académicos y científicos”). Pero no sólo eso es importante: como dije, los argumentos del Manifiesto de Madrid podrían hacerle a uno mayor o menor gracia, pero eran (en sentido metafísico): el manifiesto PRISA –vamos a llamarlo así, que me hace gracia, mal que luego no me contraten-, por el contrario, afirmaba una serie de vaguedades sobre la inmiscusión de la religión o la ideología en los datos científicos, pretendiendo defender la “imparcialidad de la ciencia” en el asunto. Habría quedado bien si hubieran conseguido más firmantes, y si Larraga –uno de los signatarios- no hubiera cometido un error de bulto en su declaración a los medios: afirmar, como publicó en su web RTVE, que
La creencia de que la vida se genera desde el momento de la concepción arranca del siglo XIII, cuando se pensaba que cada espermatozoide encerraba dentro un hombre (homúnculo) que infundía el alma al embrión, ha señalado Larraga, quien matiza que desde entonces “algo se ha evolucionado” en conocimientos.
En suma –y me he alargado más de lo que debería-: los mismos que esgrimían la “independencia” entre ideología y ciencia contra el manifiesto de Madrid, eran los que exigían fe a sus seguidores en ese mismo punto: “creednos: han usado la ciencia para sus intereses: daos cuenta de que somos investigadores, no vamos a decir mentiras”, parecían decir, en el colmo de la estupidez. Gracias a Dios, no fueron más que 17 (aproximadamente).
¿Qué significa ser católico?
29 abril 2009 en 7:37 pm | Escrito en Uncategorized | 2 comentariosEtiquetas: Aborto, Caridad, Católicos, Católicoyrojo, Catequesis, Compromiso, Cristianismo, Dogma, Ejemplo, Evangelio, Fidelidad, Iglesia, Iglesia Católica, Justicia, Lealtad, Misericordia, Novedades, Papa, Pena de Muerte, Piedad, Valores

¿Qué es y qué no es propio de un católico?
Esta entrada viene incitada por el último post de Catolicoyrojo, que me ha hecho pensar. Porque el autor antes citado se quejaba de que en su catequesis los niños tuvieran una concepción tan firme en materia de aborto -cuando él mismo no lo tiene muy claro- y sin embargo entre ellos hubiera quienes apoyaban la pena de muerte.
Consideraba urgente -y por la falta de urgencia criticaba a los obispos- una evangelización contra la pena de muerte, y no tanto contra el aborto -o, al menos, eso he entendido con el texto- y afirmaba que los obispos no estaban entendiendo la moda de aplicar la moral crisitana y sus valores adaptándolos a la sociedad actual.
Considero a Católicoyrojo un hombre comprometido con su ser Iglesia como no los hay hoy en día, y me admira que tenga tan claras sus ideas, pero, aunque el debate sigue abierto en su página, creo que se equivoca en lo fundamental: en que la autoridad de la Iglesia no es como la autoridad de un equipo de fútbol: la lealtad al Papa y por ende a sus representantes, a partir del dogma de la infalibilidad creo que lleva a otro tipo de conclusiones a las que él llega.
Y creo que esto es solamente una discrepancia honrada. No ha sido mi entrada más brillante ni la más preparada, pero tenía que soltarlo…
Los criterios de actuación
20 noviembre 2008 en 7:39 pm | Escrito en Uncategorized | 2 comentariosEtiquetas: Ascética, Ética, Christianism, Compromiso, Cristianismo, Entrega, Fe, filosofía, Fortaleza, Moral, Noticia, Noticias, Pensamiento, Pensamientos, Política, Spiderman, Sueños, USA
“La inteligencia es un don, no un privilegio; y ha de usarse por el bien de la humanidad.” Octopus a Spiderman.
Hay dos maneras de entender el mundo: una egoísta y otra entregada. Y conste que no digo egoísta de modo despectivo: utilizó el termino (como ya dijo el “compañero”) como objetivo: egoístamente viven los que tienen en el centro de su vivir a ellos mismos. De esta manera, el amor es un cosquilleo en el estómago, o una sensación superespecial, la diversión es reírse pero mazo, la alegría es tener mucho dinero, y la felicidad es no tener preocupaciones.
Descuide el lector, porque tengo que decir que he conocido muy pocas personas que se rijan exclusivamente por este criterio: hablamos de seres ideales.
Sin embargo, existe un segundo método, proscrito en los días que corren: es el criterio de la entrega. No me voy a alargar, entre otras cosas porque el tema me viene grande y espero no liarla: el caso es que, según esta manera de ver el mundo, el Amor es Don voluntario de si, La diversión es hacer que los demás se diviertan, la alegría es el estado habitual del alma, y la felicidad es el Olvido de si por Amor (obsérvese como vuelve sobre sí).
En el primer caso, si uno no es muy reflexivo –o, peor, si ahoga sus reflexiones en ruido (literalmente, con música a todas horas, o evitando la soledad a toda costa…) puede llegar a disfrutar la conocida como “felicidad del animal sano”, del cerdo cebado. Es una felicidad bastante superficial, y solo es asequible a unos pocos “afortunados” de los países más desarrollados. La otra está al alcance de cualquier persona, a partir de cualquier momento, y por que sí: sólo es necesario desearlo, y darse cuenta de la realidad que enviste a esta gran maravilla. Es la condición humana, mal que les pese a algunos.
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